6 octubre, 2026

Reporteros en Movimiento

Información sin censura

Por José Luís Hernández Jiménez

Dicen que nunca falló un tiro pero, finalmente, lo mataron; y de la manera más paradójica; porque no fue un enemigo sino uno de sus compañeros, mas enfermo que él, y no en el campo de batalla, sino muy cerca de su casa, quien le dio un balazo. Así acabó su leyenda, pero no su mal ejemplo.

Su patrón se ufanaba de su hazaña que consistió en haber matado a 150 personas, aunque en su libro, él mismo confiesa que fueron más sus víctimas. “Fueron 250 y lo volvería a hacer”, escribió.

Por supuesto, me refiero a Chris Kile, de 38 años, quien era considerado el francotirador más letal de los Estados Unidos. Era un SEAL, es decir, un integrante de las tropas de elite de la Marina de ese país. Combatió en Irak, en varias misiones. Sus compañeros le apodaban “La Leyenda”. Sus enemigos le decían “El Demonio” y ofrecían 80 mil dólares por su cabeza, “vivo o muerto”. Él consideraba a su labor como “divertida” pues le tocaba matar a “puro despreciable salvaje”. Así se refería a los insurgentes de Irak.

Su trabajo no era muy difícil, pues afianzaba muy bien su rifle dotado de mirilla telescópica, con toda calma apuntaba al blanco (aunque mas bien era moreno o morena), y oprimía el gatillo. Podía estar a 100 metros de distancia, o 300 o 500. O hasta 2 kilómetros de lejos. Nunca fallaba. Los tocados por sus balas, eran seguros difuntos.

Oficialmente Kile mató mas gente que un tal Waldron (no Walton, este es otro torpe), quien despachó al otro mundo a 109 vietnamitas – y tenia el record – en aquella otra guerra. Y a ambos, su gobierno y su sociedad, les da trato de héroes, aunque su labor, en mi opinión, sea despreciable, ser asesinos a sueldo. O sea, ser sicarios con otra denominación y con un patrón institucional, el gobierno de los EU a través del Pentágono y, además, avalado por su sociedad.

En México algo sabemos de eso. Guardadas todas las proporciones, también tenemos “nuestros” sicarios. Incluso, casos muy graves, niños sicarios.

Veo en las noticias que en Zacatecas, un niño de 13 años, acusado de asociación delictuosa (con Los Zetas), homicidio y secuestro, que confiesa haber matado a 10 personas, fue internado, por unas horas, en el Centro de Internamiento y Atención Integral Juvenil, pero dejado en libertad pues la edad mínima para ser castigado es la de 14 años.

Y eso me remite a “El Ivancito”, Iván Adrián Pizaña quien, en el DF, a los 17 años, fue detenido, acusado de privación ilegal de la libertad, robo a transeúnte y homicidio calificado. A esa edad había matado a 20 personas. Estuvo “preso” 5 años en la Comunidad para Adolescentes en Conflicto (CAC). Salió libre en noviembre de 2012. Para fines de diciembre, a otro joven mató de un balazo, porque “se le quedó viendo feo”. Escapó. El 10 de enero fue detenido de nuevo.

O a “El Ponchis” quien en Cuernavaca, Morelos, cuando contaba con 14 años de edad, fue detenido por el Ejército mexicano, a quien confesó que su carrera delincuencial comenzó cuando líderes de otro cártel, le ordenaron, ¡tres años antes!, cortar las cabezas de cuatro sujetos. Hoy tiene 17 años y sigue en el Centro de Ejecución de Medidas Privativas de la Libertad para Adolescentes, en espera de cumplir la mayoría de edad para ser evaluado y enviado a EU, donde vive su familia.

Y si de records se trata, con mayores de edad, ahí tenemos a Teodoro García Simental, quien en Baja California, con apoyo de Santiago Meza López, mejor conocido como “El Pozolero”, detenido por el Ejército, confesó haber matado a 300 personas de un cártel rival y deshecho sus cuerpos en un tambo con sosa cáustica.

En el fondo son lo mismo, asesinos a sueldo. Una actividad despreciable, que no debiera permitirse por la sociedad, llámense francotiradores o sicarios.

Infortunadamente, éste tipo de violencia es alardeada, laureada, es decir, fomentada, desde muchos flancos de nuestra civilizada y moderna sociedad. Los medios de comunicación tienen mucho que ver al respecto. En estos días, por ejemplo, una película violenta es candidata para ganar un Oscar de la academia joligudense.

El caso es que el tal Kile, que ya administraba su propia empresa de seguridad, desde la que pregonaba que “aunque tu madre te diga lo contrario, la violencia resuelve los problemas”, fue asesinado el 2 de febrero pasado, en Tejas, EU, por otro marine, Eddie, para los cuates, enfermo de estrés postraumático por haber participado en la guerra de Irak, mientras practicaban tiro al blanco. Aunque en su funeral fue tratado como héroe; para mí, francamente, era un simple sicario de un país poderoso. O ¿cómo ven, estimados cuatro o cinco lectores?

Notitas.- Una.- Que el Papa, sí le hizo caso a don Alejandro Marti, cuando éste dijo: “¡si no pueden, renuncien!”. Benedicto XVI, con una actitud honesta,  renunció porque, a su edad, ya no podía con el paquete. ¡Ah, si nuestra clase política hiciera lo mismo! Dos.- Que primero fue Luís Carlos Ugalde. Ahora, en la mira estaba Leonardo Valdez Zurita. Seguirá el que quede en lugar de éste, a partir de noviembre. Y así seguirán rodando las cabezas de los Consejeros Presidentes del IFE, mientras los Partidos, sigan haciendo berrinche, cuando algo no les parece. Tres.- Que porque fue un éxito, “Sueño y Mentiras de una Emperatriz” (monólogo basado en Noticias del Imperio” de Fernando del Paso) se repite el próximo martes 19 de febrero, a las 19 horas, en el Centro Cultual José Martí, en el centro del DF. Cuatro.- Que si ya están haciendo ejercicio, mis estimados, para no oxidarse. ¡Pues anímensen!

 

Correo E. hernandez-jimenez2012@hotmail.com

México D. F. a 13 de febrero de 2012.

 

 

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