Ingrid Bengoa / NotieSe
Ecatepec, Méx.- Para la elite del gobierno los pobres que habitan las periferias de las grandes ciudades son violentos, ignorantes, faltos de racionalidad y sentimientos, en pocas palabras, futuros delincuentes.
El estado de México no es la excepción. Según el Informe de víctimas de homicidio, secuestro y extorsión 2014, en esta entidad se reportaron un total de 3,019 homicidios de enero a agosto, de los cuales se desconoce el género y móvil del crimen.
Aunque muchas de estas cifras no son detalladas, el estigma sobre los municipios de más alta peligrosidad y violencia engloba a Netzahualcóyotl, Chimalhuacán, Tecamac, Tlalnepantla, Naucalpan y Ecatepec, y lo conforman los habitantes de estas localidades que se ven expuestos a diario a la dinámica de la violencia.
En cuanto a los casos de feminicidio, los reportes oficiales de la Procuraduría General del Estado de México señalan que entre marzo de 2011 a junio de 2012, de 563 mujeres asesinadas, 115 son víctimas de feminicidios; sin embargo, al dar un vistazo a las diversas publicaciones de nota roja podremos constatar que los asesinatos por motivos de género son más y que se concentran sobre todo, en los límites del área conurbada de la ciudad de México.
Este es el panorama de violencia, marginación e impunidad de Ecatepec, aumenta la discriminación hacia la mujer gracias a la marcada cultura misógina y machista que se exacerba en dichas condiciones de discriminación por género.
“La violencia comienza desde el hogar”, comenta Tania Trejo, joven egresada de escuela
media Francisco Villa, donde el profesor Manuel Amador lleva cabo constantes actividades para erradicar la violencia de género y el feminicidio en Ecatepec. Ésta también es cofundadora del colectivo Las putas: movimiento de lucha y defensa por los derechos de las mujeres, que tiene como objetivo ayudar a las mujeres que viven situaciones de violencia, sea sexual, psicológica, doméstica o acoso.
Comentó que uno de los primeros pasos para erradicar la violencia de género es desmitificando el lenguaje “por ello nuestro colectivo fue bautizado así, ya que el estigma de la palabra puta es el primer paso hacia un camino de constante violencia hacia nosotras”.
“Nuestro proyecto también se encarga de apoyar a los grupos vulnerables como lo son niños y los adultos mayores pues al realizar actividades comunitarias en las calles, fomentamos la ayuda mutua”, agregó.
Destacó que tienen la intensión de fusionar este colectivo con otros grupos sociales para consolidar una organización no gubernamental que imparta talleres de empoderamiento social, sobre todo para las mujeres ya que “es necesario fomentar un espíritu de lucha en ellas, y que logren independencia económica y desprendimiento a sus contextos de violencia familiar y social”.
Así, una de sus metas a largo plazo es llevar su organización al resto de su estado pues “aunque Ecatepec es el municipio mexiquense con mayor índice de feminicidios y desapariciones de adolescentes y niñas, es importante que los demás lo sepan”.
Con ello quieren mostrar a la gente de su comunidad y a otras mujeres víctimas de violencia que no están solas, que hay mujeres trabajando
para las mujeres.
Esta joven y su colectivo colaboran de forma amplia con las actividades que realizan los alumnos
de la Panchito, pues aunque ya son egresadas, “el profesor y las nuevas generaciones necesitan muchas manos para seguir repeliendo este cáncer social”.
Hombres contra el feminicidio
La omisión, discriminación y misoginia institucional son las principales causas por las que la violencia de género llega hasta niveles alarmantes como el feminicidio.
En México, según la Organización de las Naciones Unidas, entre 2006 y 2012 los feminicidios aumentaron 40 por ciento. Así, en el país se cometen 6.4 asesinatos de mujeres por día, de los cuales, 95 por ciento quedan impunes. En el estado de México no es distinto.
Durante la administración de Enrique Peña Nieto, según las indagaciones del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio, se asesinaron mil 997 mujeres, a diferencia de Ciudad Juárez donde el número de estos crímenes contra mujeres es 15 veces más alto que el promedio mundial.
Ante ello, son múltiples las acciones que la sociedad civil ha tomado. No es extraño que ante un clima de intensa violencia los ciudadanos organicen sus propios cuerpos de seguridad, aunque transgredan normas federales.
Caso paradigmático es el de Michoacán donde los grupos de autodefensa, ante la constante presencia del crimen organizado, han instituido en sus comunidades grupos de autodefensa armados para hacer frente a la extorsión, pillaje, autoritarismo y corrupción entre esta mafia y políticos locales.
Sonado fue el caso de pernada entre menores de edad en estas zona asolada por delincuencia, donde muchas niñas y mujeres fueron ultrajadas y violadas, cuando no eran asesinadas, por Los Caballeros Templarios.
Ello fue la gota que derramó el descontento social entre la población de de Apatzingan, Lázaro Cárdenas, Coahuayana, entre otros aledaños y que decantó en la conformación de las autodefensas del hoy prisionero José Manuel Mireles. Sin embargo, pese a que la extrema violencia se está expandiendo por todas las regiones del país, que desmiembra el tejido social, y por consiguiente a las mujeres, la lucha armada no es la única forma de enfrentarla.
Una muestra de ello son las actividades performáticas que realiza el profesor Manuel Amador de la Escuela Preparatorio Número 128 Francisco Villa, en el municipio Ecatepec.
La escuela atiende alrededor de 500 alumnos y 30 profesores, donde la mayoría son mujeres, muchas de ellas desoladas por la situación de violencia y acoso sexual que viven en su entorno.
