22 octubre, 2026

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Hoy se hizo justicia, pero hay una madre que jamás volverá a abrazar a su hija.
Después de un año y 14 días de dolor, lágrimas, impotencia y una lucha que parecía interminable, hoy José “N” fue condenado a 70 años de prisión por el feminicidio de Itzel.

Una sentencia que representa justicia, pero que jamás podrá reparar el vacío que dejó su ausencia.

Porque mientras hoy se habla de una condena de 70 años, hay una familia que lleva más de un año viviendo una condena que nadie le impuso, pero que tendrá que cargar por el resto de su vida: aprender a vivir sin Itzel.

Detrás de esta sentencia hay una madre que no se rindió. Una madre que, aun con el corazón destrozado, encontró fuerzas donde seguramente ya no las tenía. Que tuvo que convertir su dolor en valentía, sus lágrimas en exigencias y su amor por su hija en una lucha incansable.

También hay un hermano que no dejó de luchar, familiares y amigos que se mantuvieron firmes, y mujeres del colectivo Feminismo Zona Volcanes, que acompañaron esta exigencia de justicia y se negaron a permitir que el nombre de Itzel quedara en el olvido.

Hoy, después de tantas lágrimas, llegó la sentencia que tanto esperaban.
Pero qué difícil debe ser celebrar la justicia cuando la persona por la que tanto luchaste ya no está para abrazarte.

Porque hoy su madre podrá escuchar que se hizo justicia, pero esta noche volverá a casa y su hija seguirá sin estar ahí.
No habrá una llamada de Itzel. No habrá un abrazo suyo. No habrá una segunda oportunidad para compartir todo aquello que la vida les arrebató.

Y eso es lo verdaderamente desgarrador de un feminicidio: que no solamente termina con una vida, también rompe los sueños, los planes y una parte del corazón de quienes se quedan.
Hoy José “N” recibió una condena de 70 años de prisión.

Pero Itzel merecía mucho más que una sentencia.
Merecía vivir. Merecía cumplir sus sueños, reír, equivocarse, enamorarse, envejecer y regresar a casa todos los días. Merecía una vida entera.

Que esta sentencia sea también un recordatorio de que ninguna madre debería tener que salir a las calles a exigir justicia por su hija. Que ninguna familia debería conocer el dolor de buscar respuestas entre lágrimas. Y que ninguna mujer debería convertirse en una fotografía, una consigna o una noticia para que su vida sea valorada.

Hoy reconocemos la fortaleza de quienes no dejaron de luchar, especialmente de su madre y su hermano, porque su amor fue más grande que el cansancio y su exigencia de justicia más fuerte que el silencio.
Hoy se hizo justicia por Itzel, pero no hay sentencia capaz de devolverle a una madre lo que más ama.

Y quizá eso sea lo que más duela de este día: saber que después de tanta lucha, después de tantas lágrimas y después de 70 años de condena, todavía falta lo único que verdaderamente quisieran tener de regreso.
A Itzel.

Que su nombre nunca se olvide, que su historia nunca se repita y que su memoria permanezca viva en cada persona que luchó por ella.

Porque la justicia llegó, pero Itzel jamás debió faltar. 🕊️💜

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