
* La historia volvió a surgir entre texcocanos tras la inauguración de las fuentes de Tláloc y Nezahualcóyotl; ciudadanos recuerdan las antiguas bancas blancas con los nombres de famosos toreros.
Por. Lina González / Juan Lázaro / Reporteros en Movimiento. Com.
13:15 hrs.
Texcoco, Estado de México. 18 de septiembre de 2026.- El Jardín Municipal de Texcoco ha cambiado muchas veces de rostro, pero entre sus árboles, andadores y espacios públicos permanece una historia que ahora vuelve a despertar la memoria de quienes conocieron el corazón de la ciudad hace más de seis décadas.
Se trata de las antiguas bancas de concreto blanco que, según testimonios de texcocanos y referencias de memoria histórica local, fueron donadas por amigos y colegas toreros de Silverio Pérez durante su primer periodo como presidente municipal, entre 1957 y 1960.
Las bancas tenían una característica muy especial, llevaban grabado el nombre del torero que las había donado.
La historia volvió a cobrar fuerza luego de la inauguración, el pasado 16 de septiembre de 2026, de las nuevas fuentes monumentales dedicadas a Tláloc y Nezahualcóyotl, en el Jardín Municipal, obra presentada por el gobierno encabezado por el alcalde Nazario Gutiérrez Martínez.
Y entre los comentarios que generó la publicación de un medio local, Texcoco Etnohistorico, sobre las transformaciones del jardín apareció una pregunta que merece ser recuperada:
¿Qué pasó con aquellas bancas?, ¿Existen documentos o fotografías?.
El regalo de los amigos del “Faraón de Texcoco”

Silverio Pérez Gutiérrez, conocido en el mundo taurino como “El Faraón de Texcoco”, no solamente fue una de las figuras más reconocidas de la fiesta brava mexicana.
También tuvo una larga participación en la vida pública de su municipio.
La cronología histórica de Texcoco ubica su primer periodo como presidente municipal entre 1957 y 1960. Posteriormente volvería a ocupar el cargo en otros dos periodos de 1967 a 1969 y de 1976 a 1978.
Fue precisamente durante aquella primera administración cuando, de acuerdo con la memoria histórica local, habría surgido la idea de llevar al jardín municipal las bancas donadas por sus colegas de la fiesta brava.
Silverio Pérez tenía entonces algo que difícilmente podía conseguir cualquier otro alcalde, una extensa red de amistades construida durante sus años como torero.
La versión conservada por texcocanos señala que el propio Silverio pidió a varios de sus colegas que donaran una banca para el jardín.
Los toreros aceptaron.
Y no se trató de bancas cualquiera.
Eran piezas de concreto blanco, colocadas en distintos puntos del jardín, y cada una llevaba grabado el nombre del torero que había realizado la donación.
De esta manera, el espacio público terminó convirtiéndose también en una especie de homenaje permanente a la amistad entre Silverio Pérez y las figuras de la tauromaquia de aquella época.
Para los años 60 ya eran parte del paisaje
Uno de los elementos que fortalecen esta memoria es el testimonio de personas que conocieron el jardín durante aquellos años.
En una publicación de Texcoco Etnohistórico, realizada este 18 de septiembre, el ciudadano Antonio Huerta recordó las antiguas bancas y explicó que eran uno de los elementos distintivos del jardín.
“Algo muy distintivo de este jardín eran sus bancas de concreto blanco.”
Huerta relató que durante la administración de Silverio Pérez se pidió a sus colegas de la fiesta brava que donaran una banca cada uno y recordó que las piezas tenían grabados los nombres de los toreros donantes.
Su testimonio también aporta otro dato interesante: para mediados de la década de 1960, aquellas bancas ya formaban parte de la imagen cotidiana del Jardín Municipal.
Es decir, quienes fueron niños o jóvenes durante aquella época crecieron viendo aquellos nombres de toreros grabados en el mobiliario urbano.
El jardín que también tenía una fuente de sodas y una sinfonola
Los recuerdos publicados por los texcocanos no se limitan a las bancas.
También permiten reconstruir cómo era la vida cotidiana alrededor del jardín.
Raúl Rubio Bazaldua recordó que en el kiosco funcionaba una fuente de sodas y había una sinfonola, donde después de los desfiles algunos vecinos acudían a tomar un refresco y escuchar las canciones de moda.
Antonio Huerta incluso recordó una canción que sonaba en aquella sinfonola y la manera en que un niño de la zona pronunciaba el título de la melodía.
Son recuerdos aparentemente pequeños, pero que permiten imaginar cómo era Texcoco en aquella época, un jardín donde las familias se encontraban, los jóvenes escuchaban música, los vecinos acudían después de los desfiles y las bancas de concreto blanco servían como punto de descanso y convivencia.


