
14:38 p.m. horas
Mtro. Salvador López Santiago
En tiempos de transformación es indispensable tener presente que “lo malo es malo aunque todos lo hagan, lo bueno es bueno aunque nadie lo haga”. Esta expresión que refleja el pensamiento del filósofo San Agustín puede parecer muy simple e incluso obviarse, pero la realidad advierte que en más de una ocasión es rebasada por una cuestión aritmética obtenida en las urnas, alcanzar una mayoría o construir una gobernabilidad a costa de concesiones que pueden ser absurdas y hasta antinaturales, ideológicamente hablando.
Este tipo de cuestiones resulta muy nocivo porque prácticamente es renunciar a la esencia de la política que es construir acuerdos, que no es igual a proteger cuotas y cuates, mucho menos grupos de interés particular. Por otro lado, así como se decía que el juicio de la historia alcanzaría a quienes gobernaban, por ejemplo, en 2005 con el desafuero de AMLO, los actuales representantes populares no están exentos y en algunos casos, se comienza a minar la legitimidad al ser más evidentes contradicciones entre la narrativa y los hechos.

En la vida pública ni todo está mal ni todo está bien (ahora y antes), por lo que los discursos maniqueos lejos de contribuir a un debate objetivo, claro e informado, en el mejor de los casos refleja falta de comprensión sobre el momento histórico que vivimos en la arena política; y en otros escenarios perversos, actualizan la célebre frase del humorista estadounidense Groucho Marx: “Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros”, refiriéndose a la idea de que las personas pueden cambiar sus principios según el contexto o la situación, mostrando una falta de coherencia y autenticidad, donde el Partido Verde y el Partido del Trabajo, son quienes mejor materializan esta expresión tan contundente.
Sobran casos que lo demuestran, como el hecho “curioso”, por decirlo de manera amable, de ver cómo los líderes del PVEM (que ni es partido ni es verde) y PT (que debería comenzar por proteger a sus trabajadores) suman 87 años legislando como plurinominales; y con un cinismo que ofende la inteligencia cuando se propuso eliminar a los legisladores por este principio, fue la primera vez que salieron a votar en contra del partido oficial. El problema no es su voto en contra, de hecho es de las pocas veces que fueron críticos (aunque no por las razones correctas), así debieron pronunciarse en otros temas en lugar de ser levanta dedos y no atreverse a cambiar ni siquiera una coma o un punto en otras iniciativas que exigían un Congreso a la altura y no una oficialía de partes del Ejecutivo Federal.

Por otro lado, no deja de llamar la atención que la dirigencia nacional del PVEM le ha levantado la mano al ganador y ganadora de la elección presidencial desde el año 2000, es decir, que ha defendido a capa y espada el proyecto del PAN, PRI y MORENA, con su válvula de escape de “el rey ha muerto, viva el rey”, aunque posiblemente en su última etapa ha vendido las caricias más caras que nunca y prueba de ello es que hasta exigen gubernaturas, aunque en su tercer experiencia como satélite del partido en el poder ahora sí han comenzado a capitalizar en territorio y en gran medida es por la puerta giratoria a la impunidad que abrieron para priistas impresentables que después de ser señalados como saqueadores, en la Cuarta Transformación ocupan puestos estratégicos como embajadas, gubernaturas, senadurías, diputaciones, presidencias municipales, regidurías, etc.
Lo que ocurre con el PT no es menos grave, el llamado partido del trabajo después de oponerse a la desaparición de los plurinominales, insisto ese voto en contra no es lo malo, lo cuestionable es la coyuntura en que se dio; bueno después de ello, tuvieron la osadía que da comenzar a posicionar una campaña en la que dicen con una singularidad que emana de una realidad distorsionada, que “ahora el PT es la 4T”, cuando son excepcionales los casos en los que por sí mismos podrían ganar una elección y cuando eso ocurre, diría el clásico “desconocen”, para muestra lo ocurrido recientemente en la elección municipal de Tamiahua, Veracruz donde la diferencia de votos entre el candidato del PT y la candidata de la coalición Sigamos Haciendo Historia en Veracruz (Morena-PVEM) fue de del 0.2% y en consecuencia, hubo recuento total de votos, burdamente el PT salió a decir que no permitirían que se sigan haciendo fraudes y elecciones de estado, sin dimensionar lo que declaraciones así implican y aunque la dirigencia nacional lo intentó matizar, eso los pinta de cuerpo completo.


Sin embargo, en un ejercicio de autocrítica y reflexión, también hay responsabilidad en quien les abrió esa puerta giratoria, especialmente a ex priistas que han encontrado en el PVEM la fórmula mágica para purificarse después de ser impresentables. La lista es inmensa, comenzando por Manuel Bartlett (el de la caída del sistema en 1988), a quien se le suman ex priistas y panistas como Alejandro Murat, Eruviel Ávila, Alejandra del Moral, Javier Corral, Miguel Ángel Yunes, etc. Pero también están personajes que el partido oficial ha posicionado, como el exgobernador de Morelos y el actor que en días recientes solicitó licencia para entrar a un reality show, por mencionar algunos casos mediáticos. Ese esquema se reproduce en el ámbito estatal y municipal, por ejemplo, en mi municipio, La Paz, tenemos a un desfile muy numeroso de ex priistas y personas que han militado en prácticamente todos los partidos (siempre en la oscuridad) que “mágicamente” cambiaron su ideología (es válido el cambio, pero cuando es evidente el interés, es muy nocivo), al ex Antorchista Fernando González y Alan Castellanos, hazme el favor, quienes seguramente levantarán la mano por las diputaciones y hasta la presidencia municipal abanderando a la coalición encabezada por MORENA. Para concluir, hay que decirlo con todas sus letras, no necesitamos personajes de los que hablaba Groucho Marx, de esos que dicen: “Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros”, esos son y siempre deben ser impresentables.

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