“Solo el obispo puede pisar la alfombra de aserrín”, decían en la entrada del nuevo representante de la diócesis de Ecatepec
Juan Lázaro/reporteros en movimiento

Ecatepec, Edomex, 22 de julio 2026.- El nuevo obispo de Ecatepec, monseñor José Guadalupe Torres Campos, entró sonriente, echando bendiciones; con pasos lentos, sin prisa, camino por una alfombra de aserrín que se extendía a lo largo de 500 metros.
Artesanos de Ecatepec se pasaron toda la noche, cuidando los detalles de esa alfombra colorida con la que recibían a su obispo José Guadalupe Torres.

Todo eran empujones entre feligreses, reporteros, fieles y cargadores que llevaban las imágenes de los santos de los nueve pueblos de Ecatepec.
“Solo el obispo puede pisar la alfombra” gritaban policías y personal de seguridad de la catedral de Ecatepec que cuidaban que nadie se pisara la alfombra de aserrín.
Una cinta amarilla limitaba a los católicos de las diversas parroquias de Ecatepec de la alfombra de aserrín que tenían los nombres de los pueblos originarios de este municipio.

Todos ellos fueron respetuosos, solo querían ver a su nuevo obispo.
La alcaldesa Azucena Cisneros Coss, acompañó al “representante de Dios” en la tierra” por ese recorrido por la alfombra de aserrín.
“De su bendición”, gritaba un feligrés que alzaba la mano para que el obispo lo ubicará.
José Guadalupe dirigió su bendición hacia él y los demás católicos que estaban cerca.

La música no paraba y se puso a tocar aquel tema que tanto le gustó al papá Juan Pablo II durante su visita a México, hace unas décadas.
Por un momento, todo era caos en el entorno del obispo y la alcaldesa Azucena Cisneros Coss, ya que eran de gran relevancia que el pueblo católico recibirá a su nuevo pastor.
El obispo entró caminando por la avenida Villada, prácticamente la estrenó ya que el ayuntamiento de Ecatepec, la recién pavimentó.
El nuevo representante de Ecatepec camino durante un kilómetro, junto con la alcaldesa Azucena Cisneros Coss y otros funcionarios.

A su paso, grupos de católicos le gritaban vivas y porras, algunos pedían su bendición.
La catedral de Ecatepec solo fue para los católicos que tuvieron boletos, los demás, los que esperaron a su obispo, desde temprana hora, se quedaron afuera, solo con el gusto de ver al nuevo representante de Dios en Ecatepec pasar por una alfombra de aserrín.

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