28 abril, 2026

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11:03 a.m. horas

Una fuerte carta dirigida a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo encendió las alertas en el sector energético del país. En el documento, representantes del sector gasolinero denuncian que están enfrentando presión, hostigamiento e intimidación por parte de dependencias federales, particularmente Profeco y la Secretaría de Energía, para imponer un esquema de control de precios en el diésel que, aseguran, resulta inviable bajo las condiciones reales de operación en México.

De acuerdo con la publicación, el sector advierte que esta política no está generando orden en el mercado, sino que podría poner en riesgo la viabilidad de miles de estaciones de servicio, especialmente en zonas de provincia, donde los volúmenes de venta son mucho menores y una parte importante del diésel se comercializa a crédito.

El mensaje es contundente: si las estaciones trabajan con márgenes castigados, costos elevados, ventas a crédito y presión oficial, la operación simplemente deja de ser sostenible.

Los gasolineros también señalan que llevan más de un año bajo una política de control de precios que originalmente, afirman, se les planteó como una medida temporal de seis meses en la gasolina, pero que ahora se estaría extendiendo al diésel. Según el documento, esto podría llevar al gremio a quiebras, despidos y posibles afectaciones en el servicio.

La carta sube de tono al denunciar que las instituciones estarían siendo utilizadas como mecanismos de presión y exhibición pública contra el sector, tratándolos como infractores, cuando —según ellos— son quienes garantizan el abasto de combustibles en todo el territorio nacional.

Además, exponen otros problemas que golpean al gremio: exceso de regulaciones, burocracia, condiciones adversas con las dependencias, altas comisiones bancarias por pagos con tarjeta y cobros de monederos electrónicos que, aseguran, reducen todavía más sus márgenes de ganancia.

Uno de los puntos más delicados es la advertencia de que, si no hay un cambio de rumbo, el país podría enfrentar escenarios de disrupción en el servicio, como ha ocurrido en otros sectores productivos cuando operar con pérdidas se vuelve imposible.

El llamado a la presidenta Sheinbaum es directo: abrir un diálogo real, técnico y representativo con el sector gasolinero, no solamente con grandes grupos, sino con quienes viven todos los días la realidad operativa de las estaciones promedio en México.

En pocas palabras: el sector gasolinero advierte que el control de precios, la presión oficial y los altos costos podrían detonar una crisis innecesaria en el abasto de combustibles, con consecuencias para empleos, estaciones de servicio, transporte, comercio y la economía nacional.

México depende todos los días del combustible para mover mercancías, alimentos, transporte público, servicios, turismo y actividad económica. Por eso esta advertencia no es menor: si el problema escala, el impacto podría sentirse en todo el país.

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