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12 junio, 2021

Reporteros en Movimiento

Información sin Censura

Opinión: Crisis de credibilidad en el periodismo; mentiras y ataques al presidente y a la Cuarta Transformación



Miércoles 9 de junio de 2021.
Por. Juan Carlos Rojas.

ENTRE TANTAS OTRAS SIMULACIONES, EN MÉXICO TAMBIÉN SE SIMULABA QUE EXISTÍA LIBERTAD DE PRENSA. QUIEN SE ATREVÍA A CRITICAR AL PODER, A LOS gobernantes en turno, todos emanados del PRI a lo largo de muchas, interminables décadas de una dictadura sangrienta, muy mal disfrazada, quien se atrevía a publicar críticas al gobierno terminaba mal, en la cárcel, el destierro o en el entierro. Desde luego había muchos sobornos, así fue como surgió el legendario “embute” o “chayo”, dádivas que los reporteros recibían en las oficinas de prensa y relaciones públicas de las dependencias oficiales.

“Embute”, por cierto, viene de la palabra nembutal, droga utilizada hace años como anestesia, es decir, servía para que los reporteros “olvidaran” su deber profesional de publicar la verdad de los hechos. Los medios de comunicación pertenecían en ese tiempo como ahora mismo, a grandes empresarios que utilizaban, también como lo hacen ahora, sus periódicos o estaciones de radio o de televisión, para hacer jugosísimos negocios. Pero no existía una verdadera libertad de prensa, ni mucho menos libertad de expresión.
TODAVÍA EN EL GOBIERNO DE ENRIQUE PEÑA NIETO SE LES COMPARTIERON MILLONARIOS NEGOCIOS A LOS EMPRESARIOS DE LA COMUNICACIÓN, COMO FUE EL CASO tan conocido de los reclusorios, concesionados por treinta años y por los que el gobierno tenía que pagar hasta 3 mil 500 pesos diarios, para la manutención de cada persona privada de su libertad, como si se tratara de hoteles de gran turismo. Aunque el presidente López Obrador ya no lo hace, aun así, en nuestro país todavía prevalece entre los reporteros la costumbre de celebrar el “Día de la Libertad de Prensa” cada 7 de junio, tal como se realizaba tradicionalmente desde el año de 1951 en que los grandes empresarios, editores de los principales diarios impresos del país, junto con el entonces presidente Miguel Alemán Valdés, con una gran comilona en la que se intercambiaban elogios y se festinaba escandalosamente una libertad inexistente, que estaba secuestrada por la corrupción y el maridaje entre la prensa y el poder político, mientras la población permanecía desinformada, engañada por toneladas de información falsa, sesgada.
HA SIDO SOLAMENTE EN FECHAS RECIENTES QUE VIVIMOS UNA AUTÉNTICA LIBERTAD DE PRENSA Y DE EXPRESIÓN. SI LO VEMOS BIEN HA SIDO A PARTIR DE QUE LLEGÓ a la Presidencia de la República, en medio de un gran movimiento social y pacífico, el tabasqueño Andrés Manuel López Obrador. Pero los puntos de contacto, frutos envenenados del árbol de la corrupción entre el gobierno federal y los empresarios de la comunicación, se han roto. Los reporteros perdieron esa mediana prosperidad que a cambio de olvidar sus obligaciones profesionales, les brindaban los contratos de publicidad con todas las secretarías de Estado y organismos públicos para sus empresas, pero que les dejaban algún pequeño porcentaje de comisión; las “aviadurías”, inclusión en las nóminas de empleados públicos para solamente presentarse a cobrar las quincenas; se acabaron las giras nacionales o internacionales en avión y lujosos hoteles, los abultados “sobres” conteniendo los “chayos” o fajos de billetes con los que se compraba su complicidad y la de sus empresas “informativas”. Todo eso se acabó y por eso están molestos.
POR ESO SE ENTIENDE LA VIRULENCIA CON LA QUE ESA PRENSA MIENTE SIN SONROJO, ATACANDO COTIDIANAMENTE, CON CINISMO Y ARTERAMENTE AL PRESIDENTE López Obrador, porque se les acabaron los negocios, la evasión de impuestos, porque siguen manteniendo sus ligas y compromisos con la derecha empresarial de Claudio X. González y el PRIANRD, porque quieren recuperar el gobierno y no han podido. Por eso tratan de desgastar a López Obrador, tratan de continuar engañando a la población con la idea de que el presidente es un inepto, que no sabe gobernar, que ha manejado mal la pandemia, que no habría vacunas, que quiere reelegirse y establecer una dictadura. La realidad los desmiente todos los días con el anuncio de nuevas obras públicas de alto impacto, con opiniones de organismos financieros que indican la rápida recuperación de la economía nacional. Y todo eso sin endeudar al país, solamente aplicando los recursos en el rescate de los pobres de México y no, como se hacía antes, que se “rescataba” a los ricos, como en el caso del Fobaproa, que nos obligó a todos los mexicanos a pagar los fraudes de los banqueros, deuda que nos impuso el priista Ernesto Zedillo con la complicidad de los panistas y que todavía no sabemos cuándo terminaremos de pagar.
