Cuando nos enteramos que jóvenes “estudiantes” destruyen instalaciones del CCH, que se enfrentan a golpes en los estadios o que agreden a un rector lanzándole objetos nos deberíamos preguntar si en realidad son estudiantes que han asimilado algo de la educación que les impartieron desde la primaria o si desde el seno de sus familias les han enseñado el respeto que no debe perderse al defender un punto de vista o al reclamar sus derechos.
En los últimos años los jóvenes ha aprendido a conseguir sus objetivos manoteando, gritando y cometiendo actos de vandalismo, pero cuando la autoridad policiaca interviene los detiene por faltas a la ley, de inmediato quieren hacerse pasar por víctimas.
¿Porque no privilegiar el diálogo antes del desgaste de las manifestaciones?, pues porque casi siempre las protestas en las escuelas tienen un fondo político o personal que nada tiene que ver con el interés común de los demandantes.
En el conflicto más reciente, el de la Universidad Tecnológica de Nezahualcóyotl, donde si hay necesidades de los alumnos en materia de infraestructura y otros apoyos escolares, existen intereses oscuros que buscan negociar el despido del director de la División de Administración.
Además que algunos maestros de filiación panista, perredista y hasta algunos priistas, políticos frustrados, quieren el reconocimiento de un sindicato alterno porque no fueron capaces de ganar con votos a la actual representación sindical. luisayalaramos@yahoo.com.mx

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