
Por: Alessandra Lázaro/Reporteros en Movimiento.com.
12:00 Hrs.
ALEJANDRÍA, EGIPTO. 23 de junio de 2026.- El mar Mediterráneo ha devuelto parte de uno de sus secretos más grandes y antiguos. En un despliegue de ingeniería moderna y arqueología de vanguardia, un equipo internacional de científicos logró extraer 22 bloques colosales de piedra que pertenecieron al mítico Faro de Alejandría, una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo.
Las piezas, algunas con un peso descomunal de entre 70 y 80 toneladas, formaban parte de la entrada monumental de la torre. Tras permanecer sumergidas y olvidadas durante más de 1,600 años debido a los devastadores terremotos que azotaron la región entre los siglos X y XIV, las piedras finalmente han visto la luz del sol.
Tecnología del siglo XXI para resucitar el siglo III a.C.
Este rescate no es solo un triunfo físico, sino el inicio de una ambiciosa resurrección virtual. El hallazgo se enmarca dentro de la iniciativa internacional PHAROS, un proyecto de alta tecnología liderado por la arqueóloga Isabelle Hairy, del Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS) de Francia, en un esfuerzo conjunto con el Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto y la Fundación Dassault Systèmes.
El plan inmediato tras la extracción es fascinante:
Escaneo por fotogrametría: Cada uno de los 22 bloques monumentales será analizado milímetro a milímetro.
Gemelo digital: Los datos recopilados se utilizarán para diseñar la reconstrucción virtual más precisa y fiel jamás realizada de la estructura.
“No solo estamos sacando piedras del agua; estamos recuperando los planos de una de las mayores hazañas de la ingeniería humana”, explicaron fuentes del proyecto.
El gigante que guio al mundo
Diseñado por el arquitecto Sóstrato de Cnido en el siglo III a.C. —bajo el reinado de Ptolomeo II Filadelfo—, el Faro de Alejandría superaba los 100 metros de altura. Durante siglos, su fuego y sus espejos sirvieron de guía para las embarcaciones que convertían a Alejandría en el epicentro comercial del mundo conocido.
Tras su colapso final en la Edad Media, sus restos corrieron dos suertes distintas: una parte se utilizó para edificar la actual Ciudadela de Qaitbay (la fortaleza que hoy custodia el puerto), mientras que los bloques más masivos terminaron en el lecho marino.
Hoy, gracias a este hito arqueológico, el faro promete volver a iluminar, esta vez a través de las pantallas y la historia, el legado cultural de la humanidad.

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