Música y matemáticas, recurrente forma y fondo que se conciben en acordes y armonías, ritmo, tiempo. O como dicen los antiguos griegos: “toda la naturaleza consiste en armonía que brota de números”.
Al escuchar la Sinfonía No.3 en Mi Bemol, Op. 55 “Eroica”, de Ludwig van Beethoven, en interpretación de la Orquesta Sinfónica del Estado de México (OSEM) el pasado domingo 2 de junio, en el Centro Cultural Mexiquense Bicentenario (CCMB) de alguna manera pasó por mi mente la teoría aquella de que la música es como las matemáticas, de que la variabilidad de los acordes pertenecen al campo de lo infinito y de que la emotividad de Beethoven es, en apariencia, un súbito y tempestuoso giro en ciertos tiempos y tonos, al punto de corroborar que la naturaleza del tiempo está más allá de la linealidad (dura, aproximadamente, 48 minutos) y es posible concebirlo en su calculado arrebato dialéctico.
Y también, durante el desarrollo de dicha sinfonía, fue innegable el carácter de terapia de sanación que buena parte de la música clásica ejerce en el espíritu.
En no pocos de los oyentes produce expectativa creciente y reflexiva atención. Cosa de otear el panorama que prevalece en el público cercano e inclusive comprobar que quien está cerca de ti escucha la música con los ojos cerrados, como si estuviese en franco proceso a la levitación.
En algunos otros induce al relajamiento, a los albores de la somnolencia y también a una repentina curiosidad por la indudable brillantez de la configuración de las obras beethonianas.
Es decir, de la música de Beethoven habrá que recordar su perseverante afán de renovación: dedica dicha sinfonía (la Eroica) a Napoleón, aunque suprimió esta dedicatoria tras la proclamación del general como dictador. Compuso una ópera (Fidelio), donde ensalzó los valores de la Revolución Francesa. En sus sinfonías 4, 5 y 6 apuntan rasgos de música romántica. Hace el concierto para piano “El Emperador”.
Música y matemáticas, recurrente forma y fondo que se conciben en acordes y armonías, ritmo, tiempo. O como dicen los antiguos griegos: “toda la naturaleza consiste en armonía que brota de números”.
Habrá que seguirle la pista a la OSEM el próximo 9 de junio en el CCMB. Toca el turno a interpretaciones de obras de Kara Karayev, Tchaikovsky y Rachmaninoff. La cita es a las 12 porque el concierto inicia, puntualmente, a las 12:30 horas.


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