15 junio, 2026

Reporteros en Movimiento

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Por Raúl Río Valle

Hace un año el sueño peñista estaba en su cenit. Si en los últimos días alguien pensaba que lo peor de las sucesivas tormentas que lo atormentan había pasado, se equivocó. Todo indica que haber entregado el control del PRI a Beltrones poco les ayudará. Que colocar una triada alternativa para la sucesión presidencial en las personas de Beltrones-Meade-Nuño, no puede hacer nada a favor del barco gubernamental que aun zozobra en aguas turbulentas.

El informe que presentó el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos sobre el caso de la desaparición forzada de los 43 normalistas de Ayotzinapa, tira la inverosímil “verdad histórica” del gobierno de Peña y la convierte en una mentira histórica ante los ojos del mundo. Pero dicho informe anuncia también la formación de nuevas tempestades sociales, ciclones económicos y huracanes políticos.

Según la “verdad histórica” de Murillo Karam “los estudiantes normalistas fueron privados de la libertad, privados de la vida, incinerados (en le basurero municipal de Cocula) y arrojados al río San Juan”, en ese orden. En el intermedio de haber sido privados de la libertad y privados de la vida fueron entregados por los policias municipales a la banda criminal los Guerreros Unidos, quienes los habrían incinerado y exparcido sus cenizas por el río San Juan.

En su investigación el Grupo de Expertos de la CIDH ha hecho tres decubrimientos que refutan totalmente la “verdad histórica” de Murillo Karam y dan un giro a la misma, abriendo nuevos escenarios:

1) Han demostrado que el fuego de la incineración no es posible. En su informe el grupo de expertos concluye que los 43 normalistas desaparecidos en Iguala no fueron incinerados en el basurero de Cocula, “cientificamente, eso es imposible”, han dicho. Y confirman lo que expertos mexicanos dijeron desde el principio. La pregunta ahora es: ¿Si los 43 normalistas no fueron incinerados, en dónde de encuentran? La busqueda que nunca se paró, ahora se intensifica.

2) El quinto autobús borrado en la investigación de la PGR. En las primera declaraciones ministeriales los normalistas sobrevivientes hablan de 5 autobuses, en el informe de Murillo Karam se habla solamente de 4. ¿Por qué es tan relevante la existencia del quinto autobús? Porque la PGR desaparecio evidencias de la intervención directa del narcotráfico para recuperar, presuntamente, un cargamento de goma de opio, de heroina o de dinero que, sin saberlo los estudiantes, iba en el autobús Estrella Roja borrado del informe de Murillo Karam.

Ahora la hipótesis del narcotráfico se presenta más concistente y puede ayudar a explicar el porque fue tan extrema “la violencia desatada contra los normalistas, y posteriormente contra el equipo de futbol Los Avispones y otras personas, confundidas con ellos”, el objetivo era no dejar salir los autobuses de Iguala. Para los expertos internacionales “El negocio que se mueve en Iguala podría explicar la reacción extremadamente violenta y el carácter masivo del ataque”.

3. La presencia del ejército ha quedado demostrada. Murillo Karam siempre dijo que no había una sola prueba de participación del ejercito aquella noche del 26 de septiembre. Y que ninguna instancia federal tuvo conocimiento de los hechos sino hasta mucho tiempo después.

Lo cual es falso, el Grupo de Expertos demostró que la PGR cuenta con declaraciones de agentes de inteligencia militar que aceptan haber estado en lugares donde se desarrollaron ataques contra estudiantes, e incluso reconocen haber presenciado algunos ataques, sin intervenir en auxilio de las víctimas, por carecer de ordenes para ello.

Los periodistas Anabel Hernández y Steve Fisher en la revista Proceso, que circula en ésta semana, demuestran claramente la intervención de elementos del ejército desde el principio del operativo, a través de grupos especiales de informantes denominados Órganos de Busqueda de Información, que tuvieron al tanto a los mandos permanentemente.

Además, de que en esa noche salieron a las calles de Iguala dos escuadrones del Grupo de Fuerza de Reacción, armados con fusiles G3 y un vehículo de Guerra llamado Cand Cat, equipado con metralleta. El éjercito actuó recopilando información y entrando en acción solamente con presencia en la calle. Pero actuó y no intervino a favor de las víctimas. Fue omiso deliberadamente, al menos.

Del informe de los expertos de la CIDH se desprende que en la noche del 26 al 27 de septiembre del año pasado, cuando se perpetró la agresión contra seis autobuses, 5 con normalistas de Ayotzinapa y uno con jovenes del equipo de futbol Los Avispones. En las calles de Iguala anduvieron, al parecer con el mismo objetivo, policías municipales, policías estatales, policías federales y elementos del ejército.

Las fuerzas del Estado, sin duda. Por eso en el imaginario colectivo se ha avivado nuevamente la imagen y el señalamiento directo: Fue el Estado. Y las fuerzas profundas de la sociedad mexicana se han comenzado a mover impetuosamente en torno a la presentación con vida de los 43 normalistas, pero también ha resurgido con fuerza la demanda de la renuncia de Peña.

Todo ello en el contexto de la crisis multiple que vive México con el gobierno de Peña. Y en el marco además del primer aniversario de la desaparición forzada de los 43 normalistas de Ayotzinapa. Ya se vislumbra en el horizonte que se cierne sobre Peña, el PRI y sus aliados una tormenta política perfecta.

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