4 junio, 2026

Reporteros en Movimiento

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Un grupo de paisajistas escalaron este santuario, el más alto en todo mesoamericana, para plasmar toda su belleza en cuadros que serán exhibidos durante el Festival Cultural de Texcoco, 2016.

POR EL ANDARIEGO

MONTE TLALOC.- Aquí en unos montículos de roca volcánica que se encuentran a la entrada del santuario del Dios Tlaloc, dios de la lluvia, a más de 4 mil metros sobre el nivel del mar y frente a ráfagas heladas, El Andarigo, les comparte a través de Reporteros en Movimiento, el imponente paisaje que observa a sus pies.

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Al lado izquierdo: las rocas macizas de los volcanes Iztaccíhuatl y el Popocatépetl, carentes de hielo, pero a más altura del Monte Tlaloc.

De frente: el Valle de México, el lago de Texcoco, las calles trazadas de Chimalhuacán, la cuidad de Mexico cubierta por su nata de humo.

A la derecha, apenas visibles las pirámides de Teotihuacán.

El monte Tlaloc también fue un observatorio prehispánico a donde llegaban los señores de Texcoco, Tlacopan, Tenochtitlán y Xochimilco, a rendir tributo al hacedor de la lluvia, del agua dulce y de la buena cosecha.

Hasta aquí llegó, después de 4 horas de camino en vehículos y a pie, un grupo de artistas culturales, “la tropa de la cultura” como la llamó el arqueólogo Victor Arribalzaga, comandante de esta expedición, que se realizó el sábado 7 de mayo de este 2016.

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A las 8 de la mañana salió la “tropa” en un camión Ford 66, cargado de caballetes, pinceles y bastidores, para que los artistas plasmaran en vivo el paisaje del Monte Tlaloc.

El primer reto fue que el viejo camión aguantara con todos los pintores hasta el campamento de los arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) que se encuentra a 3 mil metros de altura; después, a pie había que subir hasta el santuario.
EL RETO

Subir al monte Tlaloc es toda una odisea para El Andariego y otros reporteros, ya que tuvo que irse en la parte trasera de una camioneta; el polvo fue el acompañante en la mayor parte del camino, entre tumbo y tumbo por los brincos del vehículo. Llega uno molido después de tres horas de camino.

Eso si, tienes una vista preciosa; ambiente fresco, aves y mosquitos a tu alrededor.

En el camino de ascenso a los primeros 3 mil metros de altura, se pueden ver árboles caídos por la fuerza del viento que imaginas que son gigantes tirados o caídos por la gracia del cielo.

Al pasar el paraje Canoas Altas -donde hay un restaurante y lugar de hospedajes- faltaba una hora para llegar al sitio donde los arqueólogos del INAH tienen su campamento.

De ahí, a la cima del monte Tlaloc hay que subirlo a pie; es lo más difícil del camino porque a cierta altura sobre el nivel del mar, se te dificulta la respiración.

Pero puedes disfrutar de la compañía de los volcanes Iztaccihuatl y el Popocatépetl y caminar por un sendero de piedra reconstruido por los arqueólogos del INAH para facilitar la subida al santuario del Dios Tlaloc.

Entre respiración y paso de ascenso entre las piedras, recuerdas que el mismo camino lo recorrían los tlatoanis de la Triple Alianza -Texcoco, Tlacopan y Tenochtitlán- que eran acompañados de sus guerreros para rendirle tributo al dador del agua, de la lluvia, antes de la llegada de los españoles.

Y por que no imaginar que esos guerreros quedaron petrificados a la orilla del camino, formando muros de roca que detienen la fuerza del viento y custodian el ascenso.

En este monte milenario hay un silencio gratificante que te hace sentir grande y a la vez débil ante su impotente naturaleza.

Atrás del El Andariego y los reporteros que lo acompañan venían los pintores con sus lienzos al hombro y su plática a flor.

Varias lagartijas se calentaban arriba de las rocas o pasaban frente a nosotros como burlándose de nuestro esfuerzo para subir.

Después de muchos pasos y de nuestra agitada respiración, llegamos a los 4 mil 125 metros de altura sobre el nivel del mar y desde lo alto de las rocas, podemos ver mejor al lago de Texcoco, la Ciudad de México, Chimalhuacán, San Miguel Teotongo, los volcanes Popocatépetl, entre otros pueblos que se aprecian desde la cima de la montaña.

