14 octubre, 2026

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09:42 a.m. horas

Por la redacción

Tecámac, Estado de México, no es un municipio cualquiera en la estrategia de seguridad del Valle de México. Con más de 500 mil habitantes, una explosión urbana en Ojo de Agua, Los Héroes y Santa Cruz, y una colindancia directa con Ecatepec, Tizayuca y Zumpango, es corredor natural para todo. También para el delito.

El pasado 29 de mayo de 2026, en sesión extraordinaria vespertina de Cabildo, el gobierno de Rosi Wong Romero tomó una decisión que presentó como de fondo: remover a Rubid Suárez Mondragón de la Guardia Civil y apostar por un perfil con 41 años de servicio, Rufino Jiménez Jiménez, como nuevo encargado de despacho de la comisaría.

El currículum es impecable en papel. Empezó en 1985 como Policía C en el Estado de México. Ha sido Jefe de Turno en Nicolás Romero, Jefe de Control de Tránsito en Toluca, Jefe de Circulación del Valle de México en Nezahualcóyotl, Jefe de la Región Atlacomulco, Subdirector Operativo Regional, Director General de Seguridad Pública en Ixtapaluca, Jefe de Región en Chimalhuacán, Coordinador en Chalco y Tlalnepantla, Comisario en Tlalmanalco y, en Veracruz, Director General de la Fuerza Civil y Comandante de divisiones de operaciones especiales. Licenciado en Derecho, con posgrado en Derecho Penal, diplomados en el Tec de Monterrey, en el CIDE y hasta en la Escuela de Posgrados de la Policía Nacional de Colombia.

Ese es el perfil oficial. La calle cuenta otra historia.

I. La doble moral como política de seguridad

La doble moral en seguridad pública no es un insulto, es una categoría operativa. Se define cuando el discurso institucional dice una cosa y la práctica permite otra, cuando se exige al ciudadano lo que no se cumple hacia adentro, cuando se castiga el delito menor con espectacularidad y se tolera el delito mayor con silencio.

En Tecámac, esa doble moral se instaló de tres formas muy visibles desde el relevo en la comisaría:

Primero, el discurso de la profesionalización. Se anunció que con Rufino Jiménez llegaba la experiencia y la licencia oficial colectiva al 92% de la corporación. Al mismo tiempo, en las colonias, los vecinos siguen reportando retenes sin protocolos claros, patrullas estacionadas para infraccionar motociclistas y, a la vez, ausencia total de patrullaje en la madrugada, que es cuando ocurren los robos a casa habitación.

Segundo, la moral de la proximidad. Se habla de Mesas de Paz, de cercanía con las familias, de operativos para liberar banquetas de macetas y cocheras. Son acciones válidas, pero que contrastan con la falta de respuesta ante denuncias de extorsión a comercios en la carretera federal México-Pachuca y en San Martín Azcatepec. Al comerciante se le pide que confíe y denuncie, pero cuando denuncia, no hay seguimiento ni protección.

Tercero, la moral del cambio permanente. Este es el décimo cambio de mando policial en siete años en Tecámac. Nueve ocurrieron entre 2019 y 2025. Cada cambio se presenta como el definitivo, como el que por fin reducirá la incidencia. Cambiar de comisario cada ocho meses es, en sí mismo, un mensaje de inestabilidad. No se puede pedir a la tropa lealtad a una estrategia que cambia con cada director.

II. El crecimiento de la delincuencia organizada en la percepción ciudadana

Las estadísticas oficiales del Secretariado Ejecutivo siempre llegan tarde y maquilladas. La realidad de Tecámac se mide en los grupos de WhatsApp de vecinos.

