Por José Luís Hernández Jiménez
¿Cómo les va, estimados cuatro o cinco lectores, disfrutan los caminos de Michoacán? Porque, a propósito de los recientes hechos violentos en ese estado, a nombre del Presidente, dijo don Miguel Ángel Osorio Chong, que: “No vamos a permitir que los criminales sigan…haremos nuestro trabajo”. Está bien que el Secretario de Gobernación explique así, que se faja los pantalones para frenar la criminalidad.
El nuevo problema es que ya tiene un año completito, diciendo lo mismo. Y mientras, la inseguridad, por el fortalecimiento del crimen organizado, en la entidad de los tarascos, tariácuris y demás – ¡y en otros Estados eh!- , sigue creciendo exponencialmente.
Si algunos comentaristas, de cierto prestigio, se han animado a decir que lo que hoy se vive en Michoacán, es una “guerra civil”, es porque lo que ahí sucede (enfrentamientos armados entre grupos del crimen organizado y grupos de civiles autodenominados como Autodefensas), es para que todos nos preocupemos. Y no solo por los que fallecen, sus familias y sus bienes y porque en esas situación, nadie puede considerarse a salvo, sino también por la incapacidad ó franca ausencia, durante muchos años, de los diferentes gobiernos municipales, estatales y federales.
¿Cuándo inició el problema? Hace muchos años, en la era del auge priísta. ¿Cuándo se agravó? Parece que cuando en Michoacán gobernaba un junior – los hijos de papi, siempre son juniors -, Lázaro Cárdenas Batel, pues fue él quién dio la voz de alerta. En las postrimerías de su gobierno, se acercó al entonces nuevo Presidente de la República, y al oído le dijo: “Oye Felipe, échanos la mano. Por acá, nada podemos contra el crimen organizado”. Y Calderón decidió empezar ahí, la guerra contra esa delincuencia. Pero ya no hubo ni siquiera coordinación entre las instancias estatales y federales, pues ya se gestaba el nacimiento del nuevo gobierno de esa entidad.
Desde la misma campaña interna del PRD para elegir candidato a gobernador, se vislumbraba que el problema crecía y crecía. Uno de los precandidatos a tan alto cargo, Cristóbal Arias, se desgañitaba acusando que en el equipo de su contrincante, Leonel Godoy, había infiltrados del narco. Lo tiraron de a loco. Y Godoy ganó la candidatura y la gubernatura. Luego se supo que uno de aquellos infiltrados – ¡cercano del mero líder de los llamados Caballeros Templarios, antes conocidos como La Familia Michoacana, “la Tuta”! – era el propio medio hermano del Gobernador Godoy, Julio Cesar, a quien su
Partido, el PRD, hizo Diputado Federal y el propio Coordinador del Grupo de esos legisladores, Alejandro Encinas, escondió en su oficina, para que pudiera tomar protesta como tal, pues lo PGR ya andaba tras de sus pasos. Hoy sigue prófugo.
Quizá por ello, el nuevo Gobernador, Fausto Vallejo, resultó ser del PRI. Pero el crimen organizado ha seguido creciendo, a tal grado, que ahora hay otros involucrados, civiles que dicen defenderse, autodenominados Autodefensas, cuya organización, emulando el ejemplo, de grupos similares del vecino, Guerrero, también ha crecido y al parecer con mayor éxito que los gobiernos.
¿Ampara la ley a estos Autodefensas, sean de Michoacán o de Guerrero o de donde sea? Sí, porque alegan la defensa propia. No, porque tienden a practicar ó, de plano, practican la justicia por propia mano.
Porque una cosa es la “defensa propia” y otra muy diferente, es la “justicia por propia mano”. La primera es tolerada por la ley. Cualquier ciudadano mexicano puede tener armas, debidamente regularizadas, en su domicilio. Y si tiene que usarlas para su defensa propia y en determinado proceso judicial así lo comprueba, es un atenuante. Pero la segunda – justicia por propia mano – está prohibida por la Constitución, en su artículo 17.
De tal manera que ahora los gobiernos municipales y estatal de Michoacán y federal, por su incapacidad en materia de inseguridad, tienen un problema agravado: Por una parte, el crimen organizado se ha fortalecido en todos sentidos, al grado que disputa al tú por tú, al Estado y a la sociedad civil, los propios espacios de éstos. Y por otra, sectores de esa sociedad civil, se han organizado para defenderse (bien hecho) y para hacer justicia por propia mano (ilegalmente hecho).
Lo peor es que la estrategia de esos gobiernos no solo no está dando resultados para resolver tan grave situación, sino que ni siquiera es clara y, quizá, ni legal; pues para cercar con el ejército, como se está haciendo, algún municipio o alguna región del país, se requiere declarar la suspensión de garantías. No se hizo. O decretar la desaparición de poderes de Michoacán. Tampoco se hizo. O, al menos que el Congreso Local, solicitase formalmente, el apoyo del gobierno federal. Tampoco se hizo. Y si las autoridades legalmente constituidas, no respetan la ley, ¿cómo piden que los gobernados lo hagan?
A ver si no, estos gobiernos, como los anteriores, también entregan malas cuentas, en los caminos de Michoacán.
Notitas: Una.- Que muchos se quejan del dispendio en propaganda del Gobernador de Chiapas, con el pretexto de difundir su “1er. Informe de gobierno”. Pero nada dicen, de que similar dispendio hacen los Jefes Delegacionales y Diputados del DF. Y es que todos son iguales. Dos.- Que ya saben mis estimados: para este 2014, a seguir haciendo ejercicio cotidianamente y a sembrar, aunque sea, un árbol. Son dos maneras de cuidar la naturaleza, ¿va? Correo E hernandez-jimenez2012@hotmail.com
México D. F. a 15 de enero del 2014.

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