6 abril, 2026

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POR:ISIDORO MERINO/el país

El alcalde de Bugarach, Jean-Pierre Delord, posa con una postal en la que aparece un ovni sobrevolando su pueblo. / Patrick Aventurier/Getty Images

Dos noticias: una buena y una mala.

La mala: pasado mañana (21 de diciembre) se acaba el mundo, no compres más lotería.
La buena: el único sitio donde te podrás librar (si es que te quieres librar y vives en España o Francia) no queda muy lejos; está en los Pirineos.

El lugar en cuestión se llama Bugarach, un pequeño pueblo en las estribaciones de los Pirineos, entre Toulouse y Perpiñan. Los seguidores de las profecías  apocalípticas vinculadas al calendario maya están convencidos de que el pico de Bugarach, la cumbre de 1.231 metros que da nombre a esta diminuta aldea donde hay censadas 188 personas, escapará al cataclismo que, según los apocalípticos, acontecerá pasado mañana. A las cinco en punto (esto lo digo yo).

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El pico de Bugarach, un imán para apocalípticos y newagers. / Guillaume Horcajuelo / EFE

Nadie sabe exactamente dónde surgió el rumor, que corrió por Internet como la pólvora (si se escribe “Bugarach” en Google, el buscador devuelve 2.200.000 resultados), pero el interés que ha despertado entre iluminados, newagers, neohippies y chiflados en general ha trastornado la vida del pueblo, que hasta ha salido en la CNN,  en la televisión japonesa y en periódicos como The Guardian. Nada más llegar a BugarachAngelique Chrisafis, reportera de The Guardian, se encontró con un grupo de 20 zombis que bajaban de la montaña: buen comienzo para un reportaje. Resultaron ser estudiantes que rodaban una película casera de terror. Han robado tres veces las señales de tráfico con el nombre del pueblo, y hasta se llevan las piedras de la montaña para venderlas por Internet como joyastalismanes al módico precio de ¡¡¡2.500 euros el kilo!!!

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Los primeros ésotériques empezaron a llegar a Bugarach hacia el año 2000, otra fecha que apuntaba maneras apocalípticas. Desde hace un par de años, el número de ufólogos y paranormales ha ido en aumento: en 2010, más de 10.000 personas subieron hasta la cumbre del monte, una cifra que se duplicó en 2011. En esta zona del Languedoc se instalaron a mediados del siglo X los cátaros o albigenses, herejes gnósticos que buscaban alcanzar la salvación a través de una vida de pureza y ascetismo –-se llamaban a sí mismos “los hombres buenos”–  hasta que la cruzada albigense acabó con ellos. Pasaron a la clandestinidad, muchos fueron quemados vivos y a finales del siglo XIII habían desaparecido dejando tras de sí pueblos fortificados como Carcassone. Hay quien sostiene que las cuevas que horadan Bugarach, una montaña del revés donde los estratos más jóvenes están debajo y los más antiguos arriba, son obra de los cátaros. Otros están convencidos de que en las tripas del monte se esconde una base de ovnis, y los más alunados incluso sostienen que en su interior se esconden puertas a otros mundos. Por si esto fuese poco, en  Alet-les-Bains, a unos 20 kilómetros de allí, vivió algún tiempo Nostradamus, el de las profecías.

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La carretera de acceso a Bugarach, el Pueblo del Fin del Mundo. / Patrick Aventurier/Getty Images

Mientras los propietarios de hoteles y casas rurales han hecho su agosto, las autoridades locales están preocupadas. El alcalde de Bugarach, un granjero llamado Jean-Pierre Delord, no quiere que el pueblo se le llene de “lunáticos y fanáticos del Apocalipsis”, y ha prohibido el acceso a la montaña mágica hasta el sábado, si es que el mundo no se va antes al garete. Hasta el Gobierno francés ha tomado cartas en el asunto: un informe de Miviludes (Mission interministérielle de vigilance et de lutte contre les dérives sectaires), organismo creado en 2002 para controlar la actividad de las sectas, advertia del riesgo de que algún grupo mesiánico hiciese trastadas. Sobre todo, se teme que alguna de las sectas que campan por allí estos días planee un suicidio colectivo, como ocurrió en 1995 con 69 seguidores de la Orden del Templo del Sol en Suiza y Canadá, o en 1997 en el  Rancho Santa Fe (California, EE UU), cuando 39 integrantes de la secta Heaven’s Gate (La Puerta del Cielo) se inmolaron al paso del cometa Hale-Bopp.

 
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Imagen del cometa Hale-Bopp en 1997, cuando pasó muy cerca de la Tierra. / Wikimedia

El próximo post, el viernes. Si antes no se acaba el mundo.
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