27 junio, 2026

Reporteros en Movimiento

Información sin censura

Por Jesús Delgado Guerrero

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“Estos huesos ¿tan poco han costado de criar que sólo sirven para jugar a los bolos con ellos?…”.
En el famoso discurso de Hamlet con la calavera de Yorick, Bufón del Rey (acto V-I), se sugiere que Don Gusano podría haber estado “podrido” antes de morir, esto para no desafinar en un mundo desquiciado y putrefacto.
¿Dónde queda Dinamarca y la enorme fosa con sus cadáveres cayendo tras hipócrita cortejo?: ¿Chihuahua? Guerrero? ¿Estado de México? ¿Sinaloa? ¿Michoacán? ¿Veracruz? ¿Jalisco?…
Quiso la inspiración que la poesía “josealfredina” únicamente afirmara que en Guanajuato la vida no vale nada, porque está visto que fuera de ahí vale todavía menos (a lo mucho es un dato antropológico a la Schopenhauer -retorno al estado primigenio tras un breve episodio donde lo único positivo es la destrucción del cuerpo, dice- así como mera estadística oficial con el ya clásico cierre de pesquisas: fue el crimen organizado)
¿Los horrores de la vida son peor que los de la muerte? En efecto, la danza de cadáveres (ejecutados, embolsados, mutilados) ya no supone el dilema hamletiano de si es más noble “sufrir en el ánimo los tiros y flechazos de la insultante Fortuna, o alzarse en armas contra un mar de agitaciones “ y después “morir, dormir nada más…”.
Miles de muertos durante los últimos años (121 mil 163 -2007-2012- y 64 mil 614 a la mitad del gobierno actual) y sólo aisladas protestas de algunos deudos prueban la deshumanización, pero también el lado oscuro del ser humano ante el destino elegido y sus cómplices. Ya ni siquiera merecen un cómputo cotidiano, sólo la exposición gráfica entre los comerciantes de sangre (entre más horrenda, mejor)
Porque en “la zona de la muerte”, esa del crimen que va del narcotráfico al secuestro, asaltos, etc., no hay ninguna disyuntiva “ser o no ser” para los que han optado por pasear por la puerta de salida, presa de cocodrilos más temprano que tarde y hasta de turbas enardecidas.
La muerte emerge como “un feroz alguacil” a la hora de la detención, según la shakesperiana advertencia, como prueban estudios donde las muertes por violencia en nuestro país están entre las diez primeras causas de defunción (en la población de 15 a 44 años es la primera causa, a decir de INEGI, e incluye suicidios, pero resaltan homicidios dolosos)
¿Debe entenderse como fracaso colectivo o mengua del poder público para que, como supuso Hobbes, la vida sea más cruel, bruta y corta? Borrada de la economía y también del gobierno, la clase dirigente edifica su monumento al fracaso, pero hasta ahora nadie ha ofrecido recetas sobre qué hacer cuando unos seres han decidido asesinarse, menos si detrás asoma la autoridad, vía policías y/o funcionarios, protegiendo para que jalen del gatillo, como hacen los modernos “gunman”, escenificando remakes de tiroteos del tipo “OK Corral” de Tombstone, en el Viejo Oeste.

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