
*Remodelación chafa, que evidencia corrupción
Por: Alejandro César Vázquez
20:00 hrs.
Gustavo A. Madero. CDMX. 23 de Julio de 2026.- Indios Verdes no se inunda por casualidad. Se inunda por diseño, por geografía y por abandono. Y por eso es la prueba más dura para los tres mil trescientos sesenta millones de pesos que este año el Gobierno de la Ciudad de México enterró para obra de drenaje.
Cada temporada es la misma postal. La avenida Insurgentes Norte convertida en río, el paradero convertido en lago, el Mexibús, el Metrobús y el Cablebús suspendidos, cientos de autobuses varados hacia Ecatepec, Tlalnepantla e Hidalgo, pasajeros cargados en hombros por policías, un auto flotando en Gran Canal.

Es el punto más transitado del norte de la metrópoli y también el punto más bajo.
*¿Por qué justo allí?*
Indios Verdes es un embudo natural y artificial. Todo lo que escurre de la Sierra de Guadalupe, de Cuautepec, de Tlalnepantla y de la autopista México-Pachuca termina allí.
La zona está asentada sobre el antiguo lago, con suelo arcilloso, poco permeable, incapaz de absorber el agua.
Cuando llueve torrencialmente, como ocurrió con los sesenta y nueve milímetros registrados en la estación San Juan de Aragón en una sola tarde, el agua no se filtra. Corre.
A eso se suma la subsidencia.
La Ciudad de México se hunde entre veinte y treinta centímetros cada año por la extracción excesiva de agua del subsuelo, según estudios de la UNAM. En Gustavo A. Madero, el hundimiento ya deformó la pendiente natural del drenaje profundo construido hace décadas. El agua ya no corre por gravedad hacia donde fue diseñada. Se queda, se regresa, se estanca en el punto más bajo: Indios Verdes, Gran Canal, San Felipe de Jesús, Santa Isabel Tola, Martín Carrera.
Los colectores pluviales de la zona, como se confirmó en los dictámenes de Providencia y San Juan de Aragón, presentan taponamientos, pérdida de pendiente y roturas estructurales que lavan el subsuelo y provocan socavones.
Por eso este año vimos megasocavones por fugas de aguas negras en San Juan de Aragón y hundimientos en Canal de Tezontle.
La tercera causa es la más visible pero no la única: la basura y el azolve. Aunque muchos culpan solo a la coladera tapada, la realidad es que la red está colapsada desde adentro.
En Indios Verdes confluyen el drenaje de la capital con el del Estado de México, sin un mando único hasta ahora, y con una capacidad que fue rebasada hace años.
Cada lluvia intensa arrastra lodo del cerro, como el deslave que este año bloqueó la México-Pachuca a la altura del paradero y dejó incomunicado todo el norte.
Por eso, aunque se limpie, se vuelve a inundar. Porque el problema es estructural.
*Qué parte de los 3,360 millones está llegando a Indios Verdes*
Aquí es donde el reportaje anterior se vuelve concreto.
Los tres mil trescientos sesenta millones de pesos no son una bolsa general.
Son la parte de drenaje de una inversión histórica de siete mil millones para todo el sistema hídrico de la ciudad, con un aumento del ciento dieciséis por ciento solo en prevención de inundaciones respecto a 2025.
De esos tres mil trescientos sesenta millones, treinta y seis punto seis por ciento va a colectores y red de drenaje, treinta y dos punto tres por ciento a plantas de bombeo, cárcamos y compuertas, y catorce punto dos por ciento a desazolve de ríos, presas y cuerpos de agua.
Y su aterrizaje en Gustavo A. Madero es directo. En la demarcación ya se está interviniendo.
Solo en la avenida cuatrocientos catorce, en San Juan de Aragón Sexta Sección, se están sustituyendo kilómetro y medio de tubería con una inversión conjunta de cien millones de pesos entre la alcaldía y la Secretaría de Gestión Integral del Agua.
El alcalde Janecarlo Lozano ha desplegado más de quinientos trabajadores y cincuenta unidades especializadas en esa zona, con un saldo que las propias autoridades califican como mínimo: tres calles con espejos de agua y siete viviendas con ingreso solo en patios.
Es el primer síntoma de que la obra funciona, pero todavía no llega a Indios Verdes.
El plan maestro contempla veinte mil seiscientos veintiséis metros de colectores atendidos en toda la ciudad y diez mil metros de colectores nuevos en ocho alcaldías prioritarias, entre ellas Gustavo A. Madero. También contempla el desazolve de mil doscientos kilómetros de redes, cuatro veces más que los trescientos kilómetros del año pasado, con el retiro de cuatrocientos treinta mil novecientos noventa y seis metros cúbicos de lodo, de los cuales una parte crucial proviene del Vaso Regulador El Salado, que regula precisamente las avenidas del norte.
