Por: PEPE TOÑO
México le apuesta a los recursos naturales y a la explotación mal pagada que los procesa. Le apuesta a la extracción de materias primas y mano de obra barata. Se convierte en un lugar de pocos dueños y muchos trabajadores; de hombres ricos y empleados pobres. Concentra la riqueza en pocas manos y erige gobiernos que lo permiten; aquí hay un sistema que protege al capital por encima del trabajo, un tipo de capitalismo que mantiene baja la recaudación y no cuenta con recursos suficientes para invertir.
Donde no hay impuestos recaudados, no hay gobiernos eficientes. No hay un estado que invierta en su población, no hay partidos que se centren en el capital humano y como formarlo. Hay muchas carreteras pero todas con cobro, segundos pisos y distribuidores viales que también tienen un costo. Hay muchas maneras de dar apoyo a la población pero todo con un fin el electorado; muchas formas de comprar el voto en vez de ganarlo. Muchas costumbres vivas en el PRI, PAN, PRD en todos los partidos, formas de ejercer el poder que mantienen a México atado de manos.
Se ha creado un sistema clientelar en todos los ámbitos. Un sistema de élites acaudaladas, amuralladas, asustadas ante los pobres a quienes no han querido –en realidad- educar. Porque no quieren franquearla brecha que tanto los beneficia. Porque no tienen los incentivos para hacerlo. Allí están los choferes y los obreros y los maestros y las empleadas domésticas y los jardineros todos mal pagados. Muchos de los trabajadores sin primaria, secundaria, preparatoria o sin una carrera profesional para hacerlos productivos o competitivos.
Aquí en el país los mejores cargos se dan conforme a los apellidos y no conforme a la educación, los cargos se adjudican como recompensa a la lealtad y no al profesionalismo, las puertas se abren para los disciplinados y no para los creativos. La dádiva de generación en generación, de familia en familia, de mano a mano. Las compañías pasan de abuelo a hijo, al nieto. El monopolio se vende al amigo y lo convierte en millonario.
Pero, aquí los muros –educativos, culturales, sociales, empresariales- construidos contra los de afuera, obstaculizando la movilidad de los mexicanos. Evitando el acenso. Impidiendo el ingreso. De los pobres. De los provincianos. De los empresarios innovadores. De la competencia. De los que no tienen acceso a los créditos.
En México hay un sistema que frena la competitividad ante el mundo globalizado. Que lleva la frustración a las calles. Que refuerza la desesperanza de los poseídos. Que alimenta el éxodo y la exportación del talento. Es por ello que muchos de los mexicanos prefieren irse a los países del norte a trabajar por mejores condiciones de vida para él y sus familias, aquí no hay oportunidad de crecer.
Aquí en México hay muchos programas sociales implementados por las instancias de gobierno, pero todos están polítizados para aquellos ciudadanos que simpatizan con los gobernantes en el poder. Los programas sociales son utilizados como trampolines que permitan subir más escalones a los que hacen política o gobiernan, en fin todo se puede y sucede sólo aquí en México donde los mexicanos cada día creen menos en los partidos políticos.
Un gobierno que no recauda los recursos que necesita para sobrevivir vendiendo petróleo, no tiene como recaudar impuestos. Y un gobierno que no recauda impuestos para pagarse a si mismo no tienen que escuchar a la población o representarlas, nunca podrá atender sus necesidades o exigencias. Puede atenuar las exigencias comprando a quienes las enarbolan. Puede posponer la solución de problemas usando el dinero discrecional. Puede evitar la rendición de cuentas porque hay demasiados partidos satisfechos con sus prerrogativas, por lo cual no se puede exigir una transformación total del país.

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