Los Sonámbulos: Contra el dogma usurero de la época

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Por Jesús Delgado Guerrero

Los “inversionistas”, esos que colocan o sacan dinero, títulos y derivados financieros, mejor conocidos como “especuladores”, se la van pensar dos veces si pretenden llevar a cabo su conocido ciclo cínico de devastación ante un cambio de gobierno.

Justo contra eso parecen haberse inmunizado las autoridades electas con ese torito legislativo que proyecta la eliminación de una serie de abusos y exacciones de los bancos, hoy en manos mayoritariamente extranjeras y que han hecho del país un reducto especializado en cualquier tipo de trastupijes  financieros legalizados.

Porque la historia de los últimos seis sexenios neoliberales son una oda a la impunidad bancaria, iniciando desde 1991 cuando Carlos Salinas vendió los bancos a “los buenos muchachos” (puras almas buenas y ejemplares al estilo de Carlos Cabal Peniche, Jorge Lankenau e Isidoro Rodríguez “El Divino”, entre otros más), las cuales dieron forma a ese engendro vigente producto del robo y el fraude llamado Fobaproa (hoy IPAB).

Lo que siguió con Ernesto Zedillo Ponce de León fue la cumbre inverecunda del saqueo neoliberal, quien rescató a los bancos y prácticamente los “nacionalizó”, aunque luego los remató a la banca extranjera.

Con justa razón, el vate Bertolt Brecht ha dicho que “El delito de robar un banco no es nada comparado con el hecho de fundarlo”.

Y es que en la era neoliberal los bancos han gozado de una impunidad que no tiene precedentes (de ahí sus ganancias, también sin precedentes, pulverizando sus propias marcas cada año).

De esa manera, durante el 2017 y según reportes oficiales, la banca ganó 137 mil millones, 28 por ciento más que en el 2016, año en que se embolsaron 107 mil 299 millones. Esto, a pesar de la disminución en la colocación de créditos.

“Fue una ganancia récord”, festinaron los medios afines al modelo depredador del neoliberalismo, los mismos que hoy se quejan de que la banca “perdió” (más bien, dejó de ganar 82 mil millones de pesos o algunos pasados de listos se llevaron su dinero a otro lado) debido a una propuesta del partido Morena en el sentido de eliminar muchas abusivas y usureras prácticas de los banqueros.

¿Cómo fue que se llevaron tanto dinero a pesar de que se redujeron los usuarios-víctimas? Bueno, el Banco de México (Banxico) elevó en cinco ocasiones la tasa de interés (de 5.75 a 7.25 por ciento), esto para tratar de contener la inflación, frenar a los codiciosos especuladores y evitar que se fugaran con sus billetes verdes luego de los respectivos incrementos a su tasa de interés por parte de la Reserva del Tesoro de los Estados Unidos (la Fed), todo lo cual, por supuesto, no logró.

Los ingresos por intereses, según la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), aumentaron 22 por ciento. Pero no sólo fue eso: las ganancias se sustentaron también en el cobro de comisiones y tarifas.

Se supone que la competencia iba a eliminar esos y otros abusos pero el caso es que no hay competencia pues el mercado lo dominan, como cartel, el español BBVA Bancomer, el estadounidense Citibanamex, el español Santander, el inglés HSBC, el canadiense Scotiabank, y sólo dos mexicanos: Inbursa (de Slim, faltaba más) y Banorte (del cual fue presidente Guillermo Ortiz Martínez, el mismo que se encargó de vender los bancos a extranjeros tras el Fobaprazo), es decir, son siete de más de 40 que supuestamente operan en el país y la depredación aumentó creando nuevas comisiones o seguros (¡hasta para proteger tu dinero de un robo en el mismo banco!).

Supongamos que, en efecto, el gobierno electo sólo se está protegiendo con el anuncio de modificaciones a la ley para eliminar toda suerte de abusivas comisiones y arbitrarias tarifas, pero sin duda es un sector que requiere algo más que fintas y cabeceos porque es ahí donde se halla el “alma” del dogma que ha precarizado la vida de millones volviéndolos miserables, cancelando oportunidades, generando adefesios tipo Fobaproa, impulsando cracs al por mayor y devastando verdaderos proyectos productivos sin que ninguna autoridad dé muestras de serlo.

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