Por José Luís Hernández Jiménez
Si, como dijo don Miguel Ángel Mancera, Jefe de Gobierno del DF, en varias entrevistas concedidas recientemente a medios de comunicación, su prioridad es trabajar por el bienestar de los capitalinos, le conviene que los ciudadanos chilangos, tengamos los mismos derechos políticos que quienes habitan en un Estado de la federación.
Lo malo para los habitantes del DF es que, el mismo Dr. Mancera ha sido enfático al señalar que en la reforma política que promueve, no se contempla la existencia de municipios. Lo peor, y como para remachar tal negativa, uno de los Senadores de la República que representa al DF, Mario Delgado, ex compañero de gabinete del propio Mancera y consentido del anterior Jefe de Gobierno, también ha sido claro al respecto, pues ha dicho que el DF no se convertirá en un nuevo Estado de la federación. Así que si de ellos – del Dr. Mancera y el Senador Delgado – dependiera, los ciudadanos chilangos, seguiremos siendo tratados políticamente como menores de edad. Allá ellos con sus criterios excluyentes.
Para colmo, la nueva reforma política para el DF, no parece ser la prioridad del Presidente de la República y gabinete que le acompaña, pues está muy calladito al respecto. O a lo mejor, está esperando que sus aliados de la llamada izquierda, aprueben sus principales reformas en el Congreso y ha de decir, luego hablamos.
Por ello, los ciudadanos de la capital – que en este asunto somos como las víctimas – debemos exigir que nuestros derechos políticos, nos sean reconocidos plenamente. Es decir, debemos poder elegir cuanto antes a nuestros Ayuntamientos, Congreso Local y Gobernador. Ello, incluso como una manera de facilitar, mediante la participación ciudadana que significaría tales medidas, la solución de de los múltiples y graves problemas que perjudican al DF y a sus habitantes.
Ahí está la grave contaminación ambiental, que no cede, causando gran deterioro a la salud de los chilangos, y que tiene ubicada a la capital de nuestro país, entre las diez ciudades mas contaminadas del mundo, compartiendo esos créditos con las capitales de China, Gran Bretaña, Francia, España, Italia, Irán, India, Japón y, además, Los Ángeles, en EU.
Ahí está el tráfico infernal, por tanto vehículo circulando, que casi todos los días del año, padecemos en el DF, y que nos tiene a todos con los nervios a punto de explotar, a cada momento.
Ahí está la inseguridad pública, cotidiana, que solo se ataca a nivel de percepción ciudadana, con publicidad, pero no en la realidad. Basta con ver la nota roja de los medios de comunicación y/o las estadísticas oficiales, para darse cuenta de que la inseguridad en el DF, es el pan de cada día.
Ahí está el problema de la inequitativa distribución del agua potable en la ex ciudad de los palacios, que provoca que haya fraccionamientos en los que el consumo promedio, por persona, del vital líquido, sea de 400 litros por día, y al mismo tiempo, haya colonias de Iztapalapa, por ejemplo, en las que tal promedio es de 4 litros.
¿Cómo atacar esos y otros graves problemas, de manera eficaz? Con buenas ideas sí, pero, sobre todo, con la participación ciudadana.
¿Y cómo promover la participación ciudadana? Pues abriéndole causes legales, elementales, en este caso aprobando que se modifique la Constitución Política, para que los ciudadanos capitalinos, ejerzamos plenamente, nuestros derechos políticos, transformando lo que hoy es el D F, en un nuevo Estado de la federación, lo cual está, de alguna manera, previsto en los artículos 44 y 73 de la Constitución Política del país. Total, el único requisito legal para solicitar al Congreso, erigir un nuevo Estado, es que la fracción o fracciones que lo pidan, “tengan al menos 120 mil habitantes”, (es decir, cualquier Delegación, podría solicitar convertirse en Estado). Lo demás, es que nuestra clase política – empezando por el Jefe de Gobierno, y los así llamados “representantes populares”, es decir, sus Senadores y Diputados Federales, pues ellos son los que votan en el Congreso – , tengan la suficiente visión, sensibilidad y voluntad políticas, para hacerlo realidad.
Así que, más que denominarle “Ciudad Capital”, urge convertir al DF en un nuevo Estado de la federación – apartando uno de sus espacios geográficos, para que siga existiendo aquí un DF –; es necesario que sus actuales Delegaciones sean convertidas en Municipios (aunque hay Delegaciones que, por su tamaño y cantidad de habitantes, conviene dividirlas, Gustavo A. Madero en dos e Iztapalapa, en tres) para que se puedan elegir Ayuntamientos.
Luego se podrá convocar a un Congreso Constituyente, para aprobar la Constitución local y… ¿Cómo la ven desde ahí, mis estimados cuatro o cinco lectores? Y sin albur, ¡eh!
Notitas: Una.- Que estuvo muy bien que el Jefe de Gobierno del DF, dijera en su Informe presentado a propósito de sus primeros 100 días de mandato, que “la izquierda no tiene dueño, que él prefiere mantener su perfil ciudadano y que va a seguir
intentado gobernar para todos”. Dos.- Que los no priístas en la Cámara de Diputados, obtuvieron un triunfo pírrico – ¡bastaba con un periodicazo! -, pues lograron aprobar que se exhorte al Presidente a que detalle sus bienes patrimoniales. Tres.- Que la discusión sobre el tema petrolero, es como una Torre de Babel, ya que mientras unos dicen: “¡PEMEX debe modernizarse!”, los de enfrente responden: “¡No a la privatización de PEMEX!”. Ese diálogo es entre sordos. Cuatro.- Que el 5 de abril, a las 5 de la tarde, en Periférico y Ermita Iztapalapa, en el DF, hay un homenaje a Heberto Castillo, defensor verdadero del petróleo mexicano, por los 16 años de su fallecimiento.

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