29 abril, 2026

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Lorenzo Delfín Ruiz

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La epopeya fue relatada con la promesa de un cien por ciento de credibilidad y como tal se transcribe. No solo eso. La conducta pública del personaje central, antes y después de este hecho vergonzoso pero también de risa irresistible, la corroboró.
La “proeza” bien pudo competir con otras de alcaldes mexiquenses metidos aquel 2013 en una final de photo finish, y retrata de cuerpo entero a un minúsculo personaje que gozó de un micro poder inesperado y, principalmente, inmerecido.
Así sucedió:
“La fiesta, convocada para el bautizo de su hijo por el tesorero del Instituto Mexiquense de Cultura Física y Deporte (Imcufide) de Ozumba, Geovanny Galicia Castro, se encontraba en su apogeo la media noche del 18 de agosto.
“El gigantesco consumo de licor hizo lo suyo y, en complicidad con la estridente música, provocó estragos en los invitados y servidores públicos asistentes: encendió los ánimos y despertó las pasiones, sobre todo la del convidado especial, Hugo González Cortés, el mismísimo y priísta alcalde de Ozumba quien escenificaría poco después uno de los actos más bochornosos de que tengan memoria las decenas de testigos.
“De pronto, de la fiesta “infantil”, celebrada en el domicilio del funcionario deportivo en la delegación Tecalco, “desapareció” el presidente municipal; su misteriosa y repentina ausencia llamó la atención porque no anunció su retirada, como era propio en un personaje de su alta investidura. Pero, sobre todo, porque momentos antes era el centro de la diversión por la efusiva forma de bailar con una de las asistentes al festejo.
“De acuerdo con los testigos, la pareja de baile de toda la noche del alcalde tampoco supo controlar su forma de beber licor ni su equilibrio, y fue “ayudada” por Martha Valencia Rodríguez, apodada “La salvaje” por el trato que, en calidad de “verificadora”, da a los trabajadores del Ayuntamiento de Ozumba.
“Ebria, y para evitar sospechas, la mujer bailadora fue llevada por la gentil empleada municipal a los viveros cercanos al domicilio donde se celebraba la reunión. Ahí esperaba, ebrio también, el “desaparecido” alcalde Hugo González Cortés.
“Instantes después arribó a la verbena el esposo de la pareja de baile del alcalde; al no encontrarla, preguntó a los asistentes sobre su paradero. Nada. Nadie lo orientó… sólo un menor de edad le describió haberla visto salir de la casa con “La salvaje”.
“Frente a frente, el hombre le urgió a la diligente empleada municipal información sobre el sitio donde encontraría a su esposa. Tampoco. Ante la cerrada negativa de “La salvaje” a revelar lo que sabía, las sospechas e impaciencia del marido se convirtieron en furia y la emprendió a golpes contra la mujer; pero ni así la empleada delató a su jefe en su misterioso encuentro en los viveros, en gran medida porque la tunda fue terrible y no pudo articular una sola palabra.
“Concluida la golpiza, casualmente la esposa “desaparecida” regresó al lugar de la fiesta que, para ese entonces, era un verdadero desorden. Ebria aún, no se percató que su caminar vacilante se debía también a que… llevaba los pantalones a la altura de las rodillas.
“Las sospechas del marido dejaron de ser sospechas y enfrentó la realidad: su mujer había tenido relaciones sexuales. De inmediato (ahora sí) indagó con quién: con el alcalde.
“Furibundo, también le aplicó una golpiza a su mujer y después buscó al autor de la ofensa para cobrársela.
“Pero alertado por funcionarios del Ayuntamiento, el alcalde Hugo González Cortés había huido, corriendo y también con los pantalones… “a media asta”.
“Mientras, a la una de la madrugada, fue necesario que elementos de Protección Civil de Ozumba atendieran a “La salvaje” por la paliza que le dio el hombre ofendido.
“Fue de tal magnitud, que después le otorgaron ocho días de incapacidad.
“Después, la pareja “renunció” a su intención de levantar una denuncia por violación contra el presidente municipal Hugo González debido a que, sostienen los escasos testigos de aquel agravio, “todas las partes llegaron ya a un arreglo”.
“Desde aquella fecha, son comentados en Ozumba los cambios significativos en las rutinas del alcalde, sobre todo porque “ahora se hace acompañar de un numeroso grupo de elementos de seguridad… y porque sus tropelías estimuladas por la embriaguez han disminuido. Parece que ya hasta juró”.
“Sin embargo, y contra todos los pronósticos, la clase política de manera silenciosa censura al presidente municipal por esta “hazaña” denominada “la madre de todos sus excesos”, mientras sus colaboradores cercanos tratan inútilmente de encubrir un hecho que no tiene conforme a la escasa población de Ozumba que fue testigo o que, por miedo, hace comentarios a escondidas”.
El ex alcalde acumula aún recuerdos entre la población de Ozumba, máxime que al término de su “gestión” dejó en las arcas municipales 150 pesos y deudas por cuatro millones.

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