LOS SONÁMBULOS: DE LA REALIDAD COMO «COSA RARA»

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Por Jesús Delgado Guerrero

Se asegura que desde la antigüedad, griegos y romanos, principalmente aquellos dedicados a la filosofía y la historia, dejaron de explicar los rebrotes de la zombificación mediante la magia, la mitología y la superstición. Empero, los poetas siguieron en lo suyo con épicas narraciones de los héroes sobrenaturales, de confección divina, con acciones igualmente providenciales de hechos fantásticos, casi, casi como los analistas de economía o de política de nuestra época.

La realidad ha pujado desde entonces por hacerse de un lugar en la historia, y en el actual siglo parece un elemento inmaterial, una rareza en todas las disciplinas, incluso aquellas que se ostentan como científicas pero que terminan en grotescos esoterismos.

A manera de guisa, en nuestro país el crecimiento económico, tan pregonado por los órganos de fonación neoliberal a pesar de su nimiedad, significa crecer para abajo (la inflación no es por gasolinazos, sino por verduras conspiradoras, según Banxico).

Lo anterior lo confirma el hecho de que, según datos de estudiosos del hambre, mientras un trabajador mexicano necesita 18 horas de labor para adquirir un kilogramo de bisteces, un ciudadano danés sólo requiere de una hora.  Los analistas (empresa inglesa Caterwings) llegaron a esa conclusión luego de dar a la carne un precio de 120 pesos el kilogramo, pero en realidad oscila entre los 130 y 140 pesos (sin contar los kilos de 800 gramos en las narices de Profeco).

Lo mismo sucede con el pollo que, según esa firma, representa 7 horas para comprar un kilogramo de pechuga, en tanto que un danés necesita de 30 minutos. La cosa se pone más tenebrosa con el pescado: 32 horas por un kilogramo, aunque un ciudadano sueco sólo requiere de una hora con 10 minutos (están mejor los brasileños con todo y los golpes del capitalismo depredador, igual los argentinos con el neoliberal Macri) y esa es una de las causas por las cuales los comedores populares no incluyen en sus menús estos alimentos (también, dicen, para evitar sobrepeso, despilfarros del erario público y líos con seudo-plagas de activistas defensores de los derechos de los animales).

Más asombroso resulta el descubrimiento de la empresa investigadora: “la desigualdad existe” (lo dicho: a veces la realidad se asoma de manera impertinente y terca, sólo para estropear las maravillas alcanzadas en más de 35 años de saqueo capitalista).

Es igual en democracia: el “dedazo” (otro rebrote zombi), practicado lo mismo por defenestradas figuras presidenciales, (más dignas de sorna que de pompa), que por pastores políticos, ni qué decir de falsos demócratas cuyas fortunas no pueden explicar, por más propaganda que encabecen.

El gran andamiaje simulador con sus onerosos institutos democráticos,  legitima así pantallas mediante entes supuestamente públicos que sirven a fines privados. Los llaman partidos políticos (otra cara realidad).

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