Por: PEPE TOÑO

La creación de organizaciones sociales y políticas ha llevado en varias ocasiones a un cambio en los gobiernos, pero no siempre a favor, cuando se vuelven contra un gobernante que ha sido incapaz de solucionar los problemas que aquejan a la ciudadanía se vuelven sus enemigos. Tan sólo hay que recordar como cuando los estudiantes protestaron por la desaparición de los jóvenes de Ayotzinapa, cuando los maestros marcharon contra la reforma educativa, cuando los campesinos lucharon por sus tierras, etc., se registra un cambio en las acciones de gobierno.
De esta forma el país, un estado o municipio puede transformarse con acciones acumulativas, grandes y pequeñas con lo cual ayuda a un progreso, desarrollo y una mejor democracia. En muchos casos los líderes sociales y políticos saben cómo llevar o mover a la gente hacia una lucha por obtener un bien común, pero cuando es para un bien personal la gente se va dando cuenta y va dejando su simpatía por las organizaciones, situación que se ve reflejado ya en los partidos políticos en los cuales la gente ya no cree.
No basta con tener una democracia mínima, en la cual lo único a lo que se puede aspirar es a la competencia de élites partidistas. La democracia también requiere que un número importante de ciudadanos influyan cotidianamente en las decisiones de un gobierno, de ser tomados para formar un buen gobierno, de derechos civiles, de derecho a la información, el derecho a la libertad de expresión, a la libertad de asociación, de género, de religión, etc.
Un ciudadano dentro de una organización política o civil es una persona que será escuchada y no como aquel líder que formo su organización sólo para ser un rastrero en el gobierno que a cambio le darán dinero y poder para finalmente abandonar a la gente que en su momento lo apoyo. Situación que se ve con frecuencia en los municipios del estado de México donde los alcaldes o diputados luego de obtener su cargo se olvidan de la gente, incluso varios de los servidores públicos que se portan bien seguirá laborando como representante del gobierno o partido en el poder.
“El voto cuenta y se cuenta hay que ejercerlo” dicen los políticos, pero cuando la ciudadanía se organiza para hacer valer sus derechos es reprimido, condicionado, encapsulado y más por pedir y exigir se cumplan los acuerdos que en su momento se comprometieron sus líderes con ellos cuando pedían en voto. Por ello es necesario que para la siguiente vez que asista a una casilla y tenga que votar lo haga con el corazón y con la cabeza. Hay que entender que un candidato debe ser escudriñado, saber de dónde viene y a donde va, que sepa que sin el voto ciudadano no es nada.
En muchas de las veces los candidatos cuando llegan al poder se cambian de domicilio, se olvidan de la gente, aplican la obra donde quieran u sólo para unos cuantos grupos políticos y sociales que los llevan al poder; dejan a la gente que no voto por ellos a segundo término ocasionando con ello cinturones de miseria, haciendo ricos a unos cuantos y manteniendo la pobreza en su territorio, pero en fin estas cosas sólo suceden en México.

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