Mil quinientos cuarenta y seis millones de pesos se van a rehabilitación electromecánica.
Esto es vital para Indios Verdes: tres megabombas nuevas y un nuevo cárcamo de bombeo fueron adquiridos para incrementar la capacidad de respuesta ante lluvias extraordinarias.
Porque de nada sirve tener tubos si las bombas que deben sacar el agua del punto más bajo no arrancan. El año pasado las bombas fallaron.
Este año, con mando operativo conjunto entre Conagua, Estado de México y Ciudad de México, se busca que operen al mismo tiempo.
*La apuesta que puede salvar a Indios Verdes: que el agua no llegue al drenaje*
Lo más innovador del presupuesto no está en los tubos gigantes, sino en los cien millones de pesos destinados a la Acupuntura Hídrica.
Ciento seis resumideros y pozos de absorción en cien puntos de la ciudad para infiltrar el agua al acuífero en lugar de expulsarla al drenaje.
Indios Verdes es el caso perfecto para entenderlo.
La capital se ha convertido en una enorme superficie impermeable. Cada nueva vialidad, cada techumbre del paradero, cada metro cuadrado de asfalto impide que el agua se infiltre. Especialistas de la Ibero y de la UNAM advierten que mientras la ciudad siga expulsando el agua lo más rápido posible hacia el drenaje, en lugar de recuperarla, cada lluvia extrema bajará como avalancha hacia las zonas bajas.
La Acupuntura Hídrica busca romper ese ciclo: que el agua que cae en Cuautepec se quede en Cuautepec, que no baje en masa a Indios Verdes.
A esto se suman las megaobras que alivian la presión regional.
El vaso regulador de La Caldera en Iztapalapa, con doscientos treinta y seis mil metros cúbicos de capacidad, y los ocho tanques tormenta de Zaragoza con cuatro millones de litros, no están en Gustavo A. Madero, pero evitan que el sistema general se sature y deje sin capacidad al norte. Es un sistema interconectado.
Si el sur colapsa, el norte se ahoga.
Y la tecnología: georradar para revisar ochocientos kilómetros de tubería sin abrir zanja, satélites para detectar socavones antes de que se abran, y seis sitios de atención inmediata con mil trabajadores para monitorear los cincuenta y seis puntos críticos, entre los cuales Indios Verdes, Gran Canal y Río de los Remedios están marcados en rojo.
*Entonces, ¿por qué se sigue inundando hoy?*
Porque la obra está en proceso y la lluvia ya llegó.
El gobierno mismo reconoció que las precipitaciones de este año ya rebasaron el acumulado histórico de mayo entero, y que el año pasado cayeron mil setecientos millones de metros cúbicos, dos veces el Cutzamala.
La infraestructura vieja no alcanza para esa cantidad de agua, y la nueva todavía no está terminada.
Porque Indios Verdes no se arregla solo con tubos en Indios Verdes.
Se arregla infiltrando agua arriba, en el cerro, desazolvando presas y vasos reguladores que vienen del Estado de México, cambiando bombas, reparando colectores con pérdida de pendiente que llevan años rotos, como los denunciados desde febrero en Providencia por vecinos con croquis a mano y ochenta firmas sin respuesta.
La promesa oficial es que con estas trescientas dieciocho acciones de drenaje, dentro de las seiscientas cuarenta y tres obras hídricas totales, las inundaciones se reducirán entre cincuenta y ochenta por ciento.
No es que no se vaya a inundar nunca más. Es que ya no debería convertirse en lago durante horas, con el Metro inundado y la México-Pachuca cerrada.
Indios Verdes es el termómetro. Si los tres mil trescientos sesenta millones funcionan, se notará primero allí: cuando una lluvia de cuarenta y nueve milímetros con granizo, en alerta naranja, solo deje charcos y no rescates en lancha.
Mientras tanto, cada tormenta sigue recordando que la ciudad no puede seguir hundiéndose veinte centímetros por año y esperando no ahogarse.

Te puede interesar
Profesor denunciado por supuesto abuso de una alumna acusa falta de juicios justos en México antes de su muerte
*INDIOS VERDES BAJO EL AGUA* Crónica de una inundación anunciada en la Gustavo A. Madero
Derrame de químicos en fábrica de Iztacalco provoca evacuación de 60 trabajadores