29 abril, 2026

Reporteros en Movimiento

Información sin censura

*Mtro. Salvador López Santiago

El 19 de septiembre es un recordatorio permanente de la fragilidad que puede tener la vida, pero al mismo tiempo, es testimonio de la grandeza y fortaleza que puede tener el pueblo mexicano cuando está unido. En términos coloquiales, lo acontecido en 1985 y en 2017, son reflejo de la esencia de las y los mexicanos, la cual se podría resumir en el siguiente mantra: un mexicano no abandona a otro mexicano.

Evidentemente no me tocó vivir el primer terremoto, pero en el segundo, me siguen impresionando dos cuestiones. La primera es como hay “gente” que ni siquiera en la tragedia es capaz de solidarizarse y no conforme con ello, lejos de ayudar, buscan el beneficio en medio del dolor, por un mencionar un par de casos, tenemos la rapiña que se dio y los casos en redes sociales donde pedían dinero para un supuesto familiar que estaba mal, en verdad deleznable, miserable e inconcebible, ahí aplica el dicho popular de si no ayudas, al menos no estorbes.

Pero la segunda cuestión es mucho más importante, porque también en medio de la tragedia se manifestaron con fuerza las más altas virtudes del ser humano. Incluso, en 1985 es cuando surgieron las organizaciones de la sociedad civil que ante la falta de reacción del gobierno, fueron quienes acudieron al rescate en los edificios e inmuebles que colapsaron; y en el 2017, también estuvieron presentes con la participación del gran pueblo de México.

Para dimensionar la magnitud de los terremotos, cabe mencionar que según cifras e información oficiales, el 19 de septiembre de 1985 México literalmente despertó sacudido porque el sismo de 8.1 en la escala de Richter ocurrió a las 07:19 de a.m. La Comisión Económica para América Latina (CEPAL) contabilizó 26 mil decesos y se las organizaciones de damnificados calcularon en 35 mil los muertos. En el plano institucional, surgió la necesidad de crear un Sistema Nacional de Protección Civil para prevención y seguridad de los ciudadanos, así como aminorar los daños por desastres naturales; de manera adicional al sistema de alerta sísmica, se establecieron programas para crear la cultura de la prevención en escuelas y centros de trabajo y ensayar, mediante simulacros, las acciones en caso de sismo.

En 2017, en una de esas coincidencias desafortunadas del tirano llamado cronos, al conmemorar el 32 aniversario del sismo de 1985, a las 13 horas con 14 minutos, ocurrió un terremoto de 7.1 grados de magnitud, cuyo epicentro estuvo a 12 kilómetros de Axochiapan, Morelos, en los límites entre Morelos y Puebla. En esta ocasión, la Ciudad de México reportó 228 decesos, Morelos 74, Puebla 45, el Estado de México 15, Guerrero 6 y Oaxaca 1. El costo de las afectaciones fue estimado en 62 mil 99 millones de pesos; y más de 1,800 inmuebles históricos resultaron dañados, entre ellos templos y edificios del siglo XVI al XIX.

A 40 años de distancia del terremoto de 1985 y a 8 del acontecido en 2017, releyendo y recordando miles de historias registradas en ambas fechas, me parece que la gran enseñanza es que debemos aprender a cuidar y valorar a quienes queremos y nos quieren.

_____________________
*Orgullosamente mexiquense.
Licenciado en Derecho, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Maestro en Ciencia Política, Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).
Maestro en Derecho Electoral, Escuela Judicial Electoral (EJE) del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF). ‎

Descubre más desde Reporteros en Movimiento

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo