
Papantla, Veracruz.— Mientras cientos de turistas disfrutan de las playas de Tecolutla, una historia de esfuerzo y dignidad pasa casi desapercibida entre la multitud.
Con 84 años de edad, Rosalba Bazán Bautista, mujer indígena totonaca originaria de Papantla, recorre varios kilómetros cada día para llegar a la zona turística y pedir el apoyo de los visitantes. Su jornada inicia desde las seis de la mañana, cuando sale de su comunidad con la esperanza de reunir algunas monedas que le permitan llevar alimento a su hogar.
La vida cambió por completo tras la muerte de su esposo, quien dejó diversas deudas. Sin oportunidades de empleo y enfrentando las limitaciones propias de su edad, Rosalba encontró en las calles la única manera de salir adelante.
Papantla, reconocido por su riqueza cultural, sus tradiciones totonacas y por ser la tierra de los Voladores y de la zona arqueológica de El Tajín, también enfrenta una realidad distinta para muchos de sus habitantes: la falta de empleo y las difíciles condiciones económicas que golpean especialmente a los adultos mayores.
La historia de Rosalba no es un caso aislado. Cada vez es más común encontrar personas de la tercera edad solicitando ayuda para sobrevivir, reflejo de una problemática que va más allá de una moneda y que pone sobre la mesa el abandono y la vulnerabilidad que enfrentan miles de adultos mayores en México.
Con el paso lento, pero con una enorme fortaleza, Rosalba continúa su camino cada día, esperando que la solidaridad de quienes la encuentran le permita regresar a casa con algo para comer. Su historia recuerda que detrás de cada mano extendida existe una vida marcada por el trabajo, las pérdidas y la esperanza de un futuro un poco más digno.

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