
13:41 p.m. horas
Por: Alejandro César Vázquez
TERCERA PARTE: LOS CAMALEONES — EL ENGRANAJE QUE NUNCA MUERE*
En Guerrero no hay ideologías, hay franquicias. El poder no cambia de manos, cambia de playera. A eso en la Montaña le dicen “chapulines”, en Chilpancingo le dicen “camaleones”.
Ángel Aguirre es el manual perfecto de ese camaleón:
- Nace en el PRI más duro, el de Figueroa. Es presidente del PRI estatal, diputado federal, senador y secretario particular de José Francisco Ruiz Massieu.
- Cuando el PRI le niega la candidatura en 1999 y luego en 2010, no se retira: se pinta de amarillo. En 2010 renuncia al PRI y el PRD, el PT y Convergencia lo hacen candidato. El hombre que toda su vida combatió a la izquierda llega al poder con el logotipo del sol azteca y con el aval de López Obrador y de los Chuchos al mismo tiempo.
- En 2015, tras su caída por Ayotzinapa, se vuelve operador invisible. Sus hijos, sus primos y sus ex secretarios aparecen en el PRD, luego en Morena, luego en el PAN-PRI. Su sobrino es diputado del PRI, su operador financiero fue funcionario de Morena en Acapulco.
- En 2025, ya investigado por la FGR, intenta volver a subirse al nuevo poder: le manda un huipil amuzgo a Claudia Sheinbaum en Xochistlahuaca. Sheinbaum lo rechaza en público: “No recibo regalos de ellos”. Es el primer presidente que le cierra la puerta en 30 años.
Ese camaleonismo no es exclusivo de Aguirre, es el engranaje que explica por qué los derechos humanos se violan igual con PRI, PRD o Morena. Porque son las mismas personas.
Ejemplo claro: el mismo grupo que controlaba la Policía Judicial en Aguas Blancas en 1995 — con Rubén Figueroa Alcocer — colocó a sus segundos en la Policía Investigadora Ministerial en 2014 con Aguirre, y a sus hijos en la Fiscalía Regional en 2022. Cambiaron de uniforme, no de jefe.
El transportista que era operador de Figueroa Figueroa en los 70, es concesionario de Urbanos de Acapulco en los 90, es dirigente del PRD en los 2000 y hoy es coordinador de movilización de Morena en Costa Grande. Su negocio siempre es el mismo: controlar la ruta, cobrar la cuota, movilizar el voto.
El presidente municipal de Iguala en 2014, José Luis Abarca, era perredista y financiado por Guerreros Unidos. El presidente municipal de Iguala en 2021 era de Morena y su director de seguridad tenía vínculos con los mismos Guerreros Unidos. Cambió el partido, no el patrón.
Por eso la violación a derechos humanos en Guerrero no es un problema de siglas, es un problema de engranaje. El engranaje tiene tres piezas que siempre están aceitadas:
- El cacique-transportista-empresario que pone el dinero de campaña.
- El jefe policiaco-militar que pone las armas y borra los videos.
- El político camaleón que pone la firma y luego cambia de partido para no ser investigado.
Cuando cae uno, el engranaje lo desecha y pone a otro de su misma familia. Por eso en Guerrero ves apellidos que se repiten desde 1975: Figueroa, Aguirre, Salgado, Añorve, Walton. Solo cambian de logo en la boleta.
La detención de Aguirre Rivero es histórica porque toca por primera vez la tercera pieza, la del político que firma. Pero si no se toca a las otras dos — al dueño de las concesiones que financió su campaña y al mando que ejecutó la desaparición de evidencias — en tres años tendremos al hijo, al sobrino o al yerno del mismo grupo compitiendo por la gubernatura con otro color, prometiendo que ahora sí va a haber justicia.
Y en Guerrero, la gente ya sabe lo que significa esa promesa.

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