6 septiembre, 2026

Reporteros en Movimiento

Información sin censura

*Por: Alejandro César Vázquez*

6:15 hrs.

Tlalnepantla huele a diésel quemado y a discurso quemado. El sábado 5 de septiembre de 2026, a las cinco de la tarde, dos pipas cargadas con diésel explotaron dentro de la empresa Quimitec, en la calle Tenayuca, en pleno Centro Industrial. La columna de fuego alcanzó varios metros de altura, el humo negro se vio desde la autopista México-Querétaro, desde Azcapotzalco, desde Ecatepec. Las sirenas no paraban. Llegaron los bomberos de Tlalnepantla, y después los de Naucalpan, Atizapán, Tultitlán, Cuautitlán Izcalli y hasta tres estaciones de la Ciudad de México. Era una escena de guerra industrial.

En medio de esa batalla, un hombre cayó. No cayó por el fuego directo. Cayó por el abandono. Miguel Hernández López, elemento de la Dirección Municipal de Protección Civil y Heroico Cuerpo de Bomberos de Tlalnepantla, sufrió una complicación de salud mientras estaba fuera de la zona de mayor riesgo. Fue trasladado de emergencia al Instituto de Seguridad Social del Estado de México y Municipios (ISSEMYM), y ahí murió. Y aquí es donde la tragedia se vuelve doble y más indignante.

El Ayuntamiento emitió una esquela fría y burocrática. Lamentamos profundamente. Descanse en paz. Pero lo que no dice el comunicado es lo que hoy se presume entre sus propios compañeros: que en el Instituto de Seguridad Social del Estado de México y Municipios (ISSEMYM) no hubo la atención oportuna para salvarle la vida. Que llegó un bombero en cumplimiento de su deber, un hombre que acababa de arriesgar todo por contener un incendio que no era suyo, y no encontró en el hospital del propio Estado la capacidad, la rapidez, ni el equipo para mantenerlo vivo.

Ese es el retrato perfecto de cómo gobierna la 4T. Expone al trabajador al fuego sin equipo y luego lo deja morir en un hospital sin medicamentos, sin personal suficiente, sin atención de terapia intensiva digna. El Instituto de Seguridad Social del Estado de México y Municipios (ISSEMYM), que debería ser la casa de seguridad de los trabajadores del Estado de México y sus municipios, hoy es una institución saqueada, abandonada, con desabasto crónico. Los derechohabientes lo denuncian todos los días: no hay citas, no hay estudios, no hay cirugías. ¿Cómo iba a haber una reanimación oportuna para un bombero infartado por el esfuerzo, por la inhalación, por el estrés térmico?

La muerte de Miguel no es un accidente aislado. Es la consecuencia lógica de una forma de gobernar. Es la forma en que gobierna la 4T en Tlalnepantla bajo la administración de Raciel Pérez Cruz. Una administración que habla de austeridad republicana, de primero los pobres, mientras expone a sus propios trabajadores a la muerte por falta de equipo, por falta de mantenimiento, por falta de condiciones mínimas de oportunidad y dignidad laboral.

Desde el año 2020, organizaciones como el Frente Ciudadano y el Círculo Ciudadano han denunciado en Palacio Nacional que Raciel Pérez infló la nómina en setenta millones de pesos en su primer año, no para contratar más bomberos, no para comprar equipos de respiración autónoma, no para darles seguro de vida digno, sino para pagar favores políticos. Mientras los bomberos trabajan con equipos que ya cumplieron su vida útil, con botas remendadas, con guantes que no son para altas temperaturas, la nómina política crece.

En enero de este mismo año, trabajadores del propio Ayuntamiento bloquearon el Periférico Norte. Denunciaban despidos injustificados por motivos políticos. Personal del DIF, de limpia, del OPDM, del relleno sanitario. A todos les aplicaron la misma receta: si no estás con el proyecto, estás fuera. ¿Cómo va a operar con profesionalismo una corporación de emergencia cuando sus elementos saben que si alzan la voz los corren?

Ese es el doble discurso que mata. Por un lado, el discurso de que Tlalnepantla está mejor, que hay coordinación interinstitucional. Por otro lado, la realidad que todos los vecinos del Centro Industrial conocen: las empresas manejan diésel, solventes, químicos altamente inflamables, sin que Protección Civil haga inspecciones reales. Se cobra el permiso, se firma el visto bueno, pero no se verifica.

Y aquí viene la parte más grave. El incendio de ayer ocurrió en la zona industrial que colinda directamente con la zona de gaseras. Tlalnepantla es una bomba de tiempo. A menos de tres kilómetros de donde ardieron las pipas de Quimitec, están asentadas decenas de empresas gaseras, de almacenamiento de gas LP, de distribución de combustibles. Es la misma configuración que tenía San Juan Ixhuatepec en 1984. Todos recordamos San Juanico. Más de quinientas personas muertas, miles de heridos, porque una fuga en Pemex encontró una chispa.

Si ayer, con dos pipas de diésel, se necesitó apoyo de seis municipios y de la CDMX, si ayer no se pudo evitar que un bombero muriera no por el fuego sino por la falta de atención médica en el Instituto de Seguridad Social del Estado de México y Municipios (ISSEMYM), qué pasaría si el evento superior ocurriera. Qué pasaría si una explosión en cadena alcanza una gasera. No hay plan de evacuación masiva. No hay rutas señalizadas. No hay albergues suficientes. No hay equipo para los bomberos. No hay hospital que pueda responder.

Es muy lamentable que se sigan perdiendo vidas mientras se maneja un doble discurso. Se habla de humanismo mexicano mientras se expone al trabajador más humilde, al bombero que gana menos de diez mil pesos al mes, a que entre al fuego con lo que tiene, y luego se le niega la atención oportuna en el Instituto de Seguridad Social del Estado de México y Municipios (ISSEMYM), el instituto que fue creado precisamente para protegerlo a él y a su familia.

Hoy Tlalnepantla llora a un bombero que el propio Estado dejó morir dos veces: una en el incendio sin equipo, y otra en la camilla del Instituto de Seguridad Social del Estado de México y Municipios (ISSEMYM) sin atención. Mañana, si no se hace una auditoría real a las gaseras y al (ISSEMYM), si no se equipa de verdad a Protección Civil, Tlalnepantla podría llorar a cientos.

El fuego de Quimitec ya se apagó. El fuego de la negligencia sigue encendido.

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