Por José Luís Hernández Jiménez
Este 5 de febrero cumple ¡96 años! La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, su nombre oficial, ha resultado ser más longeva que sus antecesoras. Ha de ser gracias a las 540 reformas a que ha sido sometida para actualizarla, reformas que han sido como las operaciones que se le practican a un ser humano para rejuvenecerlo. Aún así, el tiempo no pasa en vano.
La primera Constitución que tuvo nuestro país, ya como país independiente, la de 1824, alimentó su contenido con ideas plasmadas en ordenamientos anteriores como la Constitución de Cádiz, de 1812, los “Sentimientos de la Nación” de 1813 y el “Decreto Constitucional para la Libertad de la América Mexicana”, mejor conocido como la Constitución de Apatzingán, de 1814.
En ella se plasmaron conceptos que sobreviven en la Ley vigente, como que la soberanía nacional reside en el pueblo, el tipo de gobierno como una República Federal, Representativa y Popular, la división de la representatividad el Estado reside en tres Poderes, la existencia de dos Cámaras legislativas y cuestiones que hoy nos pueden parecer curiosidades, como que la duración del mandato Presidencial sea de 4 años, que hubiera el cargo de Vicepresidente, para el candidato que obtuviera el segundo lugar en los comicios, que el sufragio se ejerza en “juntas electorales de parroquia, de partido y de provincia” y que la religión oficial sea la católica. Fue promulgada los días 3 y 4 de octubre del 1824 y su vigencia fue de 33 años.
La segunda, es decir la promulgada el 5 de febrero de 1857, mantuvo algunos conceptos de la anterior, pero puso énfasis en el liberalismo de la época, o sea, en la libertad del individuo, le agregó cosas como “la libertad de la enseñanza”, instauró que “ciudadanos eran los varones con 18 años de edad si ya estaban casados y de 21 años si no lo estaban”, y aumentó la duración del mandato presidencial de 4 a 8 años. Pero, sobre todo, incorporó en su contenido las llamadas “Leyes de Reforma”, que secularizaban la vida pública del país, es decir, establecía la separación Iglesia – Estado, afianzando la idea aquella de “dar a dios lo que es de dios y al Cesar lo que es del Cesar”. Su cumplimiento fue una de las banderas principales de la lucha de los Hermanos Flores Magón y del propio Francisco I. Madero. Su vigencia duró 50 años.
Y la actual, que fue aprobada por el Congreso, el 31 de enero, pero promulgada el 5 de febrero de 1917, y que incorpora a las garantías individuales de aquellas, las garantías sociales – reclamos de gran parte del movimiento revolucionario o mas bien, guerras civiles, iniciado en 1910 – plasmadas en los artículos 3, 27 y 123.
Un denominador común de nuestras Constituciones, es que en su letra, han sido y es, un listado de buenos principios y buenos deseos, que no se han cumplido a cabalidad. En sus textos han aparecido los anhelos o el México que quisieron sus autores. Lo que debe ser el país. Porque la realidad, es otra cosa. Tal vez por eso, no se acatan sus buenos deseos.
Por ejemplo, según sus Constituciones, en México está prohibida la discriminación. En los hechos no es así. Por ejemplo, de acuerdo a esas, sus máximas leyes, la soberanía popular reside en el pueblo. Tampoco ha sido así plenamente. Por ejemplo, se dice que la Constitución es inviolable, pero la realidad ha demostrado que muchos gobernantes, hacen circo maroma y teatro, para darle vuelta a ese precepto.
A lo mejor hace falta otra Constitución nueva, actualizada, que refleje la realidad, joven.
La Constitución cumpleañera, ya casi no se mueve, quizá porque está muy viejita (y pensar que en lugar de crear una nueva, nuestros legisladores se están preparando para festejarle sus 100 años), aunque con todo lo antigua que es, es una gran desconocida incluso para ex legisladores, legisladores actuales, toda clase de servidores públicos y hasta para egresados de la carrera de Derecho. Es un acierto que, por primera vez en toda la historia del país, las autoridades educativas del país, hayan decidido editar ejemplares de la Constitución en varios idiomas autóctonos de la nación. Por cierto, una manera de festejarla mejor, es que hubiera una campaña nacional para conocer su contenido, ¿no creen mis estimados?
Notitas.- Una.– Que en cuanto supe de la explosión ocurrida el jueves 31 de enero en uno de los edificios aledaños a la torre de PEMEX, en el DF, y de sus características, como el cráter provocado, su diámetro, la altura de los daños ocasionados al edificio afectado, etc., recordé el atentado en el que murió el Almirante Luís Carrero Blanco, supuesto sucesor de Francisco Franco en España, en diciembre de 1973: una explosión en el subsuelo – por una bomba colocada por la ETA – hizo volar por los aires el automóvil blindado en el que viajaba, tanto, que fue a caer ¡en la azotea de un edificio de seis pisos! Las autoridades adelantan que la culpa fue del gas acumulado y…sea como fuere va nuestra solidaridad con los familiares y compañeros de los 37 fallecidos y los 125 heridos. Dos.- Que estamos invitados al Monólogo: “Sueños y Mentiras de una Emperatriz”, basado en la obra “Noticias del Imperio” de Fernando del Paso, en el Centro Cultural José Martí, (Metro Hidalgo) a las 17 horas del martes 12 de febrero. Organiza la Compañía de Teatro Independiente: “Creación en Escena”. Tres.– Que, según una reciente encuesta de la Fundación Mexicana de Fomento a la Lectura, menos del 1 por ciento de los mexicanos, lee ¡un libro al año! ¡El resto no lee libros! Pues sí, ello es otra explicación de nuestro desastre como país.
Correo E. hernandez-jimenez2012@hotmail.com
México D. F. a 4 de febrero de 2013.

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