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3 diciembre, 2020

Información sin censura

Los Sonámbulos: Sobre los campeones del pesimismo reaccionario

Por Jesús Delgado Guerrero

Principio malthusiano (por Robert Malthus) que ni siquiera requiere evidencias para su constatación: la miseria se multiplica en forma geométrica en tanto que la acumulación de la riqueza lo hace en forma aritmética y, mejor, de reversa (concentrada en el muy cuestionado “1 por ciento” de la población, lo que hace más difícil que alcance para todos aunque haya).

Los asaltos a los bienes naturales y a las haciendas públicas, vía agandalle institucional, reducción o no pago de impuestos, especulación, timos y otras estafas de no tan dignas historias, no son aquí una suerte de prólogo de una novela criminal, sino el fundamento sobre el cual descansa el motor que impulsa el estancamiento de la economía (una estúpida contradicción, como muchas otras).

“Hoy estamos más cerca de comprender los fundamentos del universo”, sugería el recientemente fallecido científico Stephen Hawking. Y sin duda así debe ser entre las personas dedicadas a los estudios y observación de fenómenos astrofísicos.

No sucede lo mismo en el campo de la teoría social, política y económica, sobre todo la neoliberal y entre sus adictos donde, por ejemplo, de la disposición positiva, generalmente complaciente y corrupta, se pasa al pesimismo reaccionario,  aterrorizado ante cualquier eventual experimento y por eso opta por no arriesgar. Así de precaria es su actitud “positiva” y su falsa sonrisa frente a la presunta calamidad.

Por lo que se ha visto y leído los últimos días, en reducidos círculos (el 1 por ciento, claro) son presas del terror frente a un eventual triunfo del candidato de la supuesta izquierda en las elecciones presidenciales de nuestro país.

Histéricas, las agencias calificadoras de riesgo  (Standard & Poor´s, Fitch Ratings y otras) instrumentos de amago y cuyo crédito no es mayor al de las casas encuestadoras (sobre todo después de su actuación frente al crac del 2008 con las hipotecas Subprime), un día si y otro también anuncian plagas frente a las cuales, de ser ciertas, no quedara más que elevar instancias, según su pesimismo reaccionario, disfrazado de “análisis técnico”.

Ahora, según una de esas firmas, el fantasma de la “volatilidad” flota en el ambiente, como si la especulación no fuera el deporte favorito desde que el Banco de México, con Agustín Carstens a la cabeza, convirtió al país en un enorme y desquiciado casino, resultando de ahí el incremento de la deuda pública hasta el 50 por ciento del PIB.

Esto, mientras la solidaridad social forzada tiene que salir, de nueva cuenta, al rescate de cascarones empresariales (el caso de Pensionisste y la constructora ICA, cuyos dueños saben que nada les va a pasar por ese estado de Derecho confeccionado al gusto) mediante la gestión de truculentos funcionarios tecnocráticos.

Por no parecer excluyente: sobre esto qué tienen que decir los defensores de la economía abierta que mantiene encriptados los expedientes de rescates bancarios (Fobaproa-IPAB, carreteros, azucareros, ICA´s); qué dicen de esto los paladines del respeto a las libertades y a la propiedad privada, aquellos que se asumen como impulsores de la competencia efectiva y equitativa en todas las esferas?

Tremendos agujeros negros que sólo emiten radiaciones tóxicas,  como sus derivados (parafraseando a Hawking) pero de las cuales las calificadoras de riesgos, analistas, expertos y demás pasan por alto o los toman como simples “fallos del mercado” (eufemismo de corrupción e impunidad).

La coartada es la ley que se confeccionaron para estos casos, eludiendo con cinismo la irresponsabilidad de su libertad para endosarle el costo a los contribuyentes, a esos que mediante salarios de miseria todos los días pagan el 35 por ciento de ISPT, el 16 por ciento de IVA y criminales gasolinazos, tarifazos eléctricos y de gas doméstico, etc, todo en nombre de ”reformas estructurales” que, en los hechos, resultan verdaderas contrarreformas.

Entonces, es preferible no tocar las cosas que están a la vista porque el pesimismo reaccionario, como el optimismo de paga, sólo tiene que ver con la especulación de un futuro que todavía no llega (ni el suyo, de rebosante felicidad), dejando al margen todas las calamidades presentes y pasadas.

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