
Por Jesús Delgado Guerrero
En el ámbito doméstico y hasta en el foráneo se disputan la “paternidad” de la captura del “enemigo público» más mediático de la temporada, una forma de resarcir sonrojos recientes con la infaltable cascada “informativa” para darle más claridad a la confusión.
Soporífero capítulo a pesar del escándalo, para hacerlo más interesante hay que exigir a los desfacedores de entuertos una acción más profunda frente a algo más que vanidosas balandronadas: “¡Yo distribuyo más heroína, metanfetaminas, cocaína y mariguana que nadie en el mundo! ¡Tengo una flota de submarinos, aviones, camiones y barcos!”, soltó Joaquín Guzmán Loera (a) El Chapo, al actor Sean Penn.
El hecho de que no haya hablado de su “dinámica” con el gobierno mexicano (“Me guardo mi opinión; ellos hacen lo suyo y yo lo mío”) revela más de lo que pretende ocultar: una estructura sin la cual no se explica su existencia y actuación (y su inscripción en “Forbes” como uno de los multimillonarios globales, exitoso, según el perfil exigente de los “triunfadores” del neoliberalismo y su meritocracia)
El escritor Moisés Naim ha advertido sobre la diversificación del poder, variedad en la que se codean los poderes públicos (ejecutivo, legislativo y judicial) y los económicos, pero también los cárteles criminales (traficantes de drogas y de armas, tratantes de personas, lavadores de dinero, secuestradores y asaltantes) de alcances “insospechados y de impresionante influencia política”, a decir de Naim.
Preguntas idiotas para no desentonar con las pesquisas judiciales: ¿el capo estaciona sus aviones en el garaje o en el patio de su casa mientras espera que concluya el despojo de campesinos de San Salvador Atenco para el nuevo aeropuerto? ¿Tiene chapoteaderos lo suficientemente grandes para sus narco-submarinos? ?¿Cabrán sus barcos en la fuente del patio central de alguno de sus ranchos? ¿Algún sindicato facilitó el membrete y ha pasado como un sufrido dirigente transportista con su flotilla de camiones?
Contrario a la tesis del historiador Eric Hobsbawm (Bandidos), aquí no hay un individuo que desafía simultáneamente al orden económico, político y social, sino que está arropado principalmente por los dos primeros, mientras en el tercero ejerce de “bandido social” (algo así como el muy de moda “capitalista socialmente responsable”) acompañado de sus respectivos corridos gruperos.
En un país de “asesinos solitarios” (¿remember Mario Aburto y Luis Donaldo Colosio?) no podía faltar el “bandido solitario” (ajá), con su epitafio anticipado: “el día que yo no exista, no va a mermar el tráfico de drogas” (claro, el Estado -gobierno, empresarios y sociedad- es parte sustancial de la estructura criminal que debe ser desmantelada)
Parafraseando a David Bowie: ¿quién quiere ser héroe, al menos por un día?

Te puede interesar
Opinión: Desigualdad extrema, incomprensión extrema/
Los Sonámbulos: Histeria conservadora y la oportunidad perdida
Los Sonámbulos: Temporada de aburrimiento y de gastadas invectivas