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Y los estudiantes cimbraron a Chalco. Cinco minutos de silencio hicieron el milagro de levantar la voz. De despertar a un pueblo dormido. Silencio tal vez premonitorio, del hecho tal vez más cobarde que el de los mártires del 68. La desaparición forzada de los 43 normalistas. Mas todo fue en paz.
El reloj marcaba las dos de tarde. El sol caía débil. La marcha de unos ochocientos estudiantes de las preparatorias Anexa a la Normal, la 30, de la UNAM y del IPN, de la UAM Xochimilco, entre otras, partió de las calles de Tizapa rumbo al palacio municipal; planeó hacer un rodeo y continuó por la calle de Bodegas hasta Cuauhtémoc poniente, giró a su izquierda, ocupando sólo un carril.
“Chalco conciente. México despierta”, decía la manta que encabezaba la parada, sostenida por alumnos de la preparatoria Anexa a la Normal. Las instrucciones era repetir varias consignas escritas en cartulinas “sin groserías”, y así fue.
La manifestación era protegida por la policía, en vanguardia y retaguardia; había varios policías vestidos de civil, algunos con ropas de reporteros. La gente del tianguis miraba expectante la marcha. A las dos con cincuenta minutos el contingente llegó al palacio municipal entre porras y demandas como “Vivos se los llevaron, vinos los queremos”. Algunos papás acompañaban a sus hijos a distancia. La marcha era de los jóvenes estudiantes.
Todos se sentaron en la explanada del edificio y llegó el momento culminante que sin duda estremeció a un Chalco dormido e indiferente: El representante estudiantil usó el megáfono para informar que se leería cada uno de los nombres de los normalistas secuestrados. Y al término de cada nombre, con la mano derecha pintada de rojo y levantada se escucharía a coro: ¡Preséntenlo!.
Luego, cinco minutos de silencio total en honor, tal vez premonitorio, de la suerte de los 43 normalistas Más de un rostro de esos jóvenes (hombres y mujeres por igual) escondió disimuladamente una lágrima. Todos en silencio. Ni siquiera la llegada de un motociclista particular en esos momentos que profirió algunos insultos a la muchachos, interrumpió el ritual. Tal vez era un provocador.
“Es la primera vez que los estudiantes se unen por una gran causa, por un problema del que no podemos decir a mí no me va a pasar”, dijo un maestro que pasaba por el lugar.
El evento terminó a las tres con cuarenta y cuatro minutos, pero parecía que los muchachos “se habían picado” con su movimiento, de manera que decidieron regresar como llegaron al punto de partida. Así o hicieron, pero en el camino se les unió un grupo de estudiantes que se retrasó por el pesado tránsito. La policía informó: ¡Todo sin novedad!…


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