Óptica Ciudadana
MI TIEMPO (*)
Por José Luís Hernández Jiménez
He contado mis años y he descubierto que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante que el que he vivido hasta ahora.
Me siento como aquel niño al que regalan una bolsa de dulces: Los primeros se los come rápido, feliz, pero cuando se da cuenta de que le quedan pocos, comienza a saborearlos más.
Ya no tengo tiempo para reuniones interminables, en las que se discuten normas, procedimientos, reglamentos, acuerdos, sabiendo que, lo más probable, es que no se cumplan.
Ya no tengo tiempo para escuchar en el mitin a malos actores prometiendo el paraíso, el sol, la luna y las estrellas.
Ya no tengo tiempo para soportar personas absurdas que, a pesar de su edad cronológica, no logran crecer.
Ya no tengo tiempo para perderlo en mediocridades.
Solo me queda tiempo para construir, para vivir.
No quiero estar en reuniones en las cuales desfilan egos inflados.
No tolero a los manipuladores y aprovechados.
No entiendo a los que le rinden pleitesía al dinero, al automóvil, a la televisión y al celular…
Me molestan los envidiosos que tratan de desacreditar a los más capaces, para apropiarse de sus puestos, de sus ideas, de sus talentos, de sus éxitos.
Detesto los efectos que genera la lucha por un cargo.
Muchas personas no discuten contenidos, apenas lo superfluo.
Mi tiempo es escaso como para discutir superficialidades.
Quiero lo esencial, mi alma tiene prisa.
Con pocos dulces en la bolsa…
Quiero estar cerca de gente humana, muy humana.
Que sepa reconocer y reírse de sus errores.
Que no se vanaglorie de sus triunfos.
Que no se considere elegida antes de tiempo.
Que no eluda sus responsabilidades.
Que su oficio, su profesión, su ocupación, los desempeñe cada vez mejor.
Que tenga a la lectura, la escritura, algún otro arte, el ejercicio y el cuidado de la naturaleza, entre sus hábitos preferidos.
Que se dedique a vivir y no a lamentarse de todo.
Que defienda la dignidad humana.
Que entienda que algo esencial es ser útil a los demás.
Que no deje de soñar y de luchar, a favor de esas Utopías que son la libertad, la justicia y la democracia.
Que cuando diga ¡salud!, lo haga por la hermosa vida que tenemos, auque no todos apreciemos.
Y que desee únicamente caminar al lado de la verdad y de la honradez.
Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena vivirla.
Quiero rodearme de gente que sepa tocar el corazón de las personas.
Gente a quien los duros golpes de la vida le han enseñado a crecer con suaves caricias en su alma.
Sí, tengo prisa…para vivir con la intensidad que solo la madurez puede dar.
Pretendo no malemplear uno solo de los dulces que me quedan.
Estoy seguro que serán más exquisitos que los que me he comido hasta ahora.
Mi meta es llegar al final, satisfecho y en paz con mis seres queridos y estimados, y con mi conciencia tranquila.
Deseo que la suya, su meta, la de ustedes, sea la misma, porque de cualquier manera… también llegarán.
Notitas: Una.- (*) Que de nuevo, estimados cuatro o cinco lectores, les comparto ésta, que es una descomposición, basada en un texto, me dicen, de Mario Andrade, poeta brasileño, del cual recibí cuatro versiones diferentes, de otras tantas amistades. Ignoro cuál sea la buena pero aclároles que también le puse de mi cosecha: le agregué, le quité, le adapté,…Por ahí le ponen la música de su gusto; creo le queda la cumbia, el danzón, el rock, el reagatón, el rap, el metal, el corrido, el vals, o la música clásica,…Y como que “me llegó”, ahora que arribé a los 59, este 9 de octubre. Dos.- Que en los comicios de Venezuela, del pasado 7 de octubre, ganaron todos: los candidatos, la sociedad, el país,…
México D. F. a 9 de octubre del 2012.

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