8 mayo, 2026

Reporteros en Movimiento

Información sin censura

12:02 p.m. horas

Por: Alejandro César Vázquez

En sismos, huracanes y tornados, la radiodifusión se convierte en el único canal de información que resiste el colapso de redes. Comunicadores arriesgan su seguridad para mantenerla al aire.

Cuando un sismo de 7.1 magnitud sacudió la Ciudad de México en septiembre de 2017, las redes de telefonía colapsaron en minutos. WhatsApp se saturó, los noticieros de televisión no llegaban a colonias sin luz y el internet se volvió inútil. Sin embargo, en decenas de barrios, una voz siguió transmitiendo: la radio AM y FM.

El mismo patrón se repitió con el huracán Otis en Acapulco en 2023, con Patricia en 2015 y con los tornados que cada año azotan el norte del país. En cada desastre natural, cuando todo lo demás falla, la radio no.

Prioridad: información que salva vidas

En emergencias, la prioridad no es la noticia de última hora, sino la información útil que permite sobrevivir. Ubicación de albergues, puntos de acopio, hospitales que siguen operando, rutas despejadas y mensajes de “estoy vivo” a familiares.

A diferencia de redes sociales y televisión, la radio no depende de infraestructura compleja. Una estación con planta de emergencia puede salir al aire con un transmisor, una consola y un micrófono. No requiere torres de celular que se derriban ni servidores en la nube que se saturan ante el tráfico.

Por esa razón, el Sistema Nacional de Protección Civil y el Sistema de Alerta Temprana mantienen a la radiodifusión como el primer canal oficial de difusión durante contingencias.

El factor humano: comunicadores en primera línea

Detrás de la señal hay personas que sostienen la operación en condiciones extremas. Locutores que permanecen 48 horas sin dormir, reporteros que transmiten desde camionetas con el río crecido, operadores que suben a antenas con vientos de más de 120 km/h para evitar que la señal caiga.

En Oaxaca, tras el sismo de 2017, estaciones comunitarias en zapoteco y mixteco fueron las únicas que pudieron difundir avisos en lenguas indígenas. Sin esa labor, miles de habitantes no habrían conocido la ubicación de albergues ni las zonas de riesgo.

“Cuando todo se apaga, los comunicadores mantienen la luz encendida con palabras”, explica un operador de radio comunitaria en la Costa de Chiapas. “No somos influencers. Somos el enlace entre Protección Civil y la gente que no tiene otra forma de enterarse”.

Por qué importa destacar su labor

En tiempos de desastre, la información es tan vital como el agua y los víveres. La radio es el medio más resiliente para entregarla porque combina alcance masivo, bajo costo de acceso y capacidad de operar sin infraestructura digital.

Destacar el trabajo de los comunicadores no es un reconocimiento simbólico. Es reconocer que son eslabones de la cadena de supervivencia. Su labor permite que las autoridades coordinen rescates, que las familias se localicen y que las comunidades tomen decisiones informadas en las primeras horas críticas.

Cuando los sistemas digitales colapsan, la voz humana transmitida por radio sigue siendo el sistema de alerta más confiable. Por eso, en cada desastre, la radio no muere. Y quienes la mantienen al aire tampoco deberían pasar desapercibidos.

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