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Hay columnas que se escriben con las manos. Esta no. Esta se escribe con el corazón roto.
Es difícil encontrar palabras cuando el nombre que aparece en estas líneas no pertenece a una historia ajena. Itzel Díaz era parte de una familia, tenía una madre, amigos, seres queridos, sueños y una vida que nunca debió terminar de esta manera. Desde que se la arrebataron, nada volvió a ser igual.
Y quizá no exista dolor más profundo que el de una madre esperando justicia por su hija. Ver a Tulia González, su mamá, levantarse cada día cargando una ausencia que nadie puede llenar, mientras pasan los días, los meses y la justicia parece no llegar.

Ayer, nuevamente, la defensa legal de José “N” no se presentó. Nadie.
Para algunos podrá significar una audiencia más.
Una fecha que se mueve. Un procedimiento que tendrá que esperar. Para la familia de Itzel significa volver a casa sin respuestas. Significa abrir una herida que nunca ha cerrado y preguntarse, otra vez: ¿cuánto tiempo más tenemos que esperar?
Quienes hemos contado historias dolorosas pensamos, ingenuamente, que siempre serán historias de alguien más. Nunca imaginamos el día en que tendríamos que sentarnos frente a una hoja y escribir el nombre de alguien cercano. Nunca imaginamos que las palabras que tantas veces usamos para contar el dolor de otras familias terminarían describiendo el nuestro.
Y entonces aparece el nudo en la garganta.
Porque Itzel no es una cifra. No es un expediente.
No es una carpeta que pueda quedarse olvidada sobre un escritorio.
Era una hija. Era familia. Era alguien a quien amaban y siguen amando.
Por eso hoy la pregunta también es para quienes alguna vez prometieron acompañar a esta familia hasta el final: ¿dónde están? ¿Dónde están las autoridades? ¿Dónde está el gobierno cuando una madre continúa esperando justicia por su hija?
Hoy permanecen la familia, los amigos y quienes se niegan a olvidar. Permanecen sosteniendo un nombre, un recuerdo y una exigencia que debería estremecernos a todos:
Justicia para Itzel.
Porque el día que le arrebataron la vida, no solamente se llevaron a Itzel. Una madre perdió a su hija y una familia perdió para siempre una parte de sí misma.
Y mientras no exista una resolución, mientras su familia continúe regresando a casa con las mismas preguntas, esta historia seguirá doliendo.
Ojalá algún día Tulia pueda dejar de preguntar cuándo llegará la justicia.
Porque bastante cruel ha sido ya aprender a vivir sin su hija.
Que no tenga también que aprender a vivir sin justicia.

Pues que lástima que no me cruce con ella, la señora estaría muy feliz por qué la habría embarazado 3 veces a su hija y con nietos que cuidar