Los Sonámbulos: Sobre maromas fiscales y electorales

Por Jesús Delgado Guerrero

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y toda la oligarquía  Republicana parapetada en el poder legislativo acaban de ofrecer una receta navideña de cómo se desmantela gradualmente un gobierno al reducir impuestos para auto-satisfacerse. Así fue con la tasa corporativa en ese país, que pasó de 35 a 21 por ciento.

De acuerdo con los especialistas, las empresas no pagarán unos 37 mil millones de dólares al año a partir del 1 de enero próximo (algo así como el 0.17 por ciento del PIB estadounidense), abriendo un boquete fiscal en la hacienda pública y, claro, un agujero para atender diversos rubros de la administración, sobre todo en el ámbito social (educación, salud, etc.).

A la vista un déficit público que, como se sabe, exigirá recurrir al endeudamiento con las consecuentes presiones inflacionarias, alza en las tasas de interés y todos esos engendros que, más temprano que tarde, hacen trizas las ilusiones de los consumidores de promesas y supuesto bienestar. En otros términos, ganan y pierden los de siempre.

Desde luego, en nuestro país hay preocupación navideña, de fin de año y, sobre todo, electoral por esta maroma neoliberal trumpiana. Las empresas extranjeras no se van a ir de suelo nacional, los empleos se van a quedar (sólo aquí se pueden pagar salarios miserables) pero sí van a cambiar su domicilio fiscal y esto lo pueden hacer en menos de lo que canta un gallo.

Los adictos al no pago de impuestos en nombre del “progreso y de la inversión” supuestamente productiva deberían estar de plácemes pues Trump ha actuado conforme al evangelio respectivo, pero el tamaño del boquete fiscal, lo que dejará de recaudar por ello el gobierno, no se ha calculado todavía (tal vez por eso no se ha hablado del tema) y de ahí el apanicamiento oficial, con un año electorero a la vista que implica gastos a discreción para tratar de satisfacer a la clientela.

Se sabe que en nuestro país hay 1,069 empresas afiliadas a multinacionales estadounidense, pero las consecuencias fiscales no se han estimado porque, peor, muchas empresas nacionales se “internacionalizarían” en el nuevo paraíso fiscal trumpiano, esto además de la reducción en la Inversi´pon Extranjera Directa (IED).

Como dato, si a los sacerdotes neoliberales locales se les ocurriera bajar el ISR y empatarlo con el de Estados Unidos para no perder competitividad, se dejarían de recaudar 210 mil millones de pesos al año, según especialistas.

Ahora bien, teniendo en puerta un año electoral, con lo complicado que ya está, cualquier medida para tratar de amortiguar el golpe (contención del gasto o el recorte de presupuesto -siempre con cargo a los programas sociales-, aplicar nuevos impuestos o aumentarlos, o la contratación de más deuda), sería una especie de balazo en la sien, un funeral anticipado, igual si se quiere reducir el impuesto corporativo aquí.

¿Cómo dejar a todos esos millones de clientes sin despensas, sin tarjetas de descuento para cualquier cosa, salarios rosas, canastas alimentarias, comedores comunitarios y todo ese populismo misero-crático del capitalismo vigente? De lo que se trata es de aumentar el padrón despensocrático, no de reducirlo o cancelarlo.

Por esa misma razón electorera, nadie se va a atrever a impulsar el establecimiento del IVA generalizado en medicinas y alimentos, uno de los deseos más fervientes del “1 por ciento”.

También, siendo nuestro país un paraíso fiscal para especuladores rentistas (la tasa de retención para esos efectos es de cero por ciento), nadie va a querer hacerse pasar por un espontáneo “Piketty azteca” y sugerir un impuesto progresivo en este sector, así sea de 0.1 por ciento, menos por transacciones financieras.

Además, apelar a un mayor endeudamiento cuando el pasivo ronda el 50 por ciento del PIB, es echarse la soga al cuello electoralmente, y echársela a millones durante décadas.

¿De donde va a salir? Bueno. Tal vez sea casualidad, pero justo están saliendo a flote las entradas millonarias que suciamente utilizó el partido en el poder para ganar los comicios del 2012 .

La vía fiscal es muy complicada, pero la vía política no y aquí cualquier maroma es saludada con gusto por parte de sus fieles practicantes. Total, lo bailado y lo ganado en los negocios ya nadie se lo quita a los presuntos infractores que, además, pueden asumirse como víctimas de la malquerencia y/o la difamación.

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