“APRENDE EN CASA II”, ESTRATEGIA ERRADA QUE TENDRÁ MALOS RESULTADOS Y NULOS APRENDIZAJES

Educación en Tiempos de la Pandemia:  

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(PRIMERA DE TRES PARTES) 

Por JUAN CARLOS ROJAS IBARRA 

        Nadie en su sano juicio podrá obviar las desastrosas consecuencias que ha dejado la pandemia de COVID-19, en el ámbito económico, social y educativo a nivel internacional pero particularmente en nuestro país. En este último aspecto el desastre muy grave y todavía impredecible, al punto que la Organización de las Naciones Unidas prevé que habrá en todo el mundo una deserción cercana a los 24 millones de estudiantes, mismos que irremediablemente abandonarán las aulas de los planteles educativos.

En México, el mismo organismo multinacional calcula que serán 1.4 millones de niños los que no van a regresar a las aulas en el próximo ciclo escolar ‪2020-2021‬, al tiempo que la Subsecretaría de educación básica informó que al menos 800 mil estudiantes de tercero de secundaria no se inscribirán al ciclo de bachillerato. 

Antes de la pandemia, es decir, en condiciones que podemos llamar “normales”, el 80 % de los estudiantes mexicanos no alcanzaban las metas en comprensión lectora y en habilidad matemática, lo cual ya de por sí ya era preocupante y nos motivaba a la elaboración de planes remediales o de mejora continua con resultados muy magros. A pesar de los esfuerzos, nuestros resultados en la evaluación PISA eran sumamente raquíticos.  

En la UNESCO ya se habla de que estamos “al filo de perder a toda una generación por la falta de aprendizaje derivado del cierre de las escuelas y de las escasas oportunidades de aprendizaje, aparte de que crecerá el abandono escolar”. Atentos a ese hecho, los organismos internacionales se plantean, como en el caso de la ONU, programas como “salvar el futuro”, llamando a todos los gobiernos del mundo a inyectar más recursos económicos a la educación. 

Ante tan inocultable problemática es que, en el ámbito educativo, tenemos enfrente dos grandes problemas cuyas dimensiones aún no pueden ser ponderadas, que deben ponerse en el centro de nuestra atención: la grave pérdida de aprendizajes y la deserción.  

Los maestros mexicanos de todos los niveles y modalidades hemos actuado con responsabilidad ante la pandemia y lo hemos hecho con previsión de sus consecuencias, como podría ser abandono de la escuela por parte de los estudiantes, por factores, socioeconómicos y emocionales, aún sin considerar otros aspectos de la problemática.  

No está de más señalar la importancia del compromiso, dedicación y participación de las madres y padres de familia durante el programa de educación a distancia, “Aprende en Casa”, con el cual se permitió alcanzar por lo menos un mínimo de los aprendizajes esperados y cubrir los planes y programas de estudio durante el periodo de aislamiento que aún no puede concluir. 

No obstante, en ánimo de ser autocríticos, los docentes trabajamos a la distancia durante los primeros meses de la pandemia utilizando la tecnología, pero regresamos al sistema que Paulo Freire denominó la “educación bancaria”. Vimos a los alumnos como recipientes a los cuales podíamos rellenar con nuestros conocimientos y olvidamos que los alumnos deben construir y deconstruir su conocimiento. 

Es claro que no debemos abandonar los 50 años de desarrollo del constructivismo, mucho menos el humanismo. Por ello es necesario que profundicemos nuestro conocimiento de la pedagogía y didáctica constructivistas, como basamento de la educación popular que venimos impartiendo hace más de tres décadas en todos los niveles.  

La estrategia oficial para continuar el proceso de enseñanza-aprendizaje por el tiempo que dure la pandemia (probablemente hasta diciembre o más), se ha concluido por especialistas, es solamente un paliativo, un recurso obligado por las circunstancias, pero desligado de la realidad y de elaboración cupular, en el gabinete. Incluso no se ha tomado en cuenta la experiencia desarrollada en cinco décadas de educación audiovisual pues existen los telebachilleratos y la telesecundaria está en funcionamiento desde 1968, por poner solo dos muy señalados ejemplos. 

La estrategia federal, presentada por el secretario Estaban Moctezuma, denota una tremenda falta de imaginación y desconocimiento respecto de la forma en que aprenden hoy los jóvenes estudiantes. No tomó en cuenta las múltiples experiencias desarrolladas por los docentes durante los primeros meses de la pandemia, llenas de creatividad en la utilización de tecnologías como FaceBook, WhatsApp, E-mail y las plataformas educativas digitales. 

Ignoró olímpicamente el formidable esfuerzo de más de un millón de docentes que nos esforzamos por aprender el manejo de la tecnología para aplicarlo en secuencias didácticas y actividades con que trabajamos con los alumnos. Todo ello desde casa, empleando nuestras horas de descanso o de convivencia familiar, con nuestros propios recursos, pagando de nuestra bolsa el internet o comprando equipos de cómputo. 

La propuesta federal se complica mucho más en cuanto a la educación media superior pues evidentemente no podrá incluir asignaturas de todos los subsistemas ni mucho menos las decenas de propuestas curriculares; propone solamente las cuatro áreas transversales del conocimiento en el nivel y, si acaso, paliará mínimamente los efectos adversos que ha ocasionado la pandemia en cuanto a los denominados “aprendizajes esperados”. 

En realidad, tratándose de un hecho inédito, la experiencia vivida hasta el momento no ha sido analizada debidamente ni por los especialistas ni por las autoridades educativas y mucho menos por los mismos docentes. Y la crisis todavía no concluye. 

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