Por lo que la presencia del profesor encajó perfecto. En su carrera, Manuel Amador ha luchado por los derechos de muchas minorías, entre ellos las personas lesbianas, gay, bisexuales, transexuales, transgénero, travestis e intersexuales, tanto desde el gobierno como desde organizaciones no gubernamentales.
“Mujeres: Arte y política” es el proyecto que ha catapultado a este activista como defensor de los derechos de las mujeres en Ecatepec. Su principal labor es como docente, pues procura a las alumnas y alumnos de dicho plantel una solución positiva a los problemas que los aquejan, sean económicos, políticos, sociales o culturales.
El principal objetivo, según Miguel, egresado de esta escuela, actual estudiante de la Universidad Autónoma Metropolitana, es erradicar toda forma de violencia de género en su comunidad, porque “no sólo es la violencia extrema en forma de feminicidio, sino la de baja intensidad, desde insultos hasta frases misóginas del imaginario cultural”.
Mencionó que, durante su estancia en el plantel, los profesores se preocuparon por contagiarles de esa fuerza para luchar por lo que les pertenece y que les ha sido arrebatada: la seguridad y tranquilidad.
Consideró también que el bienestar de su comunidad es una obligación que recae en su generación, aunque dijo que muchos de sus compañeros no siguen con dichas enseñanzas y optan por seguir las tradicionales situaciones de violencia, sin importar nuestro porvenir.
Explicó que los grupos vándalos atentan con la integridad si no se integran a su prácticas delictivas. Dicho comportamiento, agrega, denota el profundo machismo que pervive en Ecatepec, porque si no muestras rasgos de “valentía” serás sujeto de violencia, como los son muchas jóvenes mujeres.
Resaltó que con las prácticas realizadas en conjunto con la Panchito han procurado enseñar tanto a autoridades como a la ciudadanía que la violencia hacia la mujer no es un asunto privado, sino una forma de combatir la naturalización del machismo, misoginia y violencia de género que, por desgracia, apaga muchas féminas.
Así, consideró importante la inclusión de los hombres tanto en las actividades como en el cambio cultural, ya que, afirma, nuestro género es el victimario.
Empoderamiento: Más allá del objetivo
Aunque gran parte de la violencia de género se origina desde de los hogares, el asesinato sistemático de mujeres no es un problema privado.
En la mayoría de estos casos, los operadores de justicia reniegan de esta tipificación sea por desconocimiento o por recelo a aceptar que la condición de ser mujer es un pretexto que desata la ira de los hombres, seres violentados. Por ello, estos burócratas se desentienden de dichos casos, negando muchas veces la procuración de la justicia.
Aunado a ello, gran parte de las víctimas del feminicidio son pobres, situación que las vulnera más en este contexto de marginalidad y depauperación social que se vive en municipios colindantes con las grandes urbes como lo es Ecatepec.
Ante esta persistente violación de los derechos humanos de mujeres, para algunos ciudadanos es primordial dotar a su comunidad de justicia, respeto y dignidad.
Por ello, una alternativa importante es el empoderamiento de las chicas, mujeres y niñas en este contexto. Aquí resalta, una vez más, el arte como alternativa a la situación de violencia.
Si bien, el principal objetivo de los talleres y actividades de empoderamiento y de protesta social es impulsar una conciencia crítica, Manuel Amador, fundador del taller “Mujeres: arte y política”, lo ha llevado a otro nivel.
Al respecto, este profesor de la Preparatoria 128, mejor conocida como Panchito en Ecatepec, comentó al respecto que no ha sido una tarea fácil porque la situación de violencia, machismo, abandono social y la precariedad que se vive día a día en el municipio mexiquense a veces es desalentadora, pues coloca una gran barrera cultural difícil de resquebrajar.
Sin embargo, el profesor pretende articular el análisis y aprendizaje para crear alternativas pedagógicas que hagan frente a las situaciones sociales que se viven en la Hank González, colonia donde se sitúa esta escuela y la situación de extrema violencia feminicida.
Señaló que la principal problemática a vencer es la violencia familiar, puesto que la considera la suma de todas esas situaciones sociales que contribuye a su sufrimiento, violación y asesinato de mujeres.
Recalcó que este patrón es un síntoma de constante violencia desde la relación madre-hija, pues la cultura machista que pervive debido a la ignorancia y no acceso a una educación de calidad, fomenta prácticas tradicionales que vulneran generación tras generación a las mujeres. Lo más común es que la educación familiar, continuó Amador, genere estereotipos morales para hacerlas blanco fácil de relaciones destructivas y dependientes a esos tratos violentos.
Sin embargo, reconoce que algunas, hartas de su situación de violencia, misoginia y degradación, “toman al toro por los cuernos” mediante el estudio, el trabajo y la superación cultural. Sólo así logran salir adelante.
Otras jóvenes, por el contrario, continúan la cadena de maltratos, vejación y violencia de género al convertirse en madres adolescentes, situación que, según este educador, se presenta con mucha frecuencia entre las alumnas del plantel y que es una de las principales causas de deserción escolar.
Este panorama es presentado a las alumnas mediante las actividades de empoderamiento de género “O te mueres o te liberas”, les subraya Manuel cada vez que sea posible, pues lo considera el primer paso para el cambio de conciencia en algunas de las alumnas.
Gracias a ello, concluye, son egresadas, realizan sus propios proyectos sin dejar de lado la perspectiva de género, se organizan y colocan su granito de arena en la sociedad para defender sus derechos.


Te puede interesar
Cuatro menores ausentes son localizados y entregados a salvo a sus familias
¡El progreso no se detiene! Azucena Cisneros da banderazo de inicio a obras en la avenida Ecatepec
Centro de Justicia de San Agustín convertido en delincuencia organizada