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8 agosto, 2022

Reporteros en Movimiento

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Mujeres violentadas y desaparecidas en el Campo Militar No. 1 hacen imposible un homenaje a la milicia

FotoCimac. César Martínez.

Por. Diana Hernández.
15:55 hrs.
Ciudad de México. Cimac. 29 junio, 2022.- El pasado 22 de junio, familiares de víctimas de la llamada Guerra Sucia –iniciada a principios de los setenta en México– se presentaron en la ceremonia de apertura del Campo Militar Número 1. En este lugar, donde mujeres y hombres fueron torturados, asesinados y desaparecidos, el titular de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) anunció un homenaje para los “militares caídos” durante ese periodo de la historia mexicana.

Desde que el titular de la Sedena, Luis Cresencio Sandoval González, hizo pública la intención del homenaje, diversas organizaciones y activistas se han pronunciado en contra de rendir un tributo a quienes participaron en la tortura y desaparición de miles de personas.

Una de estas organizaciones es el Comité 68 Pro Libertades Democráticas. En un pronunciamiento emitido el mismo día, el comité criticó la postura tanto de Cresencio Sandoval como del presidente Andrés Manuel López Obrador, quienes –de acuerdo con el comunicado– justificaron la represión militar con el argumento de que los actos cometidos tenían el objetivo de velar por la seguridad nacional.

Por otro lado el comité también denunció la decisión de plasmar los nombres de los soldados caídos durante la Guerra Sucia en el monumento a los caídos de las fuerzas armadas. La organización declaró que esto solo alimenta la “teoría de los dos demonios”, según la cual hay confrontaciones entre dos fuerzas de igual magnitud.

De acuerdo con el comité, la realidad es que hubo represión militar contra diferentes movimientos civiles, tales como el del movimiento estudiantil de 1968. En él participaron mujeres como Lucía Castillo Luna, quien estuvo detenida en una casa de seguridad donde la torturaron psicológicamente, amenazándola con matarla o desaparecerla.

Aunque ella sobrevivió, hubo mujeres –madres, abuelas, hermanas– que hoy no pueden compartir su testimonio.

Exigen trabajo claro de las autoridades
Una de las mujeres que se han pronunciado sobre la reapertura del Campo Militar Número 1 es Alicia de los Ríos, hija de la activista y estudiante Alicia de los Ríos, hija de la activista y estudiante Alicia de los Ríos Merino. Su madre fue llevada al campo en enero de 1978; de ahí la trasladaron a la Base Naval Número 7 en Acapulco, y desde entonces nadie sabe nada de su paradero.

“No hay democracia con personas desaparecidas, decían nuestras abuelas”, declaró de los Ríos en la ceremonia de reapertura del campo militar. Es por eso que espera que la recién formada Comisión para el Acceso a la Verdad, el Esclarecimiento Histórico y el Impulso a la Justicia realmente ayude a las y los familiares de las víctimas de la Guerra Sucia a alcanzar la justicia.
Sin embargo, la historiadora y buscadora agregó que en este trabajo debe haber colaboración de todas las autoridades correspondientes. En este sentido, criticó la ausencia de la Fiscalía General de la República durante la ceremonia del 22 de junio y exigió que la institución también se sume a la labor del esclarecimiento de los hechos.

De igual forma, la poeta zapoteca Irma Pineda –hija del líder campesino juchiteco Víctor Pineda– y la activista Tita Radilla Martínez –hija del también líder social Rosendo Radilla– estuvieron presentes durante la ceremonia en el campo militar.

Este evento marca también la reapertura de los registros sobre los actos de violencia cometidos por miembros del ejército. Pero más allá del simbolismo y las ceremonias públicas, las mujeres nombradas aquí (y la larga lista que permanece fuera de estas líneas) desean verdad y justicia, por lo cual siguen luchando para obtenerlas.

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