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15 junio, 2021

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Los Sonámbulos: Dejar de ser excéntricos


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Por Jesús Delgado Delgado

7:39 horas.
Con excepción de los beneficiarios, desde que se comenzaron a sentir los efectos provocados en la pandemia Covid-19 en materia económica, no pocas voces han propuesto cambiar radicalmente las reglas que han imperado durante las últimas cuatro décadas.
Desde los aparentemente contritos cerebros de las élites del “1 por ciento” en Davos, pasando por la dura Encíclica “Fratelli Tutti” (Papa Francisco), este año la catedral económica y financiera ha sido demolida en sus fundamentos no únicamente como parte de un sano ejercicio de visiones contrarias, sino por los hechos mismos.


Por eso, hace casi un año, por ejemplo, el diario Financial Times, considerado como uno de los altos templos del capitalismo sin controles en el mundo, sugirió una mayor actuación de los gobiernos en la economía y la necesidad de diseñar un nuevo contrato social que no sólo beneficie a unos cuantos.
«Los gobiernos tendrán que aceptar un papel más activo en la economía. Deben ver los servicios públicos como inversiones en lugar de pasivos, y buscar formas de hacer que los mercados laborales sean menos inseguros”, refirió.
Y luego expuso que «Como aprendieron los líderes occidentales durante la Gran Depresión y después de la Segunda Guerra Mundial, para exigir un sacrificio colectivo se debe ofrecer un contrato social que beneficie a todos».
En su editorial (3 de abril 2020), el diario afirmó que para ello, «Será necesario poner sobre la mesa reformas radicales, que inviertan la dirección política imperante en las últimas cuatro décadas”.
En febrero pasado, ya conocidos los saldos trágicos en cuanto a número de víctimas y también en términos de devastación económica, la organización Oxfam difundió el informe “El Virus de la Desigualdad” en el que resaltó que la pandemia generada por el Covid-19 “está aumentando la desigualdad económica prácticamente en todos los países del mundo al mismo tiempo”.
“Recuperar el nivel de riqueza previo a la pandemia sólo les tomó 9 meses a las personas más ricas del mundo, para el resto de la humanidad, volver a las condiciones de antes de marzo del 2020, podría tardar más de 10 años en llegar”, destacó el documento.
Se estableció que “Desde el inició la emergencia sanitaria, la fortuna de las 10 personas más ricas del mundo ha aumentado en 500 mil millones de dólares. Esta cantidad sería suficiente para financiar una vacuna universal y garantizar que nadie caiga en la pobreza a causa de la pandemia”.
En el caso de México, la organización sostuvo que «Si se utilizara la riqueza que las 12 personas más ricas de México han acumulado durante la pandemia, se podría cubrir dos veces el gasto programado del IMSS 2021 en servicios de salud y alcanzaría para comprar las dosis suficientes para vacunar a toda la población”.

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Las evidencias, pues, no permiten dudas: hay que modificar las reglas del juego, esas que dejaron el gobierno en calidad de “vigilante trasnochado” o en calidad de “gerente” (mero acuse burócrata) y diseñar un nuevo contrato social que, en efecto, no sólo ofrezca y exija el sacrificio de millones en beneficio de pocos. Insistir en lo mismo es algo más que suicida.
“La pandemia ha evidenciado la urgente necesidad de cambiar la forma en la que vivimos. Sólo la cooperación y la colaboración nos podrán rescatar de sus efectos”, mencionó Oxfam.
Para esta organización, para el diario de referencia, para la jerarquía de la Iglesia Católica y, por supuestos, para muchos sectores no favorecidos por las actuales reglas, en la agenda deben estar, por ejemplo, temas como la redistribución de la riqueza, “las políticas hasta hace pocos considerada excéntricas, como los impuestos básicos sobre la renta y la riqueza”.
Hay que resumirlo: se necesita que el gobierno deje de ser una oficina de trámites, se requiere un nuevo contrato social mediante la redistribución de la riqueza, cobro de impuestos en los espacios de privilegios y, en suma, dejar de ser excéntricos.

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