Asimismo, se ven los terrenos, los extensos ejidos en donde se construirá el aeropuerto de Texcoco.

A las 12:18 horas de este sábado, al fin, llegamos a la cima, a la entrada del templo del Dios Tlaloc, a los misterios de esta deidad que veneraban nuestro antepasado.

Te recibe una muralla de piedra de más de dos metros de altura y en la entradas, es necesario dejar una ofrenda al Dios Tlaloc, para poder visitar su santuario.

En la cima se siente el aire que te estremece. Y a pesar de que es medio día, el sol no te calienta, llegan ráfagas de aire helado. Hay ocasiones que cae hielo o que la temperatura este apenas a dos o tres grados.

Un desgastado anuncio del INAH, te avisa: “Has llegado al centro ceremonial a mayor altura en Mesoamerica, dedicado a Tlaloc, la deidad prehispánica asociada a la energía de la lluvia”.

El recinto fue edificado en la época teotihuacana y los caminantes accedían a este lugar por la gran calzada. Su interior estaba delimitado por altos muros que resguardaban pequeñas estructuras que servían de albergues.

“Antes de la llegada de los españoles, los gobernantes de la Triple Alianza, Texcoco, Tlacopan y Tenochtitlán, hacían fastuosas ofrendas en este lugar dedicado a Tlaloc”

LA MURALLA

Fray Juan de Zumárraga fue el que mandó a las tropas españolas en 1539 destruir el santuario del Dios Tlaloc, después de que Hernán Cortés conquistó Tenochtitlán, para acabar con las antiguas tradiciones e imponer la religión católica a los pueblos sometidos.

El arqueólogo Víctor Arribalzaga y su equipo, durante más de 10 años, se dedicó a reconstruir los muros del santuario, piedra por piedra. Un trabajo verdaderamente titánico porque tenía que clasificar y documentar cada piedra de los muros para volver a colocarlos igual que como estaban antes de 1521, antes del arribo de los españoles.

Actualmente, ambos muros ya están de pie al igual que hace más de 500 años e incluso, el paisaje te impone. Y ese es el motivo de la llegada de “la tropa de la cultura”.

En el centro del santuario se encuentra “una chimenea volcánica” cuya profundidad no se sabe, pero los sacerdotes o tlatoanis realizaban los sacrificios de niños que tenían un remolino en el cabello o eran muy llorones.

Bueno, eso es lo que nos cuenta el arqueólogo Víctor Arribalzaga, quién ha hecho un estudio profundo sobre la vida prehispánica en torno al Tlaloc.

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LA TROPA CULTURAL

Hugo Loaiza Almaraz, pintor independiente y organizadores de la expedición de los pintores, informó que 36 artistas subieron al monte Tlaloc para plasmar el paisaje de los alrededores, cuyos cuadrados se exhibirán durante el Festival de Cultura de Texcoco 2016 que inicia este 10 de mayo.

La idea, dijo, es mantener de forma permanente los ascensos al monte Tlaloc, para que artistas suban a captar la belleza de este sitio prehispánico.

Los paisajistas se colocaron a lo largo del sendero al Tlaloc, atrás del santuario, en alguna roca o sitio en donde pudieran captar con sus pinceles las imágenes, los colores y toda la esencia de la naturaleza.

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EL INCENDIO

Todo caminaba bien hasta las 16 horas, incluso, ya estaba montado el campamento para pernoctar, pero un incendio que avanzaba desde Llano Grande y que no podía ser controlado por el personal de Probosque, hizo que se desmontará el campamento.

Asimismo, la policía municipal que llegó a vigilar el lugar, tuvo que bajar a todos los paisajistas de “la tropa de la cultura” para evitar riesgos ya que el humo que llegaba dificultaba la respiración.

El arqueólogo Víctor Arribalzaga y el organizador de los pintores, Hugo Loaiza, determinaron bajar todo el grupo para evitar algún problema con el incendio.

Y así en el mismo camión 1966, los paisajistas retornaron a la ciudad de Texcoco, entre tumbo y tumbo, polvo y hambre, ya que nadie había comido.

A las 21 horas el grupo ya estaba de nueva cuenta en la ciudad de Texcoco, para que a las 7 de la mañana de este domingo 8 de mayo, volver a subir.

Todo un reto.

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