Desde junio, cuando Jiménez asumió formalmente, tres fenómenos han puesto en alerta a la población y que coinciden con el patrón de expansión de la delincuencia organizada en municipios conurbados:

  1. La extorsión como impuesto. Ya no es solo el cobro de piso al bar o a la rosticería grande. En Los Héroes Tecámac, en Real Granada y en la zona de Ozumbilla, vecinos y locatarios reportan llamadas y visitas para exigir cuotas semanales de 500 a 2 mil pesos a misceláneas, estéticas y bases de mototaxis. El modus es el mismo que ya se vio en Ecatepec y Zumpango: primero la llamada, luego el papel con un número, luego el cristalazo.
  2. El robo de vehículo con violencia y el deshuesadero invisible. Tecámac siempre ha tenido un problema de robo de autos, pero ahora el reporte es de robos a plena luz del día, sobre la carretera libre y en los accesos a los fraccionamientos, con motocicletas en pareja. Los autos no aparecen en OCRA ni en los corralones. La sospecha vecinal es que existe una red de deshueso y trasiego hacia Hidalgo que opera con total impunidad.
  3. El narcomenudeo juvenil. En Sierra Hermosa, en Santa María Ozumbilla y en Lomas de Tecámac, madres de familia han alertado en juntas vecinales sobre la presencia de jóvenes vendedores en motos que operan cerca de secundarias y campos deportivos. No es un fenómeno nuevo, pero sí su descaro y su regularidad. Antes se escondían, ahora rotan turnos.

Ninguno de estos tres delitos se resuelve liberando banquetas o haciendo operativos casco seguro. Son delitos de estructura, que requieren inteligencia, investigación y coordinación con Fiscalía del Estado de México y Guardia Nacional. Y es precisamente ahí donde la ciudadanía percibe el vacío.

III. Lo que tiene en alerta a Tecámac

En recorridos y testimonios recogidos en las últimas semanas, hay cinco alertas que se repiten y que definen el clima social:

Alerta 1: El silencio después del robo. La queja más constante no es que roben, sino que después nadie conteste. Vecinos que marcan al 911 o al número de la Guardia Civil y que esperan 40 minutos. Cuando llega la patrulla, les dicen que vayan al Ministerio Público de Tecámac o de Ecatepec. El delito se vuelve doble: el robo y la revictimización burocrática.

Alerta 2: Los límites municipales como tierra de nadie. La zona limítrofe con Ecatepec, en la zona de Santo Tomás Chiconautla y en la carretera a San Pablo Tecalco, es señalada como foco rojo. Ahí se han registrado asaltos a transporte público y a repartidores. Aunque se anunció un operativo intermunicipal con 6 células, los vecinos aseguran que el operativo dura dos días para la foto y luego desaparece.

Alerta 3: El transporte público. Las rutas de combis que van de Tecámac centro a La Base y a Ojo de Agua, y las que conectan con Indios Verdes, siguen siendo escenario de asaltos violentos. Pasajeros reportan que los asaltantes suben en Ozumbilla y bajan en Gallineros, sin que haya una sola cámara o arco de revisión funcionando.

Alerta 4: La desconfianza interna. Policías de la propia Guardia Civil, bajo anonimato, han señalado que hay mandos medios que llevan tres administraciones y que son los que realmente controlan los turnos, las gasolinas y las asignaciones de patrullas. Si el comisario no limpia la casa por dentro, ningún operativo por fuera funciona.

Alerta 5: La comunicación oficial. Mientras en redes oficiales se publican fotos de entrega de licencias y de reuniones de paz, en redes vecinales circulan videos de asaltos, de persecuciones y de cuerpos tirados en la autopista. Esa brecha entre el boletín y el video de 15 segundos es donde nace la doble moral. El gobierno comunica paz, la gente vive alerta.

Cierre

Rufino Jiménez Jiménez no inventó la inseguridad de Tecámac. Heredó un municipio con crecimiento desordenado, con una policía que ha cambiado diez veces de jefe en siete años y con una ciudadanía cansada de prometer que ahora sí habrá seguridad.

El problema es que su llegada se vendió como un golpe de timón de experiencia, como el fin de la improvisación. Y a casi tres meses de su nombramiento, lo que los vecinos perciben no es una reducción de la delincuencia organizada, sino su consolidación y su normalización en lo cotidiano.

La doble moral no es que el comisario sea bueno o malo. Es que se pide a la gente que crea en una estrategia integral mientras la gente ve, todos los días, que la calle sigue siendo de otros. Tecámac no necesita más currículums con diplomados en Colombia. Necesita patrullas que lleguen, denuncias que procedan y extorsiones que se investiguen.

Hasta que eso no pase, cada toma de protesta será solo una foto más en el archivo del Cabildo.

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