6 abril, 2026

Reporteros en Movimiento

Información sin censura

Por Jesús Delgado Guerrero

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“Reconocemos con franqueza que nuestro periódico no tendrá ninguna utilidad”. Eso afirmó, allá por 1832, el poeta italiano Giacomo Leopardi sobre un proyecto editorial que, por cierto, ni siquiera obtuvo los permisos de las autoridades y quedó en un proyecto.
El vate trataba de reivindicar la importancia de la vida, de la literatura, del amor y de todas esas cosas consideradas nimias, pero no esperaba grandes reacciones debido al espíritu de su época, caracterizado por la actuación de “negociantes y otros hombres dedicados a hacer dinero”, y que multiplicó sin fin y mantuvo en vigor “todas las pasiones más depravadoras y más indignas del hombre civilizado”, impulsado por “la industria, la bajeza del alma, la frialdad, el egoísmo, la avaricia, la falsedad y la perfidia mercantil”.
El ser humano sustanciado en “dinero” y tras un recorrido por la inutilidad casi perfecta, el vate de Recanati cargó contra las “arídisimas disciplinas” de la política y la estadística; le provocaban risa el furor de elucubraciones y cálculos políticos, legislativos y económicos que hicieron inútil la vida misma.
Hablaba el peninsular del Siglo XIX como si lo hiciera del XX y el XXI (finalmente a los bardos se les han conferido dotes de “videntes”), y de alguna forma de nuestro ámbito doméstico, traído a cuento ahora que el diván oficial, embriagado en imaginar paraísos de bienaventuranza donde las contradicciones de desigualdad, pobreza y riqueza significan la “unidad feliz”, sustituyó a los duendes socarrones de “la mala suerte” (consuelo lo mismo para un penalti fallado que para timos, atracos y fugas masivas de dólares) por temperamentos malhumorados, cascarrabias renegados debido a quién sabe qué causas.
Cámbiese el fallido “periódico” leopardiano por cualquier Plan Nacional de Desarrollo de las últimas cuatro décadas, todas las “reformas estructurales” (neoliberales), más de 15 tratados de comercio internacionales, plataformas electorales, incluso la Carta Magna, y se tendrá una breve, concisa y maciza declaración de principios en torno del vacío de utilidad.
Una revisión, cotejando objetivos y resultados, departamento por departamento, llevaría a una extensa y tediosa apología de la inutilidad, y a encontrar las causas del malestar, que felizmente ya no recogen las encuestadoras quizás para evitar escenas de flagelación jubilosa.
Sin duda el nuestro es un país de lucha, pero nada más ver cómo se han desperdiciado miles de millones de pesos y de dólares en combates al narco, a la pobreza, a la defensa del peso frente al dólar; contra la corrupción y la impunidad, y también las medidas ambientales que prueban que la salud es ya un negocio muy enfermo e inútil, sólo queda espacio para decir: ¿cómo bromear cuando con toda seriedad se dice, en forma de reclamo, que las cosas están bien?

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