
* «La música es cultura, es un arte que les da tiempo de pensar en cosas buenas y no en las malas».
* Estamos olvidados.
* Queremos el apoyo para los alumnos y comprar instrumentos: José Pedro, Director musical.
Por: Lina González/ Juan Lázaro/reporterosenmovimiento.com.
13:00 hrs.
TEXCOCO. Estado de México. 04 de Febrero de 2026.– En el corazón de la zona de la montaña, donde el aire todavía huele a pino y las nubes parecen rozar las casas, el eco de una trompeta rompe el silencio de la tarde. No es un sonido cualquiera; es el esfuerzo de un niño que, bajo la guía del maestro José Pedro Arizpe Flores, intenta domar el arte del viento y el metal.
La Banda Sinfónica Infantil y Juvenil de Santa María Tecuanulco cumple más de una década de resistencia cultural.

Sin embargo, detrás de la armonía de sus presentaciones, se esconde una partitura de carencias y una lucha incansable por no dejar morir el sueño de al menos 70 alumnos.
Un Marino al Servicio del Arte
El Director Musical, José Pedro A. Flores, no es un desconocido en estas tierras.
Tras servir con honor en las filas de la Secretaría de Marina, el maestro regresó a su pueblo natal para emprender una misión quizás más difícil que la vigilancia de los mares, rescatar a la juventud de la violencia y las drogas a través del arte.
»Ser músico hace difícil que uno sea conflictivo. La música es cultura, es un arte que les da tiempo de pensar en cosas buenas y no en las malas», relata el maestro con esa voz firme que solo da la disciplina naval y el amor por la enseñanza.
Desde 2011, bajo el cobijo de lo que fue CONACULTA (hoy Sistema Nacional de Fomento Musical), Flores y otros tres docentes han formado a tres generaciones de músicos.
Muchos de sus alumnos ya integran bandas militares o grandes orquestas sinfónicas, demostrando que en el talento de los pueblos de la montaña —como San Jerónimo Amanalco y Santa Inés— hay madera de artistas internacionales.

Instrumentos Heridos y un Olvido que Duele
A pesar de que el gobierno federal cubre los salarios de los profesores, a través de CONACULTA ( Consejo Nacional para la Cultura y las Artes), la realidad para los niños es distinta.
Los instrumentos que alguna vez entregó la federación hoy están averiados por el uso y el tiempo.
La banda carece de recursos para renovar su equipo y, lo que es más triste, para costear el transporte cuando son invitados a representar a Texcoco en otros estados.
»Estamos olvidados», confiesa el profesor con un matiz de nostalgia.
El grupo no fue convocado al reciente Festival de la Montaña, ni a la presentación de la tradicional Feria del Caballo que se realizará el próximo 13 de marzo al 12 de abril.
A pesar de llevar siempre con orgullo el nombre de Texcoco, Estado de México, a donde quiera que van, el apoyo local ha sido, hasta hace poco, una nota inexistente.
Una Luz de Esperanza en el Horizonte
No obstante, el panorama parece cambiar. El maestro Flores compartió que recientemente sostuvo una conversación con el actual alcalde de Texcoco, Nazario Gutiérrez, quien se mostró genuinamente interesado en la situación de la banda. Siendo el alcalde originario del mismo municipio, el compromiso de revisar su situación y brindar apoyo económico e institucional ha encendido una chispa de optimismo en los jóvenes músicos.
Para el maestro José Pedro, la música no es solo entretenimiento; es un escudo contra la delincuencia. Cada niño que sostiene un clarinete es un niño que se aleja de las calles.
Hoy, la Banda de Tecuanulco no solo pide instrumentos; pide que se reconozca que en la montaña también se construye el futuro de México.

Esa alegoría de «instrumentos heridos» está ligeramente forzada. No termina de cuajar.