Gabriela Estrada agregó otro recuerdo: los automóviles circulaban alrededor del jardín, mientras el espacio central se encontraba en desnivel y la vida de la ciudad transcurría con un ritmo mucho más tranquilo.
“Había menos gente, más tranquilo, la mayoría nos conocíamos”, recordó.
Un jardín construido sobre historia
El actual Jardín Municipal no es un espacio cualquiera.
Su historia se remonta a siglos atrás y se encuentra relacionada con las transformaciones urbanas de Texcoco.
Investigaciones históricas locales señalan que la plaza principal de la ciudad fue trasladada hacia el espacio conocido como Amanal de San Antonio, donde posteriormente se desarrolló el jardín.
De ahí que cada modificación del lugar también implique una nueva capa de la historia de Texcoco.
Primero fueron las transformaciones de la antigua plaza; después llegaron el kiosco, las bancas, los cambios en los andadores y otras modificaciones urbanas.
Ahora, en 2026, el jardín vuelve a cambiar con la incorporación de las fuentes monumentales de Tláloc y Nezahualcóyotl, dos figuras profundamente vinculadas con la identidad histórica y cultural de Texcoco.
¿Y las bancas?
Aquí aparece la parte de la historia que permanece sin respuesta.
Las antiguas bancas blancas ya no forman parte del paisaje actual del jardín.
Pero ¿qué ocurrió con ellas?
¿Fueron retiradas durante alguna de las remodelaciones?
¿Fueron destruidas?
¿Se encuentran resguardadas en alguna bodega?
¿Fueron trasladadas a otro sitio?
¿Alguna sobrevivió y permanece en otro espacio público?
¿O alguna familia texcocana conserva una de aquellas piezas?
Hasta ahora, no se ha localizado un registro público que permita establecer con certeza cuál fue el destino de las bancas.
Tampoco se ha podido elaborar una lista documental completa de los toreros que las donaron.
Por eso, la memoria de los habitantes adquiere un valor especial.
Se buscan fotografías
La pregunta que hoy se lanza desde esta historia es sencilla:
¿Quién tiene una fotografía del antiguo Jardín Municipal en la que aparezcan las bancas blancas?
Una vieja fotografía familiar podría ayudar a identificar los lugares donde estuvieron colocadas.
Una imagen podría incluso permitir leer alguno de los nombres grabados en el concreto y recuperar así la identidad de los toreros que participaron en aquella iniciativa.
También podrían ser valiosos los testimonios de quienes trabajaron en el Ayuntamiento de Texcoco durante las décadas de 1950, 1960 y posteriores, así como de vecinos que recuerden cuándo fueron retiradas.
De las bancas a Tláloc y Nezahualcóyotl
La reciente colocación de las fuentes dedicadas a Tláloc y Nezahualcóyotl demuestra que el Jardín Municipal continúa transformándose.
Pero cada nueva generación recibe un jardín diferente al que conocieron sus padres y abuelos.
Por eso, recordar las antiguas bancas no significa necesariamente cuestionar las nuevas obras.
Significa preguntarse qué elementos del pasado lograron sobrevivir a las transformaciones y cuáles se perdieron sin dejar registro.
Las bancas de los toreros son un ejemplo de ello.
Durante décadas fueron simplemente lugares para sentarse.
Hoy, al desaparecer, pueden convertirse en una pieza de la historia urbana que los texcocanos buscan reconstruir.
Porque quizá detrás de una fotografía amarillenta aparezca nuevamente aquel jardín de mediados del siglo XX: el kiosco, la fuente de sodas, la sinfonola, los automóviles circulando alrededor, los niños jugando y, bajo la sombra de los árboles, aquellas bancas blancas de concreto con los nombres de los toreros que un día quisieron dejar un recuerdo de su amistad con Silverio Pérez y con Texcoco.
La pregunta queda abierta: ¿dónde están aquellas bancas y quién conserva las fotografías que permitan volver a encontrarlas?.
O simplemente con el paso del tiempo y las transformaciones al jardín fueron desgastandose hasta desaparecer.
Reporteros en Movimiento invita a los texcocanos que tengan fotografías, documentos o recuerdos sobre estas bancas a compartirlos para contribuir a reconstruir esta parte de la memoria histórica de Texcoco.

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