
Juan Lázaro/reporteros en movimiento
En San Miguel Tlaixpan, pueblo de la montaña de Texcoco se desarrolla uno de los simulacros más grandes de la batalla del 5 de mayo que se realizó en Puebla en 1862, cuando «las armas mexicanas se cubrieron de gloria».
Prácticamente participó todo el pueblo, algunos agrupados a «los franceses» otros a «nacos o zacapoaxtlas».
Los organizadores llevaron a pie de la letra el desarrollo de la batalla como se vivió en Puebla en 1862 cuando el General Ignacio Zaragoza venció a los franceses, apoyado por los indios de Zacapoaxtla, de la sierra de Puebla.
incluso, tuvieron a su «Benito Juárez», «Ignacio Zaragoza» y hasta a «Porfirio Díaz» entre otros personajes que participaron en esta histórica batalla.

En San Miguel Tlaixpan, los zacapoaxtlas son llamados «nacos» y son representados por habitantes del lugar, se pintan la cara de negro y hay hombres que se visten de mujeres para representar a las indias en esa batalla.
En San Miguel Tlaixpan hubo una combinación de su propia «batalla» con sus raíces culturales.
En si, se registraron peleas entre enemigos y mexicanos; los rifles «hechizos» o de fabricación casera no dejaban de tronar
Los caballos se estremecían con el ruido de las detonaciones y los «Generales» no dejaban de dar vuelta con sus caballos alrededor de «un cerro» construido con madera y adornado con follaje.
El narrador solo se refería al escenario como «el cerro» en la historia real la defensa eran en los alrededores de Puebla defendía desde los cuarteles de Loreto y Guadalupe.
En San Miguel Tlaixpan no faltó nunca «la artillería» y en los alrededores se vendía «misiles» de cerveza, para que los «nacos» no se deshidratan.

Atrás del contingente de «mexicanos» no faltaron los voluntarios para arrastrar la hielera llena de caguamas y refrescos para las gargantas de los aguerridos «soldados».
El narrador trataba de ajustarse a su guión, pero los «franceses» y «nacos» se enfrentaban cuerpo a cuerpo en el campo de batalla.
El calor fue intenso y no faltaba que sedientos recurrieron a las «chelitas» y tecates.
Algunos se pasaron de bebidas y corrían frenéticamente en el campo de batalla.
La alegría llegó cuando los «nacos» vencieron a los «franceses» y empezó la celebración al ritmo de tambores y la chirimía.
«La Indiada» brincaba festejando alrededor del «cerro», pero al calor de la batalla no cesaban las revolcadas entre «enemigos», pero al final terminaban con un apretón de mano y seguir siendo amigos.
La «batalla» se convirtió en fiesta, en alegría, en celebrar un año más de el triunfo mexicanos el 5 de mayo de 1862.
Por supuesto en Tlaixpan nunca faltaron los «misiles» bien cargados para aguantar la «guerra» contra «el enemigo».

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