2 noviembre, 2026

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Edoméx. de Septiembre de 2026.- En el municipio de Metepec son muchas las colonias donde prevalece esta costumbre que mucho agrada a los niños, cuando salen disfrazados a las calles para “pedir calaverita”, tradición combinada de manera muy natural con la fiesta de Halloween, sin menoscabar entre ambas el sentido pagano y místico que nos acerca a la muerte de una manera divertida y algo muy importante, en organización totalmente ciudadana, sin figura política o autoridad municipal de por medio, logrando concentraciones masivas muy coloridas y ordenadas.


Destacamos en esta ocasión la colonia Izcalli Cuauhtémoc I, donde se ha reportado presencia de hasta 20 mil personas recorriendo el corredor comercial principal, donde establecimientos tan antiguos como la misma colonia o negocios nuevos han convertido uno de los tramos principales del Circuito Cuauhtémoc en un punto de reunión fabuloso para disfrutar en familia esta costumbre de disfrazarse y recibir gran cantidad de golosinas y obsequios de los vecinos.
Con antelación se organizan entre sí para adornar la avenida que separa Izcalli I de Izcalli II, alistando los dulces y recordando a los primeros habitantes, quienes llegaron hace más de medio siglo, conformando una colonia rodeada de milpas y pueblos cercanos como San Salvador Tlizaltlali, San Jeronimo Chicahualco y el fraccionamiento multifamiliar de Infonavit San Francisco junto con la Colonia Campesina que terminaron fusionados con el  crecimiento poblacional que dio pie a las nuevas colonias como Rancho San Lucas, Izcalli III, IV y V, Las Marinas.
Con todos ellos fue creciendo el popular festejo, con los niños acompañados de sus papás solicitando los dulces, y atendiendo el requerimiento de los comerciantes quienes exigían el disfraz o mínimo las canciones tradicionales para pedir calaverita, así se fue conformando el desfile de muertos y monstros, algunos recuerdan al Señor Miguel Aguilar quien una ocasión formo con sus hermanas, hijos y sobrinos una procesión completa con ataúd de cartón donde cargaban un “muertito”, las plañideras que a grito pelón lloraban por las calles y los pequeños “calacos”, quienes habían elaborado sus máscaras, faroles y todos los adornos.
Otras familias fueron sumándose, pues ya no solo los niños llevaban la calabaza o chilacayote vaciado y cortado, los papás, tíos y hasta abuelitos y abuelitas empezaron a disfrazarse también para disfrutar en grupo las fiestas de los fieles difuntos, tocando en las casas de las colonias nuevas que fueron creciendo con los años.
Hoy y al paso del tiempo ese tramo de Circuito Cuauhtémoc, se ha convertido en avenida comercial, es el punto donde se dan cita cada 31 de octubre miles de calaveras, catrinas, vampiros, calabacitas, brujas, ángeles, piratas, dinosaurios, personajes del cine y la televisión, de todas las edades, y ahora también  con notable  aumento de perritos disfrazados, mostrando la creatividad y sobre todo la unión familiar lograda y la convivencia comunitaria donde no hay cabida para ninguna autoridad o personaje político (a menos que sea en disfraz), es la simple convocatoria ciudadana y organización vecinal.
Esta costumbre anual se ha consolidado como una tradición muy singular, donde la afluencia aumenta cada año, registrando entre las seis de la tarde y las once de la noche mínimo 10 mil personas entre vecinos y visitantes atraídos por la algarabía y generosidad de los comerciantes que se afanan de entregar a los niños un caramelo, un juguete y hasta premios en efectivo por sus disfraces, en un ambiente seguro, con el apoyo de policía municipal para el cierre de calle durante las horas convenidas y evitando ese día la venta de alcohol.