ESTE AÑO 2021 FUERON MUY ESCASOS LOS FESTEJOS POR EL DÍA DE LA LIBERTAD DE PRENSA, NINGÚN GOBIERNO PAGÓ LAS GRANDES COMILONAS COMO SE HACÍA ANTES. Aun con eso, en los pequeños eventos hubo pronunciamientos con la coincidencia plena de que, por ahora y en atención a los últimos acontecimientos, no hay nada o muy poco que celebrar. Esto debido a la gran cantidad de agresiones que han sufrido los reporteros. Diversos organismos como la Federación Internacional de Periodistas (FIP), la Federación de Periodistas de América Latina y el Caribe (FEPALC), Reporteros sin Fronteras o Artículo 19 y el Sindicato Nacional de Redactores de la Prensa (SNRP), nos ubican en el nada honroso segundo lugar a nivel mundial en crímenes cometidos contra periodistas, por encima de países que confrontan conflictos armados internos o de agresiones imperialistas como Irak, Somalia, Yemen o Siria. A los 47 periodistas asesinados durante el gobierno de Enrique Peña Nieto, tenemos que sumar los 17 compañeros caídos en los últimos dos años.
LA SITUACIÓN SE AGRAVA CUANDO SUMAMOS LOS ATENTADOS, SECUESTROS, AMENAZAS Y TODA SUERTE DE AGRESIONES QUE SON ENDEREZADAS EN CONTRA DE LOS periodistas para exigirles silencio o imponerles una línea editorial amordazada o con cierta tendencia. En nuestro país es la guerra de los cárteles de la droga y la simbiosis que han establecido con diversas autoridades corruptas de los gobiernos panistas o priistas, la que ha arrastrado en su vorágine al gremio periodístico. Los periodistas siguen padeciendo la voracidad de los empresarios de los medios, tanto impresos como electrónicos o digitales: salarios precarios (donde los hay), jornadas de trabajo agotadoras, falta de prestaciones, seguridad en el empleo, falta de respeto a la dignidad y principios éticos de los periodistas, acoso laboral, sexismo, misoginia y toda una pléyade execrable y hasta delictuosa. Miles de periodistas que laboran en medios regionales muy modestos, ni siquiera cuentan con un salario.
LOS REPORTEROS SALEN A CUMPLIR SUS ÓRDENES DE TRABAJO, QUE EN LA GENERALIDAD VAN ENCAMINADAS A LA CONSECUCIÓN DE CONVENIOS PUBLICITARIOS para beneficio de las empresas, por la buena, ofreciendo notas favorables, aunque no haya motivos reales o presionando a los gobiernos, dependencias, funcionarios o dirigentes políticos. Eso es lo que ha llevado a la prensa a los más bajos niveles de credibilidad y a soportar el oprobioso anatema de “prensa vendida”. El gobierno ha suprimido las enormes partidas presupuestales que eran destinadas a esa suerte de soborno disfrazada de convenios publicitarios o a los famosos “chayos” dirigidos a los reporteros, lo que ya era un escándalo. También se han terminado las canonjías de que disfrutaban los grandes empresarios de la comunicación. Por eso la virulencia con que han respondido, utilizando como ariete a los reporteros. Las páginas de ciertos diarios mexicanos, se han vuelto un resumidero de noticias falsas en contra del gobierno. Toda actuación es motivo de crítica, pero nunca como ahora, hemos visto la posibilidad de ejercerla sin temer a las represalias. No obstante, el presidente ha hecho uso de su derecho de réplica para precisar hechos, aclarar noticias falsas, para poner en contexto las cosas o incluso para defenderse.
Y ESO ES JUSTAMENTE LO QUE LES HA MOLESTADO A MUCHOS QUE QUISIERAN PODER GOLPEAR SIN RÉPLICA, PODER DIFAMAR SIN SER EXHIBIDOS, TAL Y COMO LO HACEN los voceros del viejo régimen, aquellos que fueron sus cómplices y que se enriquecieron al amparo del poder y que ahora mantienen una guerra mediática para tratar de desprestigiar a toda costa al mejor presidente que hemos tenido después de Lázaro Cárdenas. Olvidan que 30 millones de mexicanos le dieron su apoyo en las urnas porque no quieren que sea la violencia la que haga el cambio. No debemos olvidar que las autoridades de los tres niveles de gobierno se han corrompido a lo largo de varias décadas y que instituciones enteras fueron cooptadas o infiltradas por el crimen organizado. De ese lugar oscuro de la sociedad han salido las órdenes de amenazar, golpear o incluso matar a los periodistas incómodos. Y hablo de los tres niveles de gobierno, precisamente porque no olvido que los funcionarios del viejo régimen del PRIANRD siguen enquistados en las dependencias federales, donde solo hubo cambio de titulares; tienen copados todos los mandos medios de los llamados organismos autónomos del Estado, el poder judicial y no se diga el poder legislativo. De igual manera, los gobiernos estatales y municipales están pletóricos de ellos.
NO BASTA QUE EL PRESIDENTE SEA UNA PERSONA HONESTA, CAPAZ Y BIEN INTENCIONADA, NI QUE ESTÉ ACOMPAÑADO DE UN GRUPO DE FUNCIONARIOS QUE LO emulan y apoyan, debe hacerse una verdadera limpia para sanear hasta el último rincón del Estado mexicano, castigar a los corruptos y acabar con la impunidad de que han gozado por décadas. Ante tales circunstancias, los periodistas debemos responder con crítica y más crítica, con investigación, contrastando las fuentes, exhibiendo a los corruptos, así llegaran a ser amigos del presidente o miembros de su partido, mostrando las fallas donde las veamos, sin recurrir a la denostación, ni a las medias verdades o a las noticias falsas. Debemos, en fin, responder con todo el profesionalismo del que somos capaces porque se trata de informar a la ciudadanía y favorecer con ello a la democracia. Es cierto que en esas condiciones el trabajo periodístico se vuelve más complicado, en la medida en que cada investigación se vuelve tortuosa y llena de peligros. El camino para arribar a un verdadero Estado de Derecho y la plena vigencia de la Libertad de Prensa por ahora es cuesta arriba y se ve todavía muy lejana, aunque ya podemos ver una luz al final del túnel.
9 de junio/2021 CDMX

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