
21:27 horas
Por JUAN CARLOS ROJAS
Tenía que llegar al poder un gobierno democrático y sin complicidades, para que el brazo de la justicia alcanzara a la mafia que, desde la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, había sentado sus reales no solamente en el ámbito universitario, sino también en el político: Gerardo Sosa Castelán y su grupo conocido como “La Sosa Nostra”.
Fundador de la Federación de Estudiantes Universitarios de Hidalgo en 1977, inició una era de terror en el ámbito universitario mediante grupos de choque para controlar a todos los planteles y someter a los catedráticos y directivos de las facultades. Eso le permitió a Sosa Castelán y a su grupo entrar con fuerte impulso en la política priista, siendo diputado local en 1981.
Pero su reinado apenas comenzaba pues en 1986 logró encaramarse en el cargo de Secretario General de la UAEH y, apenas concluyó su encargo, en 1991 arribó a la rectoría de la universidad, donde se mantuvo durante siete años. De allí brincó a una diputación federal por el PRI en 2006, para regresar en 2010 a la Secretaría General de la universidad y fundar el Patronato de la universidad, que el mismo presidió y administró desde entonces.
En 2004 ya arrastraba un muy negro historial y, siendo dirigente del Comité Estatal del PRI en Hidalgo, Gerardo Sosa Castelán tuvo que demandar al periodista Alfredo Rivera, quien había publicado un libro de denuncia que impactó a la sociedad de la entidad hidalguense: “La Sosa Nostra. Porrismo y gobierno coludidos en Hidalgo”.
El autor, el periodista Alfredo Rivera, luego de un largo proceso, fue condenado a pagarle a Sosa Castelán más de 700 mil pesos por daño moral a principios de éste mismo año 2020. Fue precisamente nuestra compañera abogada y especialista en Derecho a la Información, Perla Gómez Gallardo, quien llevó la defensa y logró la exoneración de los otros cuatro inculpados, entre ellos el finado Miguel Ángel Granados Chapa.
Hace dos años, Sosa Castelán brincó como muchos otros políticos del PRI, a las filas del partido de Andrés Manuel López Obrador, MORENA, motivando airadas protestas de dirigentes campesinos, obreros, universitarios y populares. Su ambición era convertirse en candidato a la gubernatura y posicionar a sus amigos en diputaciones y presidencias municipales.
Ahora está, junto con otros funcionarios, en manos de la Fiscalía General de la República, luego de que la Unidad de Inteligencia financiera de la Secretaría de Hacienda, lo inculpara de los delitos de delincuencia organizada, lavado de dinero y defraudación fiscal, luego de la investigación de los movimientos y depósitos sospechosos, incluso provenientes del extranjero, en veinte empresas bajo su control.
Mientras tanto, la entidad hidalguense cruza por una severa crisis política luego de que fueron suspendidas las elecciones del pasado 7 de junio a causa de la pandemia de COVID-19. La Legislatura local tuvo que nombrar 84 consejos municipales mientras se eligen los Ayuntamientos el próximo 18 de octubre y que tomarán posesión el 16 de diciembre.
Pero los tentáculos de Gerardo sosa Castelán han alcanzado gran parte de la vida política de Hidalgo en el PRI, pero también en MORENA. El llamado “Grupo Universidad” estuvo presionando a la Legislatura local, para incrustar a su gente en los Consejos Municipales de Pachuca y en muchas otras alcaldías. La pregunta sería: ¿de veras aquí termina el reinado de la Sosa Nostra?

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