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10 abril, 2021

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LOS SONÁMBULOS: ANTIDESAPARACIONISTAS Y ACTOS DE FE

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Por Jesús Delgado Guerrero
Sin el chispeante humor de aquellos que nacieron en el catolicismo pero se convirtieron al narcisismo (Woody Allen, en línea con el ateísmo judío de Spinoza, Marx, Einstein…) el discurso de los deseos presentados como realidades en informes de gobierno y actos oficiales impulsa una disputa entre ateos y creyentes, aparicionistas y desaparicionistas, para nutrir una vieja tradición.
Al respecto, la anécdota del Guadalupano Porfirio Díaz Mori y el obispo Eduardo Sánchez Camacho, quien andaba causando alboroto y espanto entre la jerarquía católica porque no creía en las apariciones de la Virgen de Guadalupe al indígena Juan Diego, ahora santo, con todo y barba y facciones más bien de conquistador de La Malinche:
En 1895, Sánchez Camacho, Obispo de Tamaulipas, afirmó: “No es mi capricho el que defiendo, sino la vergüenza que me da el haber pertenecido a un gremio de Obispos Franciscanos que se empeñan en sostener e imponer una cosa falsa a todas luces”.
Entonces don Porfirio llamó al obispo y le soltó:
¿Así que usted no cree en las apariciones?
No señor-, respondió.
¿Y en las desapariciones…? -, le replicó el tieso dictador.
Objeto de un “milagro” (todavía no se había inventado la figura del “médico político” que popularizó Hitler como vía fúnebre entre sus allegados rebeldes o enemigos, y que luego el PRI aplicó en destituciones sin comprobante: “por motivos de salud”) el religioso “desapareció” de la escena refugiándose en Estados Unidos (más tarde, como cruel ironía, se abriría una ruta a Francia inaugurada por el mismo Díaz como pasajero del Ipiranga)
El religioso regresó a su rancho “El Olvido”, escribió “Ecos de la Quinta del Olvido” donde sostuvo sus dichos (la imagen de la tilma juendieguina es una pintura sustituida por el Abad Florentino Plancarte, dijo)
Pues bien, los antidesaparicionistas cambiaron de bando y ahora están en el gobierno, y esto no sólo por el caso de los estudiantes de Ayotzinapa, sino por el expediente de 26 mil desapariciones forzadas, esto tan sólo entre el 2006 y el 2012, perpetradas por fuerzas de seguridad o carteles criminales.
Parecerá imposible pero la situación se ha deteriorado del 2011 a la fecha, según Santiago Corcuera Cabezut, integrante del Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU, quien afirmó que el Grupo de Trabajo que da seguimiento al asunto tiene más para preocuparse que para extender algún beneplácito (El Universal, 26-X-15)
Sostuvo que la autoridad no sólo no ha reconocido las dimensiones del problema (“desapariciones generalizadas”) sino que “se ha dedicado a minimizarlo” y a “enfurecerse por el diagnóstico”, donde la impunidad “es prácticamente absoluta”.
Eso sí, en vez de seguir las recomendaciones para revertir el problema, se busca compensar con ensayados actos de fe: “estamos del mismo lado”.

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