* En el país hay un débil arreglo institucional que impide el logro de la paz.
* México gasta 27.7% del PIB o de dos veces el presupuesto para salud y educación, con el propósito de mantener la paz social.
México continúa en una espiral de violencia que tiene su origen en la guerra contra el narcotráfico que inició la administración pasada, situación que ha provocado un aumento de la presencia de integrantes de fuerzas de seguridad desplegadas en el país sin que esto haya registrado un impacto positivo en la disminución del número de crímenes que se comenten.
Estas consideraciones son mencionadas en un documento editado por el Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública (CESOP) de la Cámara de Diputados, titulado “Índice sobre la paz global y en México”, que recupera datos del Instituto para la Economía y la Paz (IEP), el índice de la paz global (IPG), Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), así como de la Oficina de las Naciones Unidas contra las Drogas y el Crimen (UNODC), por sus siglas en inglés), quienes reconocen en términos generales que las tasas de criminalidad en las zonas de conflicto en México se triplicaron desde el comienzo de la llamada guerra contra las drogas.
Gabriel Fernández Espejel, autor del estudio, rescata del informe del IEP que entre las barreras que enfrenta nuestro país para el logro de la paz, está el débil arreglo institucional que diluye la efectividad de la política anticrimen, debilidad que se entiende básicamente por la falta de coordinación entre las instancias federales, estatales y municipales, así como por la divergencia en las capacidades de las personas que integran las instituciones que hacen frente a la violencia en los tres órdenes de gobierno.
En términos de índices de paz global, el investigador cita datos del IPG, señalando que según los resultados de 2008 a 2014, el mundo se convirtió en un lugar menos pacífico para vivir, ya que 111 países han visto deteriorados sus niveles de paz. Los hechos que llevaron a este declive son la actividad terrorista, número de conflictos internos y externos, número de desplazados como porcentaje de la población, por el contrario, las variables que experimentaron mejorías son terror político, número de muertos en conflictos externos y número de homicidios; en resumen, sólo 4 de las 22 variables mejoraron.
En términos económicos el Instituto para la Economía y la Paz (IEP) define 13 formas de violencia hacia las personas y a la propiedad, evaluándolas a partir del costo en que se incurre para contenerla, de esta forma se calcula que el costo de contener y enfrentar la violencia sumó 9.8 billones de dólares en 2013, cifra que representa 11.3% del producto interno bruto (PIB) global y que supone un aumento de 3.8% frente a año anterior (179 mil millones de dólares más, es decir, 0.4% del PIB del planeta). Asimismo, puntualiza que 500 millones de personas en 16 países viven bajo riesgo de que se deteriore la paz en su entorno, de las cuales 200 millones viven con menos de dos dólares diarios.
En relación con el impacto económico en nuestro país, el estudio calcula un costo de 334 mil millones de dólares, cifra equivalente a 27.7% del PIB o de dos veces el presupuesto para salud y educación. Este costo se compone del gasto que erogan los gobiernos para mantener la ley y el orden a través de la policía, el sistema judicial y el penitenciario, no obstante, México tiene buenos indicadores en cuanto al nivel de militarización, ya que el gasto en este rubro es de apenas 0.6% de Producto Interno Bruto (PIB), así como en conflictos externos, pues mantiene buenas relaciones con sus vecinos desde 1930; por el contrario, en conflictos internos es “extremadamente bajo, a raíz de la respuesta militar en la guerra contra las drogas desde 2017.

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