* El amor que derriba muros.
Por: Lina González /Reporteros en Movimiento. Com.
11:50 hrs.
Texcoco, Estado de México. 20 de julio de 2026. – Dicen que el amor no conoce de rejas, y hoy, el Centro Penitenciario y de Reinserción Social de Texcoco fue el escenario perfecto para demostrarlo.
Detrás de los altos muros de concreto, donde el tiempo suele transcurrir con una calma monótona, la mañana de este lunes se tiñó de una calidez diferente.

No hubo espacio para la nostalgia del encierro; hoy la atmósfera se llenó de risas infantiles, miradas cómplices y la promesa de un nuevo comienzo.
Bajo el cobijo del programa de Regularización del Estado Civil, impulsado por la Secretaría de Seguridad estatal, nueve parejas decidieron entrelazar sus destinos con un “sí, acepto” que resonó con más fuerza que cualquier cerrojo.
Al mismo tiempo, cuatro pequeños brazos encontraron el refugio de la certeza legal, al ser reconocidos oficialmente por sus padres.
Promesas que trascienden el encierro
El patio del penal cambió su rostro habitual.

Hubo mesas compartidas, el aroma a comida casera que evoca los domingos en familia y la música en vivo de un mariachi que hizo vibrar los corazones de los asistentes.
Entre los acordes y los aplausos, las lágrimas no fueron de tristeza, sino de ese alivio profundo que da el saberse amado a pesar de la distancia y las circunstancias.
Para Rodrigo y Lorena, este día marcó el punto cumbre de una historia que ha resistido cinco años de pruebas. Con su pequeña hija como testigo de honor, Rodrigo miraba a su ahora esposa con una devoción que borraba cualquier rastro del entorno.
“Para mí es una decisión muy importante, porque la amo, porque ella está conmigo en cualquier situación, en cualquier circunstancia”, compartía Rodrigo con la voz entrecortada por la emoción, mientras Lorena le sostenía la mano con fuerza, demostrando que su unión es un refugio inquebrantable.
La familia como el verdadero motor
Las autoridades del centro penitenciario, representadas por su director Mario Alberto Santamaría Méndez, recordaron a los presentes que la verdadera reinserción social no se logra solo con reglamentos, sino sembrando esperanza en el núcleo familiar.
Estos lazos legales y afectivos se convierten en el faro que guía a quienes están recluidos hacia un mañana mejor.
La jornada concluyó entre abrazos prolongados, esos que buscan guardar el calor del ser querido para los días venideros, y el ritmo de un grupo versátil que puso a bailar a grandes y chicos.
Hoy, en Texcoco, quedó claro que la libertad física puede estar restringida, pero la capacidad de amar, de proteger a los hijos y de reconstruir el hogar desde adentro, permanece intacta.
Al final del día, las familias se despidieron no con un adiós, sino con la certeza de que ahora están más unidas que nunca, unidas por la ley, pero, sobre todo, por el corazón.

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