
10:56 a.m. horas
Mtro. Salvador López Santiago
No hay nada más motivacional que un trabajo en donde las instrucciones y objetivos son claros; el esfuerzo y la lealtad son reconocidos; y ese reconocimiento se refleja en el trato cotidiano y por qué no decirlo: en la nómina. A contrario sensu, cuando el clima laboral no es el propicio, entre otras cuestiones, provoca ausentismo y conductas nocivas que en su conjunto —paulatina o precipitadamente—, irremediablemente va a desencadenar en desgaste, descontento y fricciones.
En este sentido, todas las personas que tienen poder de mando —en el ámbito que sea—, deberían tener muy presente que un clima laboral adecuado se traduce en productividad, buen estado de ánimo, cohesión e incluso, identidad hacia un proyecto o equipo, toda vez que ello propicia patrones óptimos por parte de los empleados e integrantes de una empresa o dependencia.
A la distancia o en la oficina, es fundamental garantizar un adecuado clima laboral (o clima organizacional), entendido como un filtro o un fenómeno entre los factores del sistema organizacional (estructura, liderazgo, toma de decisiones), y las tendencias motivacionales que se traducen en un comportamiento que tiene consecuencias sobre la organización en cuanto a productividad, satisfacción, rotación y ausentismo. De esta manera, será más factible conseguir un ambiente de trabajo propicio en las relaciones interpersonales entre dirigentes y empleados, en virtud de que dicha sinergia está íntimamente relacionada a la moral y a la satisfacción de las necesidades humanas de sus integrantes.

Uno de los efectos de un clima laboral inadecuado —“tóxicos” en la jerga millennial—, es el denominado síndrome de Bornout (quemado, fundido), consistente en un tipo de estrés laboral, un estado de agotamiento físico, emocional o mental que impacta negativamente en la autoestima, y está caracterizado por un proceso paulatino, por el cual las personas pierden interés en sus tareas, el sentido de responsabilidad y hasta pueden llegar a profundas depresiones. Las causas más comunes son: la falta de control; expectativas laborales poco claras; dinámica de trabajo disfuncional; las diferencias en los valores; mal ajuste de empleo; los extremos de la actividad (monótono o caótico); la falta de apoyo social; y desequilibrio entre la vida laboral, familiar y social. Entre sus principales consecuencias se encuentran: estrés excesivo; fatiga e insomnio; desbordamiento negativo en las relaciones personales o vida en el hogar; depresión y ansiedad; abuso de alcohol y sustancias; y deterioro cardiovascular, sobrepeso y obesidad.
La relevancia de un clima organizacional adecuado es evidente y queda claro que no solo repercute en lo estrictamente laboral, sino que también tiene resonancia en otras esferas y hasta en el estado de salud de las personas. Después de todo, al menos antes de la pandemia, pasamos gran parte de nuestro día en los espacios de trabajo (además, con ayuda de las tecnologías de la información, en casa también estamos pendientes de lo que se ocupe en el día a día) y por eso vale la pena hacer lo que nos corresponda —y si podemos, más—, para que el equipo o proyecto del cual formamos parte cumpla sus metas y en dicho proceso (en medida de lo posible), se construyan grupos unidos que avanzan teniendo como estandarte los mismos principios e ideales. Como casi todo en la vida, no hay fórmulas mágicas, pero sí irreductibles que abonan a tener mayores oportunidades de éxito.

Te puede interesar
OPINION: PROGRAMA: PLANTACIÓN DE ÁRBOLES (FRUTALES)
Crece presión sobre funcionarios de Movilidad en la Zona III del Edoméx
OPINIÓN. CENTROS DE EDUCACIÓN, CULTURA Y SEGURIDAD VIAL