24 octubre, 2026

Reporteros en Movimiento

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Por Jesús Delgado Guerrero
Observadores de la acumulación infinita de la riqueza y de la consecuente pobreza sin red protectora hicieron ver, al menos hace dos siglos, que nadie ha descubierto el modo de pescar en aguas que no existen. El “toolmaking” de Benjamín Franklin, ese animal domesticado, fabricante de medios de trabajo, se pulirá a la hora de procurar la mayor sofisticación en sus anzuelos, pero su empeño sólo servirá para exhibir sus despropósitos: con todo y el mejor señuelo, nada de eso es útil en el desierto. 
Algo similar se advierte en el enloquecido ambiente financiero actual, según las “sobre reacciones” de los gobiernos ante las embestidas de la exuberante “volatilidad” (descarado asalto de especuladores), buscando “responsables” para escurrir el bulto, aunque desde que estalló el timo financiero con las hipotecas Subprime en el 2008 saben lo que tienen qué hacer: poner a los financieros (especuladores, banqueros, inversionistas, “innovadores”, evasores de impuestos, casabolseros, empresarios y todo lo demás, que igual caben en cualquier denominación y entre sí, o se funden) a salvo de ellos mismos y en esa forma a los demás.
Desde el crac de hace ocho años se han sucedido cumbres y foros más como sesiones de espiritistas que de economistas u hombres de empresa, esperando que su evangelio conjure diablos y haga milagros -lo cual no ha ocurrido ni ocurrirá-, mientras la degeneración ha provocado que hasta talantes moderados adopten ya un tono apocalíptico, con excepción de la fe ciega encubierta en optimismo.
En tiempos no tan lejanos resultaban divertidas las escaramuzas verbosas entre antagonistas de extremos ideológicos que, para no alterar la cita histórica, han terminado en el mismo bando. Pero ahora da pena ver cómo se quiere disfrazar este enloquecimiento, muy localizado (ya como “volatilidad”, guerra de divisas o comercio de las mismas) entre los propietarios de los centros de acumulación, lo que no ha sido obstáculo para reuniones y posar para la posteridad, mostrar más arrugas y cierta despreocupación “debatiendo” revoluciones que, en micrófonos conservadores, suenan a herejía.
¿Alguien sabe quienes son los dueños de 514 mil millones de dólares que le dieron la espalda, enojados, al país de Confucio porque sus herederos decidieron devaluar? ¿No pasaron por los alpes suizos, o no serán los mismos que se están llevando sus dólares de nuestro país para ganar más en otro o simplemente para dejarlo en reserva en algún paraíso fiscal?
Son sólo 62 individuos los que suman lo que tienen más de 3.5 mil millones de personas pobres en el mundo, según la organización Oxfam en su reciente reporte, así que no habría conflicto para localizarlos (Oxfam al parecer sí tuvo obstáculos pues no lo hizo) pero el problema es salir en su ayuda. Una simple camisa de fuerza no basta.

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