EMILIANO .M.CARRILLO CARRASCO
El antecedente primigenio del individuo en la cultura occidental se remonta a 1215 cuando Inglaterra plasma en la Magna Carta Liberatum la inviolabilidad del cuerpo de la persona, que se conoce como el habeas corpus, y literalmente significa tendrás tu cuerpo libre. Fue una ardua lucha durante cientos de años para acotar el poder del señor feudal sobre sus súbditos. Pero fue Benjamín Constant quien desarrolló el concepto en su gran tratado titulado Principios de política, publicado en 1806, que surge como reacción al mesianismo político (germen del totalitarismo) auspiciado por la Revolución francesa y que desemboca en la tiranía del terror de Robes Pierre –inspirado en la idea de Pelagio del hombre providencial que puede hacer el Paraíso aquí en la Tierra. Constant combate la idea hegemónica de finales del siglo XVIII que erige a la soberanía popular como entidad cuasi divina. Propone que la soberanía es relativa y limitada: donde empieza la vida individual termina el mandato de la soberanía. A partir de aquella época, la función primordial del régimen político es proteger y dar plenitud al individuo, que se vuelve autónomo y así deja de formar parte de la sociedad: su vida social pasa a ser circunstancial.
De este pensamiento nace el concepto de autonomía industrial del individuo que a la postre se convierte en libertad económica, y que es colocada en el mismo rango que la libertad personal. Así, dice Tzvetan Todorov, historiador de las ideas políticas, es como la economía se separa de la política, de la sociedad. La soberbia es una discapacidad que suele afectar a pobres infelices mortales, que se encuentran de golpe con una miserable cuota de poder, e incapaces cognitivos, ante su mísera visión del entorno social, económico ,político, sin argumento de eficacia y eficiencia .La realidad es que el tejido social se debilita a falta de un marco legal que garantice la justicia en los hechos. Mientras tanto, las políticas públicas, totalmente ineficientes, generan desintegración familiar y violencia; un mal endémicos que se agudiza ante la embestida económica que genera desempleo, delincuencia y muertes. A este panorama, hay que agregar el papel que juegan los grandes medios de comunicación, que han tomado partido e informan dependiendo, precisamente, del partido político que los patrocine; dónde su contrapeso las redes sociales. Y en medio de esa desbordante subjetividad, lo que pulula en los principales canales de televisión, en la radio concesionada y en la gran mayoría de periódicos y revistas, es la banalización de los sucesos. No hay análisis.
La política de acuerdos; México aprende en la marcha del poder y enlaces de una clase política apática y distante ante un hecho real que se vive en acciones mediáticas que lesionan la inteligencia ciudadana; Mientras la violencia roe las entrañas de la sociedad, quienes gobiernan al país sostienen un soliloquio que los separa de la realidad. La demagogia de quienes ostentan el imperio político el sega, los ensordece: se vuelven mitómanos, sin duda. Los personajes de poder como el exsecretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, goza de la protección del ahora gobernante PRI, que resguarda su impunidad a ultranza, seguramente como moneda de cambio una característica de la clase gobernante en México en su burbuja de aire.
Otro absurdo ionesquiano puede ser el exsecretario de Hacienda, Ernesto Cordero-OLIGARQUICA KAKISTOCRATA —, quien aseguró que una familia podía vivir con 6 mil pesos. Y en lugar de que Fecal lo hubiera destituido por inconsciente y por no entender algo tan elemental como secretario de Estado, lo premió con otros cargos públicos, y peor aún: hoy su partido político (PAN) lo hace líder parlamentario en el Senado de la República. Como García Luna o Cordero, muchos políticos a todos los niveles de gobierno, a quienes se les ha comprobado negligencia o corrupción, el sistema los premia y los reposiciona. Entre un sexenio y otro, las fichas de cambio político sostienen la gran falacia de la transición. La realidad es que hay continuidad, sólo cambian los personajes, pero las fórmulas para gobernar son las mismas: corrupción, nepotismo, clientelismo político, deshonestidad y criminalidad.
Ese estado de inconciencia de los gobernantes, les aleja del dolor de un pueblo que es víctima del darwinismo social y la violencia como resultado de la putrefacción política, generando en el seno de la sociedad seres capaces de cometer los más terribles crímenes. Por eso no es exagerado extrapolar a México al escenario del genial dramaturgo rumano, Eugene Ionesco, cuando se piensa en un diálogo inconexo, en donde los que gobiernan pregonan una realidad de otro mundo, que no corresponde a lo que demanda la ciudadanía, que es justicia y bienestar. En seguida; Todorov en Los enemigos íntimos de la democracia. Esta cosmovisión inspira la frase de Constant que se convirtió en regla de oro de la filosofía neoliberal: “Para el pensamiento, para la educación, para la industria, el lema de los gobiernos debe ser: Dejar hacer y dejar pasar”—Adam Smith– . Pero el hombre autónomo, antisocial, es una falacia para la neurociencia. Los estudios del neuro-científico Ramachandran confirman que los hombres no seríamos nada sin nuestra capacidad para imitarnos: no habría lenguaje, cultura ni ciencia. “Es increíble: ¡puede que lo único que separe nuestra conciencia de la del otro sea la piel!”, dice en su obra Lo que el cerebro nos dice. Pues, cabe repensar el concepto de individuo.
La realidad es que la justicia social es una falacia, antes y después del neoliberalismo. México es un país de inmensas desigualdades. Más de 50% de pobres y de ellos varios millones en pobreza extrema y en el otro polo social capitales y millonarios como Carlos Slim y los dueños del poder económico en la ubre de lo público; somos un país con peores niveles de empleo, de salario, de sistemas de seguridad social y salud, de calidad de la educación, de vivienda y de otros niveles de vida que países semejantes como Costa Rica, Uruguay, Argentina, Brasil. Ese ha sido el resultado preciso del Estado de la Revolución mexicana. Desde las izquierdas hace falta construir una expectativa de cambio genuino que libere de la narcotización a los trabajadores, a las clases medias y, sobre todo, a millones de jóvenes Y recuperar la vía autónoma.
REFLEXION SOCIAL AL GOBERNANTE: La forma es fondo, decía el maestro Reyes Heroles, y lo decía no sólo desde su perspectiva de filósofo, sino de hombre de Estado, miembro de un gobierno de color definido. El rol del crítico es señalar que la forma equivocada de gobernar puede no producir acciones, ni metas, ni logros, porque para esto se necesita “Gobierno”… Fácilmente se advierte que el periodista verdadero es aquel que incomoda. Lo cierto es que quienes tendrían que incomodar al gobernante serían los aduladores, que en la adulación sólo escupen vituperios. De ahí que el papel de Análisis a Fondo sea la crítica.Para,Laski dice que los gobiernos sensatos tienen muchísimo más que aprender de la crítica que de la alabanza de sus partidarios. La alabanza permanente, inculta, sin argumentos, mezquina, mediática, sólo conduce al autoengaño, a la soberbia, al vacío. La crítica de buena fe, la critica bien intencionada, puede no haber tomado en cuenta diferentes factores de verdad, pero finalmente refleja que las acciones que toma un gobierno, o la manera como las toma, han dado una imagen de que no son la que se esperarían. Lo que esto refleja es que muchas personas bien intencionadas esperarían del accionar del gobernante algo diferente, algo que fuera más a fondo, para lograr un mejoramiento social. Con Stuart Nill, aunque la crítica pudiera estar errada, siempre reflejará una impresión, una percepción, y con frecuencia una porción de